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Epstein

Ingreso/Registro

Caso Epstein: lista completa de nombres vinculados al desprestigiado financiero y su red de tráfico sexual


lista completa de nombres vinculados al desprestigiado financiero y su red de tráfico sexual

Los documentos incluyen la agenda de contactos y los registros de vuelos ya públicos, junto con una “lista de masajistas” censurada

Entre esos nombres se encuentran Donald Trump, Bill Clinton, Michael Jackson y el príncipe Andrés.

Aunque las personas que aparecen en la agenda no han sido acusadas de ningún delito, esto no ha impedido que los teóricos de conspiración y el público especulen sobre una posible conexión.

Trump había hecho campaña para que se divulgara más información sobre la investigación de Epstein. En febrero, la entonces fiscal general Pam Bondi publicó más de 100 páginas de documentos relacionados con Jeffrey Epstein, aunque gran parte de la información ya era de dominio público. En julio, el Departamento de Justicia publicó un memorándum en el que afirmaba que Epstein se suicidó en su celda en 2019, que no se justificaba una investigación más profunda y que el Departamento de Justicia no había encontrado pruebas que respaldaran la existencia de una “lista de clientes”, en la que el financiero caído en desgracia supuestamente llevaba un registro de nombres ricos, famosos y poderosos involucrados en su red de tráfico.

Esto desató una ola de furia por parte de los fieles al movimiento MAGA (Hagamos a Estados Unidos grande otra vez) que ha dividido al partido.



Más tarde, en julio, el Wall Street Journal informó que Trump dibujó una tarjeta de cumpleaños obscena, que incluía la ilustración de una mujer desnuda, para el 50.º cumpleaños de Epstein, junto con una nota que decía: “Feliz cumpleaños, y que cada día sea otro maravilloso secreto”. Trump negó estar involucrado en la tarjeta y demandó al Periódico por ello.

El caso de Jeffrey Epstein sigue acaparando la atención del público. A continuación, echamos un vistazo a los nombres que figuran en su supuesta agenda de contactos

En agosto, el Departamento de Justicia publicó una transcripción de la entrevista de dos días que altos funcionarios mantuvieron con Ghislaine Maxwell el mes anterior, durante la cual ella aseveró que “nunca” presenció “ninguna situación inapropiada de ningún tipo” que involucrara al presidente.

En septiembre, el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes hizo pública la tarjeta de cumpleaños, así como la totalidad de su libro de cumpleaños de 2003, que contiene cartas de otras figuras prominentes, como el multimillonario Leon Black y el famoso abogado defensor Alan Dershowitz, entre otros. Ese mismo mes, los miembros del Congreso lanzaron una iniciativa bipartidista para forzar una votación sobre la divulgación de los registros. La iniciativa se vio frustrada por el cierre de la Administración, que comenzó el 1 de octubre.

En octubre, Nobody's Girl, las memorias póstumas de Virginia Giuffre, superviviente de Epstein, proporcionaron nuevas revelaciones sobre la “lista de clientes”, afirmando que Epstein grababa en video los dormitorios y baños de sus diversas residencias para obtener lo que Giuffre denominaba “poder sobre los demás”. Ese mismo mes, Trump dijo que “ponderaría” un posible indulto para Maxwell.

En noviembre, los demócratas del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes publicaron correos electrónicos del patrimonio de Jeffrey Epstein que hacen referencia a Donald Trump. Un correo electrónico de Epstein a Maxwell alega que Trump pasó “horas” en la casa de Epstein con una víctima. Trump no envió ni recibió ninguno de los correos electrónicos y no ha sido acusado de ningún delito.

En noviembre, los demócratas de la Cámara de Representantes hicieron público un intercambio de correos electrónicos entre Epstein y su cómplice Ghislaine Maxwell en el que se mencionaba a Donald Trump


Video de Virginia Roberts Giuffre.

Parte de la información divulgada por los funcionarios federales incluye la agenda de contactos de Epstein. El hecho de aparecer en los documentos no implica que se haya cometido ningún delito relacionado con Epstein ni con ninguna otra persona.

La lista de nombres incluye a presuntas víctimas, acusadores y personas tangencialmente relacionadas con Epstein que se vieron envueltas en las demandas civiles o penales contra Maxwell. Por ejemplo, tanto el expresidente Clinton como Trump han sido mencionados en relación con Epstein porque ambos viajaron en el jet privado de Epstein en algún momento. Sin embargo, ninguno de los dos ha sido acusado formalmente de ninguna irregularidad y ambos niegan cualquier implicación en los delitos de Epstein.

A continuación se indican por orden alfabético los nombres incluidos en los documentos publicados anteriormente.

Abigail Wexner: esposa de Les Wexner, mencionada en el libro de Epstein.
Adriana Mucinska: antes Ross, exasistente de Epstein, señalada como cómplice no imputada en su acuerdo de culpabilidad de 2008 y que figura en los registros de vuelos.
Alan Dershowitz: prolífico abogado y comentarista mediático que representó a Epstein en 2006, que figura en los registros de vuelos y en el libro de Epstein.
Alexandra Dixon: aparece en los registros de vuelo.
Alexandra Fekkai: hija del famoso estilista, aparece en los registros de vuelo y es mencionada en el libro de Epstein.
Bill Clinton: expresidente, aparece en los registros de vuelo.
Bill Richardson: exgobernador de Nuevo México, mencionado en el libro de Epstein.
Brent Tindall: chef de Epstein, aparece en los registros de vuelo.
Chris Tucker: comediante y actor estadounidense conocido por su papel en las películas de Una pareja explosiva, mencionado en el libro de Epstein.
Courtney Love: cantante estadounidense mencionada en el libro de Epstein.
Courtney Wild: aparece en los registros de vuelo.
Cresencia Valdez: aparece en los registros de vuelo.
Dana Burns: aparece en los registros de vuelo.
David Mullen: aparece en los registros de vuelo.
Doug Band: antiguo colaborador de Bill Clinton que afirma haber instado a Clinton a romper sus vínculos con Epstein, aparece en los registros de vuelo.
Ed Tuttle: aparece en los registros de vuelo.
Emmy Taylor: exasistente personal de Maxwell, aparece en los registros de vuelo.
Eric Gany: mencionado en el libro de Epstein.
Eva Andersson-Dubin: ex Miss Suecia y esposa de Glenn Dubin, quien en algún momento salió con Epstein, figura en los registros de vuelo y es mencionada en el libro de Epstein.
Expríncipe Andrés: duque de York, segundo hijo de la reina Isabel II de Gran Bretaña y hermano del rey Carlos III.
Forest Sawyer: figura en los registros de vuelo.
Frédéric Fekkai: estilista de famosos que aparece en los registros de vuelo y es mencionado en el libro de Epstein.
Ghislaine Maxwell: exnovia de Epstein, condenada en 2021 por tráfico sexual en relación con las actividades de Epstein.
Glenn Dubin: gestor estadounidense de fondos de cobertura que presuntamente era amigo de Epstein, aparece en los registros de vuelos y es mencionado en el libro de Epstein.
Jean Luc Brunel: jefe de una agencia de modelos francesa y presunto cómplice de Epstein, que murió en lo que parece ser un suicidio mientras esperaba juicio.
Jo Jo Fontanella: mayordomo de Epstein, aparece en los registros de vuelos.
Joe Pagano: aparece en los registros de vuelos.
Kelly Spamm: aparece en los registros de vuelos.
Kristy Rodgers: que figura en los registros de vuelo.
Les Wexner: fundador de L Brands y antiguo socio comercial de Epstein, mencionado en el libro de Epstein.
Maritza Vásquez: antigua contadora de Jean-Luc Brunel, que figura en los registros de vuelo.
Mark Epstein: hermano de Jeffrey Epstein, que figura en los registros de vuelo.
Mark Zeff: decorador de Nueva York, mencionado en el libro de Epstein.
Marla Maples: exesposa de Donald Trump, que figura en los registros de vuelo.
Marvin Minksy: pionero de la inteligencia artificial, aparece en los registros de vuelo.
Mary Kennedy: la difunta esposa de Robert F. Kennedy Jr., mencionada en el libro de Epstein.
Michael Jackson: famoso músico conocido como el “Rey del Pop”, mencionado en el libro de Epstein.
Mick Jagger: músico inglés y líder de The Rolling Stones, mencionado en el libro de Epstein.
Nadia Marcinkova: supuesta amiga de Epstein, nombrada como coconspiradora no acusada en su acuerdo de culpabilidad de 2008, aparece en los registros de vuelo.
Naomi Campbell: modelo británica, aparece en los registros de vuelo.
Patsy Rodgers: aparece en los registros de vuelo.
Peter Marino: aparece en los registros de vuelo.
Presidente Donald Trump: aparece en los registros de vuelo y en el libro de Epstein.
Ricardo Legoretta: diseñador mexicano, aparece en los registros de vuelo.
Robert F. Kennedy Jr.: secretario de Salud y Servicios Humanos, aparece mencionado en el libro de Epstein.
Sarah Ferguson: duquesa de York, exesposa del expríncipe Andrés, aparece en los registros de vuelo.
Sarah Kellen: exasistente de Epstein, nombrada como co-conspiradora no imputada en su acuerdo de culpabilidad de 2008, aparece en los registros de vuelo.
Sharon Reynolds: aparece en los registros de vuelo.
Shelly Harrison: aparece en los registros de vuelo.
Sheridan Gibson-Butte: aparece en los registros de vuelo.
Tiffany Trump: hija de Marla Maples y Donald Trump, aparece en los registros de vuelo.
Tom Pritzker: magnate y filántropo estadounidense, aparece en los registros de vuelo.
Victoria Hazell: aparece en los registros de vuelo.
Virginia Giuffre: antes conocida como Virginia Roberts, acusó al expríncipe Andrés de agresión sexual.

Memorias de Virginia Giuffre, la mujer que destapó el caso Epstein


Virginia Roberts Giuffre fue la principal denunciante y víctima de la red de tráfico sexual y abusos de Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell. También acusó al >príncipe Andrés de Inglaterra de abusar sexualmente de ella cuando era menor de edad. Se suicidó en abril de 2025, a los 41 años.

Sus memorias póstumas, ‘La chica de nadie’ (Planeta), llegan a las librerías españolas el próximo 3 de junio. En ellas explica su batalla por la justicia y los entresijos de una red de explotación y pederastia que durante décadas gozó de la impunidad más absoluta. Un adelanto de un capítulo del libro titulado ‘Un hombre importante’.


Virginia Roberts Giuffre con Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell.

Cumplí los diecisiete el 9 de agosto de 2000 y utilicé el dinero de Epstein para alquilar y amueblar un apartamento en una tercera planta en Royal Palm Beach, a unos cinco kilómetros de Rackley Road. Michael se mudó conmigo, aunque para entonces nuestra relación era de mera conveniencia. A veces comíamos una pizza del Domino’s juntos en el sofá. Y cuidábamos de nuestros animales, entre los cuales había ahora una cachorrilla en miniatura de chow a la que llamé Mary-Jane. Pero no hablábamos mucho. Cabe decir que Michael nunca me preguntó por qué alguien me pagaba por hacer un trabajo que no sabía hacer.

Desde el principio, Epstein y Maxwell me hicieron cumplir la promesa de estar disponible en todo momento. Algunos días me llamaban por la mañana. Y yo me presentaba allí, realizaba los actos sexuales que a Epstein le apeteciera, y luego me quedaba holgazaneando en su inmensa piscina mientras él trabajaba. Al cabo de unas horas normalmente me requería para volver a tener sexo. Si Maxwell estaba presente, a menudo también me pedían que satisficiera sus necesidades sexuales. Tenía una caja llena de vibradores y juguetes sexuales a mano para estas sesiones. Pero nunca me pidió que mantuviéramos relaciones las dos solas, únicamente cuando estábamos los tres. A veces también había otras chicas y yo acababa pasando el día en El Brillo Way.


Brillo Way la casa de Jeffrey Epstein en Palm Beach (Florida, EEUU).

La propiedad ubicada en el número 358 de la calle El Brillo Way en West Palm Beach, adquirida por Jeffrey Epstein en 1990 a un precio de tres millones de dólares; con el paso del tiempo la residencia aumentó su valor por la excelente ubicación que tiene entre dos campos de golf: Mar-a-Lago, propiedad del actual mandatario estadounidense Donald Trump, y Everglades, el humedal subtropical más grande de EE. UU., ubicado en el sur de Florida, que abarca 1,5 millones de acres y es famoso por su biodiversidad, albergando caimanes, cocodrilos, panteras y aves zancudas. Esta casa era una de las cinco lujosas propiedades de Epstein, que se suicidó en su celda de Nueva York el 10 de agosto de 2019 y que se convirtió en su refugio para cometer decenas de abusos contra mujeres, jóvenes e incluso menores de edad.


Virginia Roberts Giuffre con una foto de ella de adolescente, cuando empezó a ser abusada por Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell.

En otras ocasiones, el teléfono me sonaba cuando Epstein se estaba preparando para meterse en la cama. «Ven — me ordenaba Maxwell al descolgar—. Ha solicitado verte». Cuando eso ocurría, le decía a Michael que me había surgido una urgencia en el trabajo y salía por la puerta. Él ni pestañeaba. En paralelo, mi relación con mi familia iba mejor y peor al mismo tiempo. Mi madre me había confrontado muy al principio, preguntándome qué quería esa pareja mayor de una adolescente sin credenciales. Y yo había disimulado y respondido con evasivas, alardeando de todas las puertas que Epstein me había prometido abrirme. Supongo que agradecía que se preocupara por mí y sospechara, pero, al mismo tiempo, ¿no era ya un poco tarde para eso? Sabía que no podía salvarme; nunca antes me había salvado. Además, quería creer que no necesitaba que me salvaran.

Zorro Ranch

Había sobrevivido a la primera infancia, ¿no era cierto? En aquellas semanas iniciales con Epstein y Maxwell, me dije que también era capaz de capear eso, y quizá incluso salir adelante. Recuerdo que mis primeras vacaciones con ellos fueron en torno a finales de agosto, cuando se marcharon de viaje a unas propiedades que Epstein tenía en un lugar remoto. Zorro Ranch era una extensión de tres mil hectáreas cerca de Santa Fe, Nuevo México, donde Epstein decía que había mandado construir un «castillo» de tres plantas y tres mil metros cuadrados con decoración rococó: chimeneas de mármol de tres metros de altura, molduras esculpidas, frescos pintados con la técnica del trampantojo y lámparas de araña de hierro.

Además de unos terrenos con el césped perfectamente cuidado y fuentes borboteantes, una pista de tenis y una pista de aterrizaje y un hangar, la propiedad contenía una ciudad en miniatura en la que habitaban sus criados y encargados del mantenimiento. La población contaba con un establo con ocho pesebres y un cuarto de aperos, una estación de bomberos, un gran huerto en un invernadero acristalado e incluso un almacén de ramos generales. A mí me sonaba como Disneylandia, y se lo dije a Epstein.


Las víctimas de Epstein, entre ellas Virginia Roberts Giuffre, a las puertas de un tribunal federal en Nueva York en 2019.

Donald y Melania, Heidi Klum y George Clooney

«Pues espera a ver mi casa adosada en Manhattan», replicó él, y se puso a alardear de su mansión en el Upper East Side. La propiedad, que antiguamente había acogido una escuela de primaria y secundaria para niños ricos, tenía siete plantas y treinta habitaciones y estaba ubicada en el número 9 de la calle Setenta y uno Este. Era una de las viviendas más grandes de la ciudad. Yo nunca había estado en Nueva York y no sabía casi nada de arte, así que cuando me dijo que estaba justo enfrente de la Frick Collection, me sonó a chino. Pero sí supe interpretar el mensaje que Epstein estaba decidido a transmitir: que era un hombre muy importante.

En cuanto a Maxwell, que nos exigía que la llamáramos G-Max, me figuré que también era alguien relevante. En octubre de 2000 voló en jet privado a Nueva York para reunirse con su viejo amigo, el príncipe Andrés de Inglaterra, el hijo pequeño de la reina Isabel II, que por entonces ocupaba el cuarto puesto en la línea de sucesión para ascender al trono británico. En Halloween, junto con otros invitados entre los cuales se contaban Donald y Melania Trump, Maxwell y el príncipe Andrés asistieron a una fiesta que daba la supermodelo alemana Heidi Klum en The Hudson, un hotel de lujo. Maxwell presumía de conocer al hombre que acababa de renovarlo, el empresario hotelero Ian Schrager.

Maxwell fanfarroneaba de su amistad con gente famosa, sobre todo hombres. Le encantaba hablar de lo fácil que le resultaría conseguir el teléfono del expresidente Bill Clinton; Epstein y ella habían visitado la Casa Blanca juntos cuando Clinton ocupaba el Despacho Oval.

Maxwell también disfrutaba repitiendo que, en una ocasión, en un evento cualquiera, se había llevado al actor George Clooney al baño y le había hecho una mamada. Nunca sabremos si era verdad o no.


Donald Trump y Jeffrey Epstein, en una imagen de archivo | EUROPA PRESS

Maxwell y Epstein, en habitaciones separadas

Era menos transparente en cuanto a su infancia, pero no tardé en atar cabos con respecto a eso también. Recuerdo que en una ocasión Epstein me enseñó un mural que Maxwell había pintado de una familia de aspecto feliz sentada en un banco con vistas a un estanque mientras una partida de caza perseguía zorros en segundo plano. Epstein me había susurrado al oído: «Es un retrato de la infancia de Ghislaine, de la parte de la que se enorgullece». Era la más pequeña de nueve hijos y había nacido en Francia, pero había crecido en una mansión de cincuenta y tres habitaciones en el sur de Inglaterra, y tenía tanto pasaporte británico como francés.

Su difunto padre, Robert Maxwell, había sido un magnate de los medios de comunicación en Inglaterra antes de que lo acusaran de malversación y luego lo hallaran muerto — quizá se tratara de un suicidio— tras caer de su yate en las Islas Canarias. Eso había sucedido nueve años antes de que yo conociera a Maxwell, pero era evidente que la muerte de su padre la atormentaba. En los buenos tiempos, había sido su hija preferida (de hecho, su padre había bautizado el yate en el que navegaba cuando murió Lady Ghislaine ). Supuse que Maxwell había conocido a Epstein al poco de fallecer su padre, y sospechaba que eso tenía algo que ver con la conexión que existía entre ellos.

¿Y cómo era esa conexión? Aunque dormían en habitaciones separadas y rara vez se besaban o se cogían de la mano, a mí me parecía que Maxwell y Epstein vivían en completa simbiosis. Epstein, que describía a Maxwell como su mejor amiga, valoraba su habilidad para ponerlo en contacto con gente poderosa. Y Maxwell, por su parte, apreciaba que Epstein dispusiera de los recursos para financiar la fastuosa vida que ella pensaba que se merecía, pero que tenía problemas para costearse tras la muerte de su padre. En entornos sociales, Maxwell a menudo se mostraba vivaz y entretenida, el alma de la fiesta.


Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell

En cambio, en casa de Epstein funcionaba más como una planificadora de eventos: programaba y organizaba el desfile infinito de chicas a quienes ella y otras personas, sobre todo Sarah Kellen, reclutaban para que mantuvieran relaciones sexuales con él. Recuerdo que, en un momento dado, le pregunté si no le importaba que Epstein sintiera deseo por tantas otras mujeres. Y me contestó que era un alivio. El apetito sexual de Epstein era tan insaciable, me dijo, que ninguna persona por sí sola podría satisfacerlo. Y me dio la impresión de que su falta de celos era singular pero auténtica. Con el tiempo acabaría viendo a Epstein y Maxwell menos como novios y más como las dos mitades de un todo retorcido.

De profesor de matemáticas a corredor de bolsa

Durante mis primeros meses trabajando para ellos, también averigüé cosas sobre Epstein. Había estudiado Física en la Cooper Union y Matemáticas en la New York University, pero había abandonado a dos años de licenciarse. Aun así, él se tenía por un prodigio intelectual, y esa confianza en sí mismo lo impulsaba.

Según contaba, siendo aún joven, en la década de 1970, había conseguido mediante la labia más de un empleo para los que carecía de las cualificaciones, primero como profesor de instituto de matemáticas y física en la prestigiosa Dalton School de Manhattan (me dijo que les ponía buenas notas a las chicas guapas si accedían a acostarse con él) y luego como corredor de bolsa en Bear Stearns, el banco de inversiones mundial del que acabaría siendo socio. En la década de 1980 había dirigido una consultoría que ayudaba a sus clientes a recuperar dinero robado, y luego había constituido una empresa para gestionar los activos de personas cuyo valor neto, según afirmaba, excedía los mil millones de dólares.


El pedòfilo Jeffrey Epstein, en una imagen de su archivo personal.

Epstein se enorgullecía mucho de ese aspecto: de hacer negocios solo con la gente más rica, pese a ser hijo de un bedel y una ama de casa de Coney Island. Sin embargo, por más que cortejara a la flor y nata cultivada, a menudo quedaba como alguien poco sofisticado e incluso fuera de contexto. Su enorme capacidad intelectual no bastaba para disimular su acento de la clase obrera de Brooklyn. Y aunque le gustaba que la gente supiera que tenía dinero, normalmente iba vestido con una sudadera de Harvard y unos tejanos o pantalones de chándal, incluso para asistir a eventos sofisticados.

Fobia a los gérmenes

Sus incongruencias no acababan ahí. Epstein tenía una disciplina férrea sobre su alimentación: subsistía a base de tofu, salmón, guisantes, jengibre y otros alimentos que él consideraba saludables (e insistía en que las chicas que lo rodeaban hicieran lo mismo). Tenía fobia a los gérmenes, lo que le hacía ser sumamente escrupuloso con lo que tocaba. Por lo general, se negaba a dar la mano y requería que le cambiaran las sábanas cada dos días. Y, sin embargo, buscaba sin descanso el contacto sexual con chicas jóvenes que eran auténticas desconocidas para él, muchachas que llevaban unas vidas duras, terribles, fuera de su complejo cercado, y nunca usaba condón.

Aunque a las chicas como yo, a quienes obligaba a mantener relaciones sexuales con penetración con él habitualmente, nos obligaba a hacernos análisis cada tres meses para descartar enfermedades de transmisión sexual, nadie podía garantizarle que el torrente de chicas que entraban y salían de El Brillo Way estuvieran sanas. Supongo que esa dejadez puede atribuirse a la arrogancia: Epstein se creía exento de seguir las reglas por las que los demás se regían.

Viaje a la isla de Epstein

En el otoño del año 2000, Epstein y Maxwell anunciaron que había llegado el momento de que los acompañara por primera vez de viaje. Celebrábamos que había completado con éxito mi «formación como masajista», dijeron, mientras me revelaban el itinerario. Primero tomaríamos uno de los aviones privados de Epstein (era dueño de un Gulfstream IV, un Boeing 727 y un helicóptero) desde Palm Beach hasta Nueva York.

Luego, tras pasar unos días en Nueva York, volaríamos al sur, a la propiedad más lujosa de Epstein: un islote de veintinueve hectáreas que tenía en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, junto a Santo Tomás. Aquel pequeño santuario privado se llamaba Little Saint James, pero a Epstein le gustaba llamarlo «Little Saint Jeff’s». Sonaba a un lugar exótico, sobre todo para una chica que nunca había salido de los Estados Unidos peninsulares, y les dije a Epstein y Maxwell que tenía muchas ganas de verla. Recuerdo que cuando mi padre me llevó a El Brillo Way el día de nuestra partida, Epstein salió a la puerta y se presentó. «La cuidaremos bien», le aseguró.


El expríncipe Andrés, en una de sus fotos más comprometedoras reveladas en los últimos archivos desclasificados sobre el caso Epstein.

Pilotos de confianza

En las décadas transcurridas desde entonces, registros de vuelos hechos públicos en diversos procedimientos judiciales demuestran que, durante el tiempo que pasé con Epstein, lo acompañé en sus jets privados, tanto dentro del país como internacionalmente, al menos treinta y dos veces (en veintitrés de esos vuelos, Maxwell también vino). Pero esa cuenta representa solo una diminuta fracción de mis viajes con ellos. Para empezar, a menudo volábamos juntos (o yo volaba sola para reunirme con Epstein) en aerolíneas comerciales.

Maxwell siempre reservaba los vuelos a través de la misma agencia de viajes, Shoppers Travel, pero esos registros no son públicos, de manera que no tengo acceso a ellos. En cuanto a nuestros viajes en jets privados de Epstein, solo uno de sus pilotos, David Rodgers, ha entregado sus registros a las autoridades. Aquel primer viaje que hice con Epstein y Maxwell fue en un avión tripulado por otro piloto, Larry Visoski Jr., que trabajó para Epstein desde 1991.

Visoski y Epstein eran amigos íntimos. Además de mantener los aviones de Epstein, Visoski le había montado cines en casa en el Caribe y Palm Beach y lo asesoraba sobre qué barcos y coches comprar (en una ocasión afirmó que ayudaba a Epstein «con todo lo que se mueve»). En un momento dado, Epstein le dio a Visoski un Hummer de su propiedad para su uso personal y, cuando la esposa del piloto quiso construirse una casa en Nuevo México, Epstein les regaló dieciséis hectáreas cerca del confín occidental de su rancho.

Así que ¿en qué fecha exacta tuvo lugar mi primer viaje con Epstein? Sin los registros de Visoski, no estoy segura, pero creo que fue en la segunda mitad de 2000. Nunca olvidaré que, durante aquel primer vuelo, Epstein le pidió a Visoski que me dejara sentarme en la cabina de mando durante el despegue. Yo solo había montado en avión en dos ocasiones previas: cuando volé a y desde Salinas durante mi exilio de California. Sin embargo, en aquellos vuelos había viajado en un asiento de clase turista en la cola del avión. Estar allí delante, con una vista de ciento ochenta grados, era emocionante. Le dije a Visoski que tenía la sensación de estar montada en una montaña rusa, y me pirraban las montañas rusas.


Marina Lacerda, superviviente de de la red de trata sexual de Epstein, durante una conferencia de prensa frente al Capitolio de EE.UU. el pasado de noviembre de 2025, donde exigía la publicación completa de los archivos relacionados con el caso.

El resto del vuelo no fue tan emocionante. Cuando regresé a la cabina, donde Maxwell y Kellen parecían estar echando una cabezadita en sus asientos reclinados, vi que Epstein estaba despierto y se había quitado los calcetines. Me miraba expectante. Me pasé las dos horas siguientes masajeándole los pies.

La mansión en el Upper East Side

Al aterrizar en un aeropuerto privado en Teterboro, Nueva Jersey, nos recogió un esbelto filipino vestido con un sobrio traje negro: era el mayordomo de Epstein en Nueva York, Jojo Fontanilla. Jojo y su esposa, June, cuidaban de Epstein en Manhattan, gestionando a un personal de mantenimiento integrado por decenas de personas. Siempre vestidos con traje y con prístinos guantes blancos, aquellos criados se desvivían por Epstein y sus huéspedes.

Quién sabe cuáles serían los verdaderos nombres de los Fontanilla, porque Epstein, como Maxwell, insistía en llamar a sus criados con nombres de su elección que sonaban americanos. Jojo metió nuestro equipaje en un SUV y se sentó tras el volante. No tardamos en llegar a la casa adosada de Epstein en el Upper East Side. Se ha dicho que el lugar parecía más una embajada o un museo que una vivienda privada, y no me queda más remedio que estar de acuerdo.

En la entrada, sobre una doble puerta de cuatro metros y medio de altura de roble macizo y adornada con una inmensa aldaba de latón con forma de cuerda anudada, dos letras de latón pulidas pegadas a la fachada de piedra anunciaban: JE. La acera de la parte delantera estaba caldeada, me explicó Epstein, para que no se amontonara la nieve. Para entrar, pasamos bajo un arco de piedra rematado con una gárgola con un rostro sonriente, subimos ocho peldaños y desembocamos en un enorme vestíbulo de mármol.


Virginia Giuffre, en su entrevista con la BBC, emitada el pasado 2 de diciembre.

En el interior, baldosas de color caramelo (Epstein me aclaró que era caliza importada de Francia) cubrían el suelo de la primera planta, espléndidamente decorada e iluminada por ventanas arqueadas. Todo allí dentro parecía más grande de lo necesario: las arañas de luces podrían haber iluminado una estación ferroviaria y la mesa del comedor, rodeada por sillas tapizadas con un llamativo estampado de leopardo, tenía espacio para veinte comensales. Las paredes estaban forradas con inmensas pinturas tenebrosas y tapices que describían escenas violentas. Una escalera conducía al despacho de Epstein, donde había un escritorio dorado; un piano de ébano Steinway de gran cola, de nueve pies, y una alfombra persa antigua tan grande que, como a Epstein le gustaba decir, debieron de confeccionarla para una mezquita. Además, había varios ascensores. Para una chica de Loxahatchee, tal nivel de majestuosidad resultaba casi imposible de procesar. Tenía la sensación de haber entrado en un monumento arquitectónico como los que había visto en los libros: en el Vaticano, por ejemplo, o en el Taj Mahal.

Whitney Houston y Céline Dion

Anunciando que estaba cansado del vuelo, Epstein me condujo por un pasillo lleno de arte y antigüedades. Sentía inclinación por las estatuas religiosas de los siglos xvi y xvii, incluida una pieza fundida en bronce del semidiós griego amante de las ninfas Pan, cuyos cuernos y ancas de cabra, según me dijo, simbolizaban la fertilidad. Seguí a Epstein hasta una alcoba de mármol negro con una camilla para masajes en el centro, un lugar tan tenebroso que lo apodé «La Mazmorra». Me señaló hacia un aparador en una pared que contenía una colección de aceites de masaje y un reproductor de cedés. Me indicó que pusiera música.

A esas alturas, ya estaba acostumbrada a elegir la música antes de la «sesión» diaria. En Palm Beach me había hecho experta en interpretar el humor de Epstein para determinar cuál de sus álbumes favoritos reproducir. A veces le apetecía oír ópera y otras, música clásica. Los únicos cantantes populares que le gustaban eran vocalistas femeninas como Whitney Houston y Céline Dion.


Virginia Giuffre, la mujer que ha demandado a Andrés de Inglaterra por abusos cuando ella era menor de edad.

"¿Dónde te has metido?"

No me acuerdo de qué discos elegí aquel día. Solo recuerdo que, cuando hube satisfecho sexualmente a Epstein, me escoltaron a un apartamento propiedad de su hermano, Mark, en la calle Sesenta y seis Este. La única noche que dormí allí disfruté de tener mi propio espacio, pero sería una libertad efímera. Al día siguiente tuve la idea alocada de salir a dar un largo paseo para descubrir la ciudad de Nueva York. Pero, como no tenía teléfono móvil, Epstein y Maxwell no pudieron localizarme durante las horas que pasé deambulando por las calles, boquiabierta.

Recuerdo que los rascacielos que circundaban Central Park me parecieron soldados de juguete formando filas. Había muchísima gente en las aceras, bien abrigada para disfrutar de la fría tarde. Llevaba algo de dinero en el bolsillo y compré una cámara Instamatic desechable, la primera de las muchas que adquiriría en los meses venideros. No sabía durante cuánto tiempo seguiría viendo mundo como parte del séquito de Epstein, así que quería tener fotografías para recordar dónde había estado.

Pero, cuando regresé a la mansión, me encontré a Maxwell y a Epstein en la entrada, caminando de un lado para otro, frenéticos. «¿Dónde te has metido?», me preguntó Epstein enfadado mientras Maxwell me fusilaba con la mirada. Fue la última vez que vi el apartamento en la Sesenta y seis. A partir de aquel día, siempre que viajamos a Nueva York, me alojé en un dormitorio de la quinta planta de la mansión de Epstein: un espacio enorme, estilo loft, con molduras labradas pintadas de dorado y dominado por un tapiz mural que me daba escalofríos: una imagen de jabalíes comiéndose los cadáveres de otros animales bajo la mirada de unos niños que gritaban. Había un intercomunicador que Epstein utilizaba para requerir mi presencia. Enseguida aprendí que no debía hacerle esperar.


Epstein y Maxwell, en una imagen de archivo.

'Sus niñas'

Cuando hoy recuerdo las lujosas trampas de las casas de Epstein, tengo sentimientos encontrados. En muchas noticias de prensa, las descripciones de su extravagante estilo de vida han alimentado la percepción de que las chicas que fuimos sus víctimas tuvimos la suerte de encontrarnos en esos entornos. No quiero apuntalar ese relato degradante.

Es cierto que viajar con Epstein implicaba conocer un nivel de lujo que de otra manera yo nunca habría experimentado. Y no discutiré que es más agradable dormir entre sábanas de algodón egipcio de primera calidad que entre sábanas baratas de poliéster. Pero las comodidades de la glamurosa vida de Epstein, por más que las apreciara e incluso disfrutara, se cobraron un horrible peaje en mí. ¿Qué era lo que me hacía sentir como en casa en el mundo de ese pedófilo? Mucho más que la riqueza de Epstein, los abusos previos que había soportado en la humilde Rackley Road.

Me ha costado mucho tiempo entender que Epstein y Maxwell solidificaron su poder sobre mí ofreciéndome una especie de familia nueva. Epstein era el patriarca y Maxwell la matriarca, y esos roles no solo eran implícitos. A Maxwell le gustaba llamar a las chicas que solían ofrecer sus servicios a Epstein «sus niñas». En una ocasión, Epstein y ella me llevaron a una exposición de barcos en Palm Beach y se pasaron toda la tarde presentándome como su hija, solo por bromear. Y por raro que suene, me hizo sentir bien.

Dada mi historia, no obstante, no me hacía sentir tan bien que a veces Epstein insistiera en que le llamara «papi» durante el sexo.Y aunque yo no disponía de las herramientas para juzgar con criterio, a menudo tenía la sensación de que se comportaban como mis padres. La primera vez que comimos juntos, por ejemplo, les escandalizaron mis modales en la mesa, de manera que Maxwell me enseñó a sujetar el cuchillo y el tenedor y a ponerme la servilleta en el regazo, tal como hace la gente civilizada.

No tardaría en enseñarme también a maquillarme y a vestirme, así como indicarme en qué peluquería debía cortarme el pelo (el estilista de famosos Frédéric Fekkai peinaba a muchas de las chicas del mundo de Epstein, yo incluida). Incluso entonces, parte de mí sabía que si había pedido a sus dentistas que me blanquearan los dientes o si me enviaba a una esteticista para que me depilara a la cera, era para complacer a Epstein.


Piden investigar supuesta red de Epstein en Filipinas para limpiar su imagen en internet

Tres playas privadas, dos piscinas y un helipuerto

Pero el papel que Maxwell desempeñaba en mi vida a menudo parecía más que eso. Un día de otoño del año 2000 sonó por la radio del coche «Yellow», la nueva canción de amor de Coldplay. Me encantó, no conseguía quitármela de la cabeza. Un día después, Maxwell me regaló el CD. También me regaló mi primer teléfono móvil. Por supuesto, le servía para tenerme atada en corto, tanto para su uso como para el de Epstein. Pero yo tuve la sensación de que con aquel regalo, a su manera, también me estaba protegiendo. No es que yo fuera experta en madres, pero, en aquellos primeros momentos, a veces imaginé que Maxwell era la mía.

Tras unos pocos días en Manhattan, y tras muchas sesiones en La Mazmorra, pusimos rumbo a Little Saint James, que era tan bella como Epstein había dicho. Rodeada por unas aguas cristalinas de color turquesa, la isla contaba con tres playas privadas, dos piscinas, un helipuerto y su propio sistema de desalinización. Además de la inmensa residencia principal de tejados azules, había casitas para invitados pintadas de alegres colores al estilo caribeño: amarillo claro, verde menta y rosa coral. Había también un reloj de sol grande como un cercado para caballos y un muelle con una lancha motora Donzi de diez metros de eslora que se mecía bajo un tejado de paja. Epstein alardeaba de que la lancha le había costado 60.000 dólares. En la playa, había mandado construir diversas glorietas para dar masajes y lo que quiera que le apeteciera. De no haber sido por lo que sucedía allí, aquel lugar habría sido el paraíso.


En aquel primer viaje al Caribe, mientras estaba al servicio de Epstein, descubrí los ritmos de la vida isleña. Dado que no había una lista de huéspedes de primera a los que entretener, como sí ocurriría en los viajes subsiguientes, me pasé horas en un trampolín flotante, a escasa distancia a nado del muelle, maravillándome mientras contemplaba los peces de colores que nadaban en el agua. También hicimos inmersiones con bombona en grupo, saltando de la lancha de Epstein. En un momento dado, me vi rodeada de un banco de medusas y acabé con picaduras por todo el cuerpo. Me ardía la piel. Maxwell le pidió vinagre al capitán del barco, porque supuestamente aliviaba el dolor, pero no encontró por ninguna parte. «Túmbate en cubierta», me dijo Maxwell.


Jeffrey Epstein, el pederasta y depredador sexual, en una imagen de su archivo personal divulgada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos

"Quería creer que me tenía cariño"

Mientras estaba tumbada boca arriba, se quitó las braguitas del biquini y orinó sobre mí. Sé que suena asqueroso, pero funcionó: dejé de sufrir. Otro día descubrí que tanto a Maxwell como a mí nos encantaba buscar tesoros en la playa. «Los piratas solían amarrar aquí», me dijo mientras paseábamos juntas escudriñando la arena en busca de cristalitos marinos y maderas flotantes. Quería creer que me tenía cariño.

Epstein seguía proyectándose como mi mentor. A veces permanecíamos durante horas sentados en su ducha de vapor mientras pontificaba sobre diversos temas de los que yo no había oído hablar nunca: la teoría de juegos, por ejemplo, la biología evolutiva, derivados financieros o los fundamentos matemáticos del lenguaje humano. Además, me prestaba libros para leer. Muchos de ellos eran eróticos, como 'Lolita' de Nabokov o 'Historia de O' de Anne Desclos, pero su insistencia en que los leyera seguía antojándoseme un voto de confianza. Epstein solía decirme algo que yo necesitaba escuchar: que era inteligente y tenía mucho potencial.

Por la noche, Epstein, Maxwell, Tayler, Kellen y yo nos reuníamos frente a un televisor enorme en la residencia principal de la isla y compartíamos fuentes de palomitas mientras veíamos películas y series. A Epstein le gustaba mucho 'Sexo en Nueva York', le hacía reír. Pero aquellas noches hogareñas podían transformarse en veladas sexuales en un abrir y cerrar de ojos. Una expresión sombría y distante velaba el rostro de Epstein y se lo intuía en los ojos: tenía que «aliviarse» en ese preciso instante. Cuando eso sucedía y yo estaba con ellos, Maxwell me ordenaba que me quitara la camisa y lo que Epstein quisiera. En esos momentos, me resultaba más difícil eludir la verdad: que para ellos yo no era más que un instrumento que les proporcionaba placer.


Epstein, en su avión durante un viaje con una de las mujeres de las que se hacía acompañar

Epstein, ¿víctima de abusos?

Hoy también entiendo que aquello era un eco de mi infancia. Odiaba los deberes sexuales que Epstein y Maxwell me requerían, pero había negociado conmigo misma, tal como había hecho cuando mi padre abusaba de mí: había que pasar la parte repugnante para que las partes buenas de la vida pudieran seguir. Con el paso de los años me he preguntado muchas veces qué hizo que Epstein sintiera inclinación por mí. A medida que el mundo ha tenido noticia de otras muchas supervivientes de sus abusos, se ha revelado que Epstein solía preferir a chicas con una experiencia sexual escasa o nula.

Muchas víctimas han relatado que parecía disfrutar observando a chicas inexpertas sufrir la incomodidad de descubrir el sexo con él, un desconocido mayor que ellas. Pero como yo había sufrido abusos antes de conocerlo, es imposible que le diera esa satisfacción. No obstante, he llegado a pensar que le aportaba algo más que él necesitaba, algo que había aprendido de mis agresores anteriores. Yo sabía interpretar el ambiente — o el rostro de Epstein— y adaptarme, convirtiéndome en lo que se requería en ese momento. Podía fundirme en la carpintería, hacerme invisible, o fingir placer. A diferencia de algunas otras víctimas recurrentes de Epstein, que se ponían celosas o intentaban consolidar su relación con él, yo me mantenía distante y nunca le pedí nada. Mucho antes de conocer a Epstein me habían entrenado para aceptar cualquier migaja de afecto, si es que me daban alguna. Y a Epstein eso le gustaba.

Si bien no dispongo de pruebas para demostrarlo, creo que también es posible que Epstein viera en mí, una niña que había sufrido abusos, una parte de sí mismo. Solo le pregunté una vez acerca de sus experiencias en la infancia. Lo conocía lo bastante bien como para no abordarlo directamente con un: ¿abusaron de ti de niño? En vez de eso, le pregunté con cautela si había tenido una infancia feliz. Presintiendo adónde quería llegar, creo, me cortó casi antes de que pudiera concluir la pregunta, dejándome claro que nunca debía volver a sacar a colación ese tema. Años después, cuando le preguntaron bajo juramento si habían abusado de él siendo menor, se negó a contestar, acogiéndose a su derecho constitucional a no incriminarse. Quizá me equivoque, pero siempre he creído que, durante su infancia, él también vivió alguna agresión sexual. No obstante, eso no atenúa sus horripilantes delitos.

La mansión de Jeffrey Epstein fue el punto central para inscribir a jóvenes menores de edad


Un segundo arreglo de registros judiciales relacionados con el delincuente sexual sentenciado Jeffrey Epstein ha revelado la amplia inscripción de jóvenes en su casa solarieda frente al océano.


Los documentos, parte de una demanda contra Ghislaine Maxwell, la novia anterior de Epstein, fueron revelados bajo la estructura de un adjudicador. Detallan cómo alrededor de 30 mujeres fueron seleccionadas para “frotar y trabajar” en la casa de Epstein, y algunas fueron pagadas por traer a sus compañeros.

Joseph Recarey, un investigador criminal de la policía de Florida, afirmó en una declaración de 2016 que Maxwell estaba comprometido con el alistamiento, enfatizando que una gran parte de las jóvenes eran menores de 18 años, y solo dos tenían alguna visión de roce.

Los documentos, que ya son una parte de la preliminar de Maxwell, arrojan luz sobre el abuso de jóvenes menores de edad por la satisfacción sexual de Epstein. Además, atrapan a diferentes personas, incluido el gobernante Andrew y el anterior presidente Bill Clinton, sin embargo, su consideración en los registros no garantiza sugerir un mal comportamiento.

En medio de los registros desbloqueados, los cargos contra el Soberano Andrew recuerdan casos de maltrato sexual para Londres, Nueva York y en la isla de Epstein, supuestamente bajo la guía de Maxwell. Se hace referencia al presidente anterior Clinton, con la idea de que “puede tener datos” sobre los ejercicios de Maxwell y Epstein debido a su relación con ellos.

Los informes también revelan un caso de la informante de Epstein Virginia Giuffre de que Clinton intercedió en la revista Vanity Fair para prevenir artículos de relaciones sexuales sobre Epstein.Sin embargo, Clinton ha impedido que cualquier mal comportamiento o atención plena contraiga las malas acciones de Epstein.

Bill Clinton continúa siendo uno de los grandes protagonistas de los documentos publicados sobre el caso de los abusos a menores de Jeffrey Epstein. En uno de los escritos judiciales publicados ayer, una víctima señalaba haber pasado miedo al saber que el expresidente había presionado para que no salieran a la luz los escándolos de su "buen amigo J.E.".

Miedo de hablar con los medios

En un correo entre la periodista Sharon Churcher y Virginia Giuffre, una de las víctimas y denunciante de Epstein y Ghislaine Maxwell, la joven aseguraba tener miedo antes de hablar con Vanity Fair porque había escuchado que Clinton había presionado a la publicación para ocultar lo que sucedía en las fiestas y el domicilio del magnate:

B.Clinton entró en VF y les amenazó para que no escribieran artículos de tráfico sexual (sic) sobre su buen amigo J.E.

Clinton no responde

Según informa Fox News, los portavoces de Clinton no respondieron de manera directa a preguntas sobre esta acusación, aunque posteriormente compartieron un link a Telegram en la que el exeditor de la revista Graydon Carter aseguraba "categóricamente" que "eso no ocurrió."

La oficina del político lleva años desmintiendo una relación directa entre Clinton y el magnate, y reconociendo tan sólo encuentros puntuales y el uso por parte del expresidente del avión privado de Epstein en contadas ocasiones.

Cómo Epstein ayudó a resolver los problemas de un multimillonario con las mujeres


El titán de Wall Street, Leon Black, pagó a Jeffrey Epstein $170 millones por lo que dijo que era trabajo fiscal y patrimonial. Pero sus servicios fueron más allá de eso.

En octubre de 2017, un instructor de yoga envió un correo electrónico a Jeffrey Epstein con una pregunta delicada: ¿Cuándo podría recibir las decenas de miles de dólares que le había prometido el multimillonario Leon Black

Ella y el señor.

Desde al menos 2009, cientos de miles de dólares le habían fluido de Cuentas bancarias de Black. Pero en 2017, la configuración cambió. Ahora, Epstein transferiría el dinero, en este caso, $100,000.

“Él dijo que ahora lo hace a través de ti”, escribió la mujer a Epstein en un correo electrónico que el Departamento de Justicia publicó este año. Epstein respondió, confirmando el acuerdo.

En los últimos años vida de Epstein, después de que fue encarcelado y registrado como delincuente sexual, nadie hizo más para financiar su opulento estilo de vida que Black, de 74 años, una figura imponente en Wall Street y un accesorio de la escena artística mundial.

Black pagó a Epstein $170 millones en seis años por lo que Black ha dicho que eran servicios de impuestos y planificación de fincas. La suma empequeñeció lo que las firmas de derecho o contabilidad de élite habrían cobrado por un trabajo similar, desconcertando tanto a sus pares de Wall Street como a los investigadores en el Capitolio.

Los millones de páginas de correos electrónicos relacionados con Epstein y otros documentos que el Departamento de Justicia publicó este año ofrecen una posible explicación del tamaño de los pagos: Epstein esencialmente sirvió como un arreglador cuyos servicios fueron más allá de la modernización de Las finanzas de Black o la reducción de sus impuestos, según una revisión del New York Times de esos registros.


Leon Black renunció a Apollo Global Management, su firma de capital privado, en 2021.

Epstein sugirió formas de ocultar millones de dólares que Black pagaba a las mujeres, así como al propio Epstein. Hizo una lluvia de ideas sobre cómo evitar los impuestos sobre algunos de los pagos. Se atribuyó el mérito de desactivar una auditoría gubernamental de una mujer a quien Black había pagado millones de dólares. Planeó formas de vigilar, intimidar y silenciar a otra mujer que amenazaba con acusar públicamente a Black de abuso. Incluso aconsejó a Black para separarse de su esposa después de que ella se enteró de su infidelidad.

Black pagó alrededor de $20 millones a una decena de mujeres, con las que, en algunos casos había tenido relaciones sexuales, según los archivos y notas recientemente publicados y notas tomadas por los investigadores del Congreso y compartidos con The Times. ¿El señor Epstein participó en la planificación de cómo distribuir una parte significativa de ese dinero.

Epstein se lo resumió al Sr. Black en un correo electrónico de 2017: El trabajo de Epstein, tal como lo veía, se trataba en parte de “salvarte de ti mismo”.

En un comunicado, Los abogados de Black, Courtney Forrest y Susan Estrich, dijeron que los documentos del Departamento de Justicia “dejan en claro que el Sr. Epstein adornó, exageró y mintió sobre Black”. Dijeron que Black no estaba al tanto del tráfico sexual de Epstein o que él le hubiera pagado a alguna mujer en su nombre.

Los documentos recientemente publicados, que incluyen algunos de los registros financieros del Sr. Black, han intensificado el escrutinio del Congreso sobre su relación con el Sr. Epstein y sobre si eso traspasó los límites éticos o legales.

El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes pidió recientemente a Black que se sometiera a una entrevista. El senador Ron Wyden, un demócrata por Oregón quien durante años ha investigado los vínculos económicos de Black con Epstein durante años, lo acusó en una carta de aparentemente utilizar a Epstein para ocultar pagos a mujeres. También puso en duda que Black hubiera cumplido las leyes fiscales.

En una entrevista, Wyden dijo que nunca había creído que Black le pagara 170 millones de dólares a Epstein solo por asesoramiento patrimonial y fiscal. “Creo que todo esto se reduce a sobornos para silenciar a alguien”, así como que Epstein hizo “el tipo de cosas que mantendrían a Black por delante de la ley”.

Estrich dijo que las afirmaciones de Wyden eran “escandalosas y falsas” y estaban destinadas a servir a “sus propios intereses políticos egoístas”. Lo acusó de filtrar Información financiera confidencial de Black y de intentar desviar la atención del hecho de que el hijo de Wyden, gestor de fondos de alto riesgo, le solicitó una inversión a Epstein en 2016.

¿El señor Wyden dijo que la presencia de su hijo en los documentos de Epstein no cambiaría el curso de su investigación.

“Días Felices”


Epstein y Black se conocieron a mediados de los noventa, poco después de que Black cofundó la firma de capital privado Apollo Global Management. Los dos se hicieron amigos.

Black y su esposa Debra, nombraron a Epstein como miembro del consejo de su fundación familiar. En 2003, Black estuvo entre los colaboradores de un libro que celebraba el 50 cumpleaños de de Epstein, firmando su colaboración con “Amor y besos”.

Seis años después, cuando Epstein salió de la cárcel tras cumplir condena por solicitar la prostitución de una menor, Black estaba ansioso por celebrarlo. Un asistente informó a Epstein que Black quería cantarle “Happy Days Are Here Again”.

“Si tengo que escucharla, prefiero estar en la cárcel”, respondió el Epstein.

En varias ocasiones, Epstein le presentó mujeres a Black, según correos electrónicos y registros de la investigación publicados por el Departamento de Justicia, así como entrevistas con abogados implicados en casos de Epstein. Al menos tres de las mujeres acusaron posteriormente a Black de violación o agresión sexual, acusaciones que él ha negado. “Black nunca ha abusado, agredido ni violado a ninguna chica o mujer, y la idea de hacerlo le resulta repulsiva y censurable”, dijeron sus abogados.

La oficina del fiscal del distrito de Manhattan investigó brevemente las acusaciones de agresión sexual en su contra; no se presentaron cargos. Las Islas Vírgenes de Estados Unidos llevaron a cabo una investigación civil sobre las relaciones de Black con Epstein y varias mujeres. Black pagó 62 millones de dólares en un acuerdo con el territorio antes de que se hicieran públicas las acusaciones.

En 2012, la amistad entre ambos hombres también se había convertido en una relación de negocios.

Black, cuya fortuna estaba valorada en unos 3400 millones de dólares en aquel momento, lidiaba con algunos problemas fiscales complejos.

Ese año, Epstein ayudó a idear una forma de reestructurar un fideicomiso y ahorrarle a Black cientos de millones de dólares en impuestos. Aunque no está claro hasta qué punto la idea partió de Epstein o de otros asesores de Black, consolidó el valor de Epstein a sus ojos.

Un bufete de abogados que Apollo contrató para revisar la relación Black-Epstein calificó posteriormente el trabajo de Epstein en el fideicomiso como el servicio más importante que le había prestado a Black, quien dejó Apollo en 2021. El bufete Dechert, llegó a la conclusión de que los servicios fiscales y de planificación patrimonial de Epstein habían sido legítimos y, en su momento, fueron examinados por abogados bien cualificados.

Pero otros encargos que no se mencionaban en el informe de Dechert de 2021 fueron mucho más delicados.


El senador Ron Wyden acusó a Black de usar a Epstein para ocultar pagos de “sobornos para silenciar” a mujeres.

Durante años, Black les estuvo pagando a mujeres, a algunas de ellas cientos de miles de dólares anuales, según los documentos del Departamento de Justicia sobre Epstein, los expedientes judiciales, la carta de Wyden y dos de los abogados implicados en casos de Epstein.

A efectos fiscales, Black clasificó muchos de los pagos como regalos. Por lo general, el receptor de un regalo no tiene que pagar impuestos por eso. El donante tampoco tiene que pagar impuestos hasta que su donación en vida supere una determinada cantidad. El umbral varía según el año, pero en 2012, el límite era de unos 5 millones de dólares, y Black lo había superado, según los correos electrónicos. Eso significaba que tendría que comenzar a pagar un impuesto del 40% sobre cualquier regalo grande.

Epstein sugirió que como al menos algunos de los regalos procedían de una cuenta bancaria que Black mantenía junto con su esposa, tal vez la mitad podrían atribuirse a ella a efectos fiscales. Eso aumentaría la capacidad de Black para hacer regalos libres de impuestos.

Uno de los contadores de Black derribaron la idea, al señalar que, como la esposa de Black no participaba en los regalos a las mujeres, probablemente infringiría la legislación fiscal federal.

Pero la cuestión no solo era cuánto podría deber Black en impuestos. También se trataba de lo que él y las mujeres tendrían que declararle a Hacienda. Si los pagos no eran regalos, las mujeres tendrían que declarar el dinero como ingresos en sus declaraciones de la renta. Si los pagos eran regalos, Black tendría que declararlos en una declaración del impuesto sobre donaciones.

Victoria J. Haneman, catedrática de la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgia, quien se especializa en impuestos y sucesiones, dijo que una regla general para los ultrarricos es “limitar los rastros documentales innecesarios, que crean oportunidades de malentendidos, riesgo de auditoría y exposición de la reputación”.

A finales de 2012, Epstein y otros asesores de Black discutieron una estrategia: Black podría donarle dinero a un fideicomiso familiar, y el fideicomiso podría hacer donaciones adicionales. Black seguiría debiendo impuestos, pero los pagos ya no procederían directamente de él.

En adelante, los pagos que hizo al menos a algunas mujeres procedieron de varios fideicomisos controlados por él, según muestran correos electrónicos y documentos financieros.

Los abogados de Black dijeron que todos sus pagos a mujeres y los impuestos sobre donaciones “fueron examinados y aprobados por expertos legales y contables”. Y añadieron: “Las pruebas de que se enviaron comunicaciones a Black no demuestran que él leyera, estuviera de acuerdo o siguiera los consejos de esos mensajes”.

Grabaciones secretas del almuerzo


Aunque Epstein siguió aconsejando a Black en asuntos financieros, también se dedicaba a otros asuntos menos convencionales.

Black tuvo una larga aventura con Guzel Ganieva, una mujer rusa. En 2015, ella amenazó con hacer públicas sus acusaciones de abusos sexuales a menos que él le pagara 100 millones de dólares, según los documentos de Epstein del Departamento de Justicia y las entrevistas con personas familiarizadas con sus afirmaciones. Epstein estaba allí para ayudar.

Aquel mes de julio, después de que ambos hombres se reunieron, Epstein redactó un correo electrónico amenazador que, al parecer, estaba destinado a que Black se lo enviara a Ganieva, quien por aquel entonces tenía unos 30 años.

“Sentí la necesidad de ponerme en contacto con algunos amigos del FSB”, decía el mensaje, en referencia al servicio de seguridad ruso. El mensaje advertía que sus intentos de “chantajear a un hombre de negocios estadounidense” serían vistos en Rusia, que intentaba atraer inversiones occidentales, como una grave amenaza y serían “tratados con extrema dureza”.

El mensaje sugería que Black podría pagarle 50.000 dólares al mes durante dos años. “Espero no volver a oír nunca jamás una amenaza tuya”, escribió Epstein con la voz de Black.

No hay indicios de que Black leyera el mensaje, que Epstein se envió a sí mismo, ni de que se lo enviara a Ganieva. Pero se convirtió en una especie de manual de estrategias para Epstein en las semanas siguientes.

A fines de ese mes, le envió un correo electrónico a Sergei Belyakov, un funcionario del gobierno ruso bien relacionado, para pedirle un favor. Le explicó que Ganieva había intentado chantajear a “un grupo de poderosos hombres de negocios de Nueva York. Y eso es malo para los negocios de todos los implicados”. Epstein le preguntó si tenía alguna sugerencia.

Belyakov respondió formulando acusaciones personales perjudiciales contra Ganieva y afirmó que limitar su acceso a Estados Unidos “supondría una gran amenaza para los negocios de ella”.


Jeffrey Epstein habló por correo electrónico con Sergei Belyakov, funcionario del gobierno ruso, sobre una de las acusadoras de Black.

Por aquel entonces, Epstein mantenía contactos regulares con Brad Karp, presidente del bufete de abogados Paul Weiss y uno de los asesores de mayor confianza de Black. Epstein y Karp discutieron si podrían bloquear de algún modo la entrada de Ganieva en Estados Unidos, país en el que había ingresado recientemente con un visado de turista.

Otra posibilidad era recurrir a las fuerzas de seguridad. “Tú decides si el FBI o la policía de Nueva York”, le escribió Epstein a Karp, y propuso que se detuviera a Ganieva después de que Black “le entregue un cheque importante. Hurto mayor, etc.”. (No hay indicios de que contactaran a las fuerzas del orden en ese momento).

Epstein rastreó información sobre el paradero de Ganieva, sus conocidos e incluso su hijo pequeño. Le sugirió a Karp que Black contratara a investigadores privados de Nardello & Co.

Los investigadores de Nardello pronto empezaron a vigilar a Ganieva. Y en agosto pusieron en marcha un plan para grabar en secreto una serie de encuentros entre Black y Ganieva en restaurantes de lujo de Nueva York. El objetivo era grabarla reconociendo que Black no había abusado de ella. Los correos electrónicos muestran que Epstein y Karp trazaron estrategias antes y después de algunos de los encuentros.

Durante comidas en el Four Seasons, Le Bernardin y el Modern, Black aumentó la cantidad de dinero que le ofrecía a Ganieva, al tiempo que intercalaba amenazas de que terminaría en la cárcel si no dejaba de amenazarlo, según las transcripciones de las grabaciones.

Epstein sugirió aumentar la oferta a 100.000 dólares al mes durante varios años, propuesta que parece haber prosperado. El acuerdo final, alcanzado en octubre de 2015, estipulaba que Black pagaría a Ganieva un total de 18 millones de dólares en los 15 años siguientes. A cambio, ella firmó un acuerdo de confidencialidad en el que decía que las acusaciones que había hecho contra Black “no eran ciertas”.

Al parecer, Epstein participó en la organización de los pagos a Ganieva a través de un fideicomiso de nombre genérico, según muestran los correos electrónicos.

Su trabajo en el asunto de Ganieva no se menciona en el informe de Dechert.

«Evitar la divulgación pública»


El mismo mes del acuerdo con Ganieva, Black y Epstein llegaron a un acuerdo por su cuenta. Implicaba el pago de 20 millones de dólares en honorarios a Epstein.

El plan parecía estar estructurado, al menos en parte, para evitar el pago de impuestos.

Black pagaría 10 millones a la empresa principal de Epstein, Southern Trust. Pero los otros 10 millones se harían en forma de donación a una de las organizaciones benéficas de Epstein, Gratitude America, que hasta entonces no disponía de fondos.

Gratitude America pronto empezó a dispensar el dinero de forma que pudiera pulir la reputación de Epstein o reforzar sus vínculos con figuras del mundo académico y otros ámbitos.


Richard Kahn, contable de Jeffrey Epstein, discutió reducir los impuestos de Black sobre una donación de 10 millones a la fundación de su cliente.

También hubo beneficios para Black. El contable de Epstein, Richard Kahn, señaló en un correo electrónico dirigido a uno de los asesores de Black que uno de los objetivos del acuerdo era “maximizar las deducciones”. Black podría desgravar los 10 millones de dólares y reducir potencialmente su factura fiscal.

El inconveniente era que las fundaciones privadas como Gratitude America tienen que presentar informes públicos en los que revelan quiénes son sus donantes.

“En un esfuerzo por evitar la revelación pública del nombre de Leon Black, esta donación benéfica debe pagarse con cargo a tu LLC (Compañía de responsabilidad limitada, por su sigla en inglés) propietaria de automóviles”, escribió Kahn al asesor de Black. En última instancia, el dinero procedería de una entidad distinta, BV70 LLC, que se había creado para ser propietaria del yate de Black.

Aunque los correos electrónicos entre los asesores de Epstein y Black describen la donación como parte de un pago de honorarios, el informe de Dechert da a entender que se trató simplemente de un acto de caridad: Black “se sintió cómodo haciendo esta donación porque comprendía que Epstein era un firme defensor de la innovación científica”.

Wyden, en su carta a Black, dijo que los correos electrónicos apuntaban a una posible ilegalidad. “Disfrazar intencionadamente pagos por servicios profesionales como contribuciones benéficas para reclamar una deducción fiscal constituiría fraude fiscal”, escribió.

Wyden dijo en la entrevista que el informe de Dechert parecía encubrir algunas de las acciones de Black.

Una portavoz de Apollo dijo que la revisión de Dechert fue “exhaustiva e independiente”.

Una auditoría del servicio de impuestos (IRS)


Los voluminosos regalos de Black llamaron la atención del IRS (Servicio de Impuestos Internos, por su sigla en inglés). A partir de 2016, la agencia comenzó a auditar a Black y a una mujer llamada Anastasiya Siro, con la que había mantenido una relación amorosa, según los documentos del Departamento de Justicia y dos personas familiarizadas con la relación.

Epstein trabajó con los contables de Black en auditorías de los impuestos del multimillonario, pero parecía estar especialmente implicado en la auditoría de Siro, una exmodelo ucraniana. Epstein la conocía al menos desde 2010, cuando tenía poco más de 20 años (los representantes de Black y Siro dijeron que no se conocieron a través de Epstein).

Los registros publicados recientemente muestran que Black le pagaba millones de dólares.

En parte, el IRS se centró en los más de 600.000 dólares que Siro había recibido de uno de los fideicomisos de Black. Ella no había pagado impuestos por esos pagos, porque los consideraba regalos, según muestran los correos electrónicos.

Un auditor de Hacienda quería revisar la declaración de impuestos de Black para ver si él también los había considerado regalos. El auditor también quiso interrogar a Siro sobre su relación con Black, quien la había ayudado a establecerse como marchante de arte, según consta en los registros.

Mientras Epstein trataba de resolver la auditoría de Siro, actuó como enlace entre ella y los asesores de Black. Epstein consiguió que el contable de Black le escribiera una carta al auditor del IRS en la que confirmaba que los pagos habían sido regalos.

Epstein pasó meses ocupándose de la auditoría de Siro, y cuando pareció que se resolvía, se atribuyó el mérito.

Un portavoz de Siro dijo que Epstein ayudó en la auditoría porque era un experto fiscal. “Una vez finalizada la auditoría, no tuvo nada más que ver con Epstein”, dijo.

El informe que Dechert preparó para Apollo señalaba que Epstein había ayudado a gestionar varias auditorías del IRS a Black. No mencionaba su papel en la auditoría de Siro.


Brad Karp, expresidente del bufete de abogados Paul Weiss, mantenía frecuentes contactos con Epstein sobre la gestión del caso de una de las acusadoras de Black.

La intromisión de Epstein en asuntos personales no hacía más que aumentar. Después de que la esposa de Black se enterara de una de las aventuras extramatrimoniales de su marido, Epstein le sugirió a Black que se separara de ella “para que no le diera un infarto”, como dijo Epstein en un correo electrónico enviado a Karp.

Los Black siguen casados. Los abogados de Black dijeron que nunca le pidió consejos matrimoniales a Epstein.

Otra de las mujeres con las que Black mantuvo una relación fue la instructora de yoga. Epstein participó en el pago.

La mujer, originaria de Siberia, conocía a Epstein al menos desde 2009, cuando tenía unos 20 años. Los correos electrónicos indican que Epstein intentó ponerla en contacto con hombres poderosos, entre ellos el entonces príncipe Andrés y un alto ejecutivo de JPMorgan Chase, Jes Staley (Staley ha negado conocerla. Un portavoz de Andrew Mountbatten-Windsor no respondió a una solicitud de comentarios).

En 2017, se puso en contacto con Epstein tras recibir 28.000 dólares de él, no los 100.000 dólares que Black le había dicho que esperara. “Solo quería preguntar si había algún malentendido”, escribió. Añadió que anteriormente Black le había pagado directamente y que no sabía cómo funcionaría el “nuevo sistema”.

Después de algunas idas y venidas, Epstein confirmó que el importe íntegro estaba en camino. “La semana que viene lo recibirás”, escribió.

En su carta, Wyden dijo que Black parecía utilizar a Epstein “como intermediario, lo que hace temer un posible blanqueo de dinero”.

Rumores sobre cocaína


A pesar de su estrecha relación, o quizá debido a ella, la tensión entre Epstein y Black se había incrementado. Y, en 2017, estalló.

Para ese entonces, Epstein había recibido unos 170 millones de dólares, pero se quejaba de que no recibía el dinero ni la gratitud que merecía.

Esa primavera, Epstein le mencionó a Karp que circulaba el rumor de que Black consumía cocaína. Black no tardó en enterarse de lo que había dicho Epstein. Se puso furioso.

En lo que Epstein describió más tarde como una “reunión desagradable”, Black lo acusó de difundir el rumor de la cocaína porque no estaba satisfecho con su remuneración. Dijo que Epstein estaba “fuera de control”. En su declaración al Times, los abogados de Black dijeron: “Aparte de experimentar con drogas en su juventud, Black no ha consumido sustancias ilegales en más de 40 años”.

Los hombres siguieron reuniéndose y haciendo negocios durante los meses siguientes, pero persistían los signos de tensión. Ese verano, Epstein se quejó de haber sufrido una fuerte pérdida financiera mientras ayudaba a Black a ahorrarse millones de dólares en impuestos sobre plusvalías en una complicada transacción relacionada con una estatua de Giacometti y un cuadro de Cézanne.

“Algo va mal”, escribió Epstein en un largo y farragoso correo electrónico que le envió a Black en agosto de 2017. “No estoy seguro de qué es. Pero está claro que no eres tú mismo”. Epstein se lamentaba de que, a pesar de todo lo que había hecho por Black, este “ni siquiera me había invitado a comer”.

Parece que Black no respondió el correo electrónico.

Dos meses después, las acusaciones sobre la conducta sexual inapropiada del productor de cine Harvey Weinstein dominaban los titulares, y Epstein veía las situaciones de Black con las mujeres a través de ese prisma.

“Vivimos en un mundo en el que no se puede considerar que los hombres con poder se aprovechen de las mujeres jóvenes (veinteañeras)”, escribió Epstein en un correo electrónico a Karp. Dijo que algunas de las formas en que Black llevaba sus asuntos con las mujeres estaban “llenas de peligro” y eran una forma de “buscarse problemas”.

Black y Epstein siguieron trabajando juntos durante al menos otro año. En otoño de 2018, Black le pidió a Epstein que revisara su última declaración de la renta. Invitó a Epstein a participar en una inversión planeada.

Black también presionó a Epstein para que devolviera 30 millones de dólares que le había prestado en relación con la transacción de arte. Epstein transfirió 10 millones de dólares a una de las empresas de Black, pero no devolvió el resto.

El 5 de noviembre de 2018, los asistentes de Epstein y Black se enviaron un correo electrónico para reprogramar un almuerzo que ambos habían planeado.

Después de eso, no parece haber constancia de que los hombres se comunicaran, aunque Epstein recibió correos electrónicos en los que algunos conocidos compartían cotilleos sobre Black.

Más tarde, en noviembre, The Miami Herald empezó a publicar una serie de artículos sobre Epstein. En julio de 2019, Epstein fue detenido y acusado de tráfico sexual.

Black le restó importancia a sus vínculos. Ese mismo mes, en un discurso ante los inversionistas, describió el alcance del trabajo que Epstein había realizado para él: “De vez en cuando, Epstein ha prestado servicios profesionales a mi sociedad familiar y a entidades familiares relacionadas con asesoramiento fiscal, patrimonial y filantrópico”.

Revelan que Epstein quiso negociar su libertad con información sobre Trump


Nuevos detalles sobre los últimos días de Jeffrey Epstein revelan que el financiero buscó obtener beneficios judiciales ofreciendo información sobre figuras poderosas


Revelan que Jeffrey Epstein intentó negociar su libertad con información sobre Donald Trump

Nuevos detalles sobre el caso de Jeffrey Epstein han salido a la luz y muestran cómo el financiero, acusado de delitos sexuales contra menores, intentó utilizar información sobre personas influyentes para mejorar su situación legal tras su arresto en 2019.

De acuerdo con un informe, Epstein buscó encontrar datos comprometedores sobre el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mientras sus abogados negociaban con fiscales federales la posibilidad de alcanzar algún tipo de acuerdo que le permitiera obtener beneficios judiciales.

Sin embargo, las anotaciones realizadas por Epstein durante sus reuniones con su equipo legal sugieren que no logró encontrar información relevante o pruebas que perjudicaran a Trump.

Según el reporte, durante largas reuniones celebradas en una prisión federal de Manhattan, Epstein dedicó parte de su tiempo a escribir comentarios sobre Trump en un bloc de notas.

Entre las frases registradas aparecían críticas personales hacia el mandatario, así como observaciones sobre su fortuna y trayectoria empresarial. No obstante, los documentos revisados no contenían acusaciones concretas ni elementos que pudieran ser utilizados para respaldar una negociación con las autoridades.

Los apuntes también reflejaban el malestar de Epstein por sus condiciones de reclusión y las dificultades que enfrentaba para comunicarse con el exterior mientras esperaba el avance de su proceso judicial.

Las difíciles condiciones de encarcelamiento


Las notas también incluían quejas sobre la vida dentro del Centro Correccional Metropolitano de Manhattan, una instalación que posteriormente fue cerrada.

Epstein afirmaba que el ruido constante dentro de la unidad donde permanecía recluido complicaba la preparación de su defensa legal. Además, expresó preocupación por su seguridad personal y aseguró que los guardias no actuarían ante posibles agresiones dentro de la prisión.

Incluso manifestó temores relacionados con su compañero de celda, el ex policía de Nueva York y asesino convicto Nicholas Tartaglione.

El financiero fue encontrado muerto en su celda el 19 de agosto de 2019, en un caso que generó controversia internacional y múltiples teorías sobre las circunstancias de su fallecimiento.

La relación entre Trump y Epstein



La conexión entre Donald Trump y Jeffrey Epstein ha sido objeto de atención pública durante años.

Ambos mantuvieron una relación social durante las décadas de 1980 y 1990, cuando coincidían en círculos empresariales y eventos de alto perfil en Florida y Nueva York.

Registros de vuelo obtenidos judicialmente muestran que Trump viajó en el avión privado de Epstein en varias ocasiones entre 1993 y 1997. Sin embargo, esos registros no indican visitas a la controvertida isla privada del financiero en el Caribe.

La relación entre ambos terminó en 2004 tras una disputa relacionada con una operación inmobiliaria. Posteriormente, Trump aseguró que había expulsado a Epstein de su club privado de Mar-a-Lago debido a comportamientos inapropiados relacionados con mujeres jóvenes que trabajaban en el complejo.

Trump se distanció de Epstein tras su arresto


Cuando Epstein fue detenido en 2019 por cargos federales relacionados con tráfico sexual, Trump afirmó públicamente que no mantenía contacto con él desde hacía aproximadamente 15 años.

Además, declaró que nunca había sido admirador del financiero y marcó distancia con cualquier vínculo personal o profesional que hubiera existido en el pasado.

Friends of Israel, la asociación fundada por Aznar y un ‘halcón’ de Vox que recibió donaciones de Epstein


La nueva filtración masiva de correos vinculados a Jeffrey Epstein vuelve a sacudir los márgenes del poder político internacional. Entre los mensajes desclasificados aparece una referencia directa a Friends of Israel Initiative, la organización fundada por el expresidente español José María Aznar, citada en un correo fechado en 2015 que describe una reunión de su consejo celebrada en Dallas y menciona a varios de sus miembros, entre ellos Rafael Bardají, figura clave del engranaje ideológico que conecta al aznarismo con Vox y la derecha radical estadounidense. El mensaje, dirigido al propio Epstein, añade además un detalle revelador: algunos de los asistentes no eran judíos y el anfitrión del encuentro fue el entorno que alojó a los miembros del consejo en Texas.

El correo, cuyo remitente no ha sido identificado en la documentación hecha pública, ofrece una fotografía poco habitual del funcionamiento interno de Friends of Israel Initiative fuera de Europa. “Acabamos de celebrar una reunión del consejo de directores para una organización llamada Friends of Israel aquí en Dallas.

Con sede en Europa, el ex presidente español José Aznar la fundó”, escribe el interlocutor. A continuación, remite a la página web de la entidad e invita a revisar la composición de su consejo, subrayando la presencia de Robert Agostinelli, empresario estadounidense y uno de los principales financiadores del lobby.

La aparición de esta referencia en los archivos de Epstein no implica, por sí misma, la existencia