Vaya al Contenido
Saltar menú
SuperHispano
+34 012 345 678
info@example.com
España 03:19:18 sábado 07/02/26
Saltar menú

los “7 de Cornell”

Internet > Masones

El caso de los “7 de Cornell” puso bajo la lupa a las fraternidades universitarias en 2026


“¿Qué harías en la siguiente situación?: ‘Uno de tus compañeros de fraternidad te confiesa que le puso Rohypnol en la bebida alcohólica a una joven. Después, mantiene relaciones sexuales con ella’”.

Esta era una de las preguntas del “Examen de Admisión para Nuevos Miembros”, una prueba informal que formaba parte del proceso de iniciación para ingresar a una fraternidad de Dartmouth, una de las universidades más prestigiosas de la Ivy League en Estados Unidos.

En Confesiones de un chico de fraternidad de la Ivy League, donde relata su experiencia como miembro de esa fraternidad en Dartmouth, Andrew Lohse escribió: “Miré a mi alrededor. La mayoría de los novatos no sabía qué responder. ¿Eran situaciones que podían ocurrir? ¿Nos estaban tomando el pelo?”.

Algunos miembros de la fraternidad recogieron los cuestionarios antes de que uno de ellos anunciara: “Todos aprobaron”.


Un cartel anuncia una próxima protesta para prevenir la agresión sexual en la Universidad de Cornell

Tras la presunta violación grupal que Jane Doe atribuye a siete miembros de la fraternidad Chi Phi de la Universidad de Cornell en 2024, nuevas pruebas volvieron a poner bajo la lupa a las fraternidades y la cultura que las rodea. Entre ellas figura un mensaje de Snapchat enviado alrededor de la 1:42 a. m. a un grupo integrado por 57 miembros de la fraternidad, en el que se indicaba que había una mujer en el piso de arriba disponible para mantener relaciones sexuales. Según la demanda, ninguno de los integrantes del grupo denunció lo ocurrido.

Por el momento, los llamados “7 de Cornell” solo enfrentan acusaciones y ninguno fue imputado penalmente.

En la investigación inicial, la fiscalía local decidió no presentar cargos penales. Cornell, en cambio, sancionó después a algunos de los implicados: dos fueron expulsados y otros dos recibieron suspensiones de al menos dos semestres. Sin embargo, la nueva demanda sostiene que Cornell no castigó de forma adecuada a los presuntos responsables e incluso permitió que algunos intentaran reducir sus sanciones mediante la redacción de ensayos.

Jane Doe alega que uno de sus amigos, miembro de la fraternidad, y otros integrantes del grupo le dieron alcohol, marihuana y ketamina antes de agredirla sexualmente durante varias horas cuando se encontraba incapacitada.

La demanda incluye además una captura de pantalla de un chat grupal entre varios miembros de la fraternidad. En uno de los mensajes se lee “vagina gratis arriba”, a lo que otro integrante responde: “¿La tienda sigue abierta?”, en aparente referencia a si la mujer seguía disponible para mantener relaciones sexuales. Antes, otro había escrito “Me encanta Chi Phi” y luego: “Como si pudieras entrar y sacártela”, una expresión vulgar que, en este contexto, alude a sacar el pene.


Un cartel de la fraternidad Chi Phi en la Universidad de Cornell

El lunes, el fiscal de distrito del condado de Tompkins, Matthew Van Houten, anunció que su oficina había reabierto el caso y que presentaría las pruebas, incluido el testimonio de Jane Doe, ante un gran jurado para determinar si correspondía formular cargos. Sin embargo, el jueves, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, aseguró haber perdido la confianza en la capacidad del fiscal de distrito local para encargarse del caso y designó a la fiscal general del estado, Letitia James, como fiscal especial para supervisar la investigación.

Tras las últimas revelaciones, el caso adquirió gran repercusión en redes sociales, donde los presuntos implicados fueron apodados los “7 de Cornell” y sus fotografías y datos biográficos comenzaron a circular de forma masiva.

Para muchos, se trata de una rendición de cuentas que debió llegar mucho antes. Una encuesta entre estudiantes de grado de Cornell, una de las ocho universidades de la Ivy League junto con instituciones como Harvard, Yale y Princeton, reveló que más de un tercio de las mujeres afirmó haber sufrido una agresión sexual durante su etapa universitaria, un problema que se extiende a todo el país. Según la Red Nacional contra la Violación, el Abuso y el Incesto (RAINN), la mayor organización estadounidense dedicada a combatir la violencia sexual, una de cada cuatro estudiantes universitarias de grado sufrió una violación o agresión sexual desde que ingresó a la universidad. La organización denomina “zona roja” al periodo de mayor riesgo al comienzo de la vida universitaria.

La pregunta que Lohse planteó en sus memorias de 2014 cobra ahora una nueva dimensión: ¿prohibir las fraternidades sería la respuesta adecuada?

La demanda de Jane Doe sostiene que ni la universidad, ni la fraternidad Chi Phi, ni su propia hermandad hicieron lo suficiente para prevenir el presunto ataque o afrontar sus consecuencias. Tres semanas después de lo ocurrido, Doe presentó una denuncia ante la policía del campus, pero no se formularon cargos y el fiscal de distrito sostuvo que no había pruebas suficientes para llevar el caso adelante. Según su abogado, Thomas Giuffra, los padres de Doe pidieron a Cornell que le permitiera dejar temporalmente la universidad y aplazar sus estudios durante un año para recuperarse en casa. También solicitaron el reembolso de la matrícula, pero, según Giuffra, les dijeron que debía permanecer en Cornell.

En su libro, Lohse describe una fraternidad de otro campus como “conocida como la fraternidad de los violadores”. En otro pasaje escribe que “necesitaba las dos manos para contar a todos mis amigos que habían sido violados en Dartmouth”.

“Creo que en algunas fraternidades se dan las condiciones perfectas para sacar lo peor de las personas, y eso incluye alcoholismo, drogadicción y todo tipo de problemas”, declaró a The Independent. “Hay violencia sutil, violencia física, abuso psicológico y emocional; todo eso entra en juego”.

Según Lohse, las fraternidades pueden funcionar, en cierto sentido, como una especie de “disolvente de la responsabilidad colectiva”: el grupo diluye la responsabilidad individual y puede generar la sensación de estar protegido frente a las consecuencias, sin importar lo ocurrido. La pregunta, entonces, es qué aspectos de la cultura de las fraternidades hacen posible esa aparente impunidad.

“En términos generales, el concepto de fraternidad en Estados Unidos surgió en el sur del país durante el periodo anterior a la Guerra de Secesión”, explicó Lohse. “Y, por supuesto, el mundo era muy diferente a mediados del siglo XIX. Uno de los principios fundamentales de las fraternidades era desafiar las normas y restricciones [de la sociedad]... capilla diaria, misa diaria, nada de socializar. En aquella época había muchas más normas y convenciones sociales, como la prohibición de mantener relaciones sexuales antes del matrimonio”.

Lohse señaló además que, después de la Segunda Guerra Mundial, surgió un movimiento para abolir las fraternidades. A su juicio, los veteranos que regresaban de la guerra ya habían llevado sus cuerpos al límite y, por tanto, había menos necesidad de que estas organizaciones “satisficieran esa necesidad humana de los jóvenes de atravesar una especie de viaje del héroe y un rito de iniciación”.


Una organización estudiantil que defiende los derechos civiles interviene durante una asamblea sobre violencia sexual
celebrada en la Universidad de Cornell

Hoy, afirma, “vivimos en una sociedad mucho más pervertida y degradada que cuando surgieron las fraternidades”. A su juicio, estas organizaciones siempre han sido un espacio reservado para los ricos y poderosos. “Y en Estados Unidos”, sostiene Lohse, “esas suelen ser las personas menos escrupulosas y más abusivas. Las fraternidades son un excelente caldo de cultivo para ello”.

Precisamente porque muchos de sus miembros proceden de familias adineradas e influyentes, existe la percepción de que las fraternidades reciben un trato privilegiado. Incluso cuando una es expulsada del campus por la conducta de algunos de sus integrantes, puede bastar con esperar unos años hasta que antiguos miembros hagan una importante donación a la universidad para que termine siendo readmitida.

“Reúnen algo de dinero y todo queda perdonado”, afirma Lohse. “La memoria institucional dura unos cuatro o cinco años”. Según él, las universidades dependen de las fraternidades porque representan una importante fuente de recursos económicos.


2012: Emma Sulkowicz cargó un colchón por el campus de la Universidad de Columbia después de denunciar
que había sido violada en su dormitorio y considerar que la institución no había tomado medidas.

El caso de los “7 de Cornell” dista de ser el primero en provocar conmoción e indignación más allá de un campus universitario. En 2012, Emma Sulkowicz denunció que un compañero de la Universidad de Columbia la había violado en su habitación de la residencia estudiantil. Ocho meses después, presentó una denuncia ante la universidad, pero esta no sancionó al estudiante. La policía de Nueva York tampoco presentó cargos penales por falta de pruebas. Más tarde, Sulkowicz supo que otras dos estudiantes también habían denunciado al mismo hombre por agresión sexual ante Columbia, sin que esas acusaciones derivaran en sanciones.

En respuesta, Sulkowicz comenzó a recorrer el campus con un colchón idéntico al que, según denunció, estaba usando cuando ocurrió la presunta violación. Aseguró que seguiría cargándolo hasta que el estudiante acusado fuera expulsado o abandonara la universidad. La protesta, titulada Carry That Weight (“Cargar con ese peso”), la convirtió en una figura destacada del movimiento que reclamaba reformas en la respuesta de las universidades a la violencia sexual. Durante su graduación, en 2015, llevó el colchón por el escenario. Sulkowicz sostuvo que el entonces presidente de Columbia, Lee Bollinger, le dio la espalda cuando se acercó a saludarlo, algo que la universidad negó.

En el prefacio de su libro The Company He Keeps: A History of White College Fraternities, Nick Syrett explica que comenzó a interesarse por el tema después de sentirse perturbado por los reportajes de las décadas de 1980 y 1990 sobre la implicación de fraternidades en casos de agresión sexual.

Syrett explicó a The Independent que estas organizaciones pueden resultar atractivas para hombres que valoran pertenecer a un espacio de socialización exclusivamente masculino. “Una vez dentro, existe la presión de demostrar masculinidad u hombría de una manera que resulte atractiva para las mujeres o mejore la imagen de la fraternidad. Se elige a hombres guapos, ricos, carismáticos y populares porque esa es la reputación que desean para su fraternidad”.

Según Syrett, en algunas fraternidades también existe presión para hablar sobre las mujeres con las que sus miembros han mantenido relaciones sexuales. Desde la década de 1980, además, varios escándalos de gran repercusión han involucrado acusaciones de que integrantes de estas organizaciones invitaban a mujeres a sus casas, las emborrachaban y después mantenían relaciones sexuales con ellas.

Syrett cita las investigaciones de la antropóloga Peggy Reeves Sanday, quien sostiene que “la fraternidad que ve pornografía junta es, con demasiada frecuencia, la misma que recrea en su propia casa las escenas que ha visto en pantalla”. Al describir una violación grupal en la Universidad de Florida, Sanday relata que uno de los miembros de la fraternidad le dijo a la víctima de 17 años: “Los hermanos compartimos todo”. En otro caso, ocurrido en la Universidad Estatal de Florida, la víctima fue encontrada con el símbolo de la fraternidad marcado en el muslo.

“Incluso aquellos hermanos que reconocen que la violación grupal está mal admiten, al mismo tiempo, que negarse a participar pone en duda tanto su masculinidad como su lealtad”, escribe Syrett.

En otro pasaje de su libro, el autor describe las llamadas “fiestas de cerdos”, concursos en los que miembros de fraternidades buscan mujeres que consideran poco atractivas para mantener relaciones sexuales con ellas. También menciona prácticas en las que varios integrantes observan a uno de sus compañeros mientras mantiene relaciones sexuales con una mujer y donde “cuanto más consiga convencerla de hacer algo que de otro modo no querría hacer, mayor será su éxito”.


El caso de los “7 de Cornell” ha reavivado los llamados para que las universidades
restrinjan o suspendan las actividades de las fraternidades.

¿Cómo es posible que este tipo de “cultura de fraternidad” siga existiendo en 2026? Según Syrett, una de las razones es que muchas fraternidades son propietarias de sus propias casas, por lo que las universidades solo pueden ejercer un control limitado sobre lo que ocurre dentro de ellas. “Su capacidad para intervenir en una propiedad privada donde viven adultos con edad legal es limitada”, explica. Esto, sostiene, otorga a las fraternidades un enorme poder, sobre todo porque desempeñan un papel central en la vida social de muchos campus.

A ello se suma la influencia económica de sus exalumnos, que en muchos casos son donantes adinerados y poderosos. Incluso cuando una universidad decide expulsar a una fraternidad, puede perder buena parte de su capacidad para supervisarla si la organización conserva la propiedad de la casa.

El caso de los “7 de Cornell” reavivó los llamados para que las universidades restrinjan o suspendan las actividades de las fraternidades y, al mismo tiempo, abrió un debate más amplio sobre la forma en que se abordan las agresiones sexuales, tanto por parte de las instituciones educativas como del sistema judicial. A medida que el caso adquiere características de un nuevo movimiento #MeToo entre estudiantes universitarios, surge una pregunta inevitable: ¿podría marcar un punto de inflexión en la respuesta de Estados Unidos a la violencia sexual en los campus? Para muchos observadores, resulta difícil imaginarlo mientras el sistema de fraternidades siga estrechamente ligado al dinero y al poder.

Syrett reconoce que antes era más optimista sobre la posibilidad de que las universidades eliminaran por completo estas organizaciones. Sin embargo, considera que los problemas de financiación hacen que el peso económico de las fraternidades y sus exalumnos termine imponiéndose sobre las preocupaciones de las mujeres en los campus.

Trump siente “lástima” por los acusados de violación en grupo de Cornell porque Letitia James los está investigando


El presidente Donald Trump expresó el viernes que siente “lástima” por los siete hombres acusados de violar en grupo a una joven en la Universidad de Cornell, así como por la propia universidad de la Ivy League, el fiscal de distrito local y la policía universitaria, después de que la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, designara a la fiscal general del estado, Letitia James, para investigarlos a todos en relación con las acusaciones y el manejo del caso.

James procesó con éxito a Trump por 34 cargos de falsificación de registros comerciales, un delito grave, en un caso que concluyó meses antes de la reelección de Trump en 2024. El presidente habló con los periodistas antes de partir de la Casa Blanca hacia Mobile, Alabama, y el reportero de Fox News, Peter Doocy, le preguntó sobre el caso del norte del estado de Nueva York que se le había asignado a su adversaria.

“Bueno, Letitia James es una persona corrupta. Es totalmente corrupta y no puedo ni imaginarlo. Me da lástima quienquiera que sea el objeto de su investigación porque no recibirá un trato justo”, planteó Trump.

El presunto caso de violación conmocionó a los estadounidenses tras hacerse público en una nueva demanda interpuesta por Jane Doe, la denunciante anónima, contra la universidad por su gestión de la denuncia de violación en grupo de 2024, en la que participaron siete miembros de una fraternidad. Según la demanda y los mensajes de texto ahora divulgados, los miembros de la fraternidad comentaron el incidente en un chat grupal con otros integrantes. La demanda civil, de 101 páginas, fue presentada el 14 de septiembre y alega que la agresión tuvo lugar en octubre de 2024 en la casa de la fraternidad Chi Phi de Cornell, en Ithaca, Nueva York.

Es la segunda vez que Trump ofrece declaraciones sobre la situación en Cornell, y la segunda vez en la que no muestra empatía alguna por la víctima, cuyo nombre sigue siendo anónimo. La demanda alega que la joven sufrió un abuso sexual atroz durante varias horas en la casa de la fraternidad, tras un encuentro inicialmente consensuado con dos de los miembros mientras estaba ebria.


Donald Trump dijo el viernes que la fiscal general de Nueva York, Letitia James, es “corrupta”
y que no llevaría a cabo una investigación imparcial sobre los estudiantes de Cornell acusados

Los directivos de Cornell niegan haber cometido irregularidades o haber gestionado mal el caso, pero las revelaciones sobre el manejo por parte tanto de la universidad como de las autoridades locales han provocado indignación y alarma pública en todo el país. Asimismo, ha reavivado los debates sobre la violencia sexual en los campus universitarios y el trato a las mujeres que denuncian agresiones sexuales o violaciones, así como sobre si la intoxicación voluntaria invalida la alegación de estar incapacitado para dar consentimiento.

El jueves, Trump declaró a los periodistas que no sabía mucho sobre la situación, pero que confiaba en que la dirección de la universidad haría lo correcto: “Cornell es una excelente universidad, y estoy seguro de que harán lo correcto”, comentó a los periodistas.

James fue nombrada por la gobernadora demócrata de Nueva York el viernes, después de que Hochul admitiera que había perdido la fe en la policía y los fiscales locales para manejar el caso.

“Como gobernadora, no permitiré que nadie oculte este caso”, declaró Hochul en una conferencia de prensa con James el viernes por la mañana.


La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, anunció el viernes que designaba a una fiscal especial
para investigar el caso de violación en Cornell


La fiscal general de Nueva York, Letitia James, quien se hará cargo de la investigación sobre la violación de una joven
en la Universidad de Cornell, logró que se dictara sentencia contra Donald Trump en 2024

Posteriormente, el presidente se dirigió al helicóptero Marine One mientras este partía hacia la Base Conjunta Andrews en Maryland, la primera parada de su viaje de campaña a Alabama, donde el presidente pronunciará un discurso el viernes por la noche.

Momentos después, publicó en Truth Social: “¿Por qué la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, nombraría a una fiscal corrupta, Letitia ‘Peekaboo’ James, para representar al Estado en el controvertido caso de violación de la Universidad de Cornell?”.

Alabama no alberga ninguna contienda electoral importante a nivel estatal o para el Congreso en este ciclo, dada su marcada tendencia republicana y la concentración de los demócratas en las elecciones en otras partes del país, incluyendo la vecina Georgia. Sin embargo, los analistas políticos que llevan un seguimiento de la estrategia del presidente para 2026 prevén que Trump centrará su atención en el ámbito nacional en su lucha por preservar las mayorías republicanas en la Cámara de Representantes y el Senado.

A tan solo un mes de las elecciones de mitad de mandato, el presidente ha intentado mantener la atención centrada en Washington y en sus acciones en la Casa Blanca, donde ofrece ruedas de prensa casi diarias en las que se explaya sobre los logros o supuestos éxitos de su administración. En Alabama, Trump buscaría la multitudinaria audiencia que logró congregar en sus mítines de 2024, en la cúspide de su poder político.

Según los informes, en octubre Trump planea realizar varios actos de campaña para apoyar a los candidatos republicanos. El mitin del viernes en Mobile se llevará a cabo apenas un día después de una gira por dos estados, Texas y Oklahoma, en el primero de los cuales se celebran importantes elecciones al Senado y a la gobernación, además de varias contiendas reñidas para la Cámara de Representantes.

En Texas, antes considerado un bastión republicano como Alabama, su creciente población hispana y latina ha empujado al estado hacia un terreno más moderado, y el candidato demócrata al Senado, James Talarico, lleva meses aventajando a su oponente republicano en la mayoría de las encuestas durante meses.
Creado con WebSite X5
Regreso al contenido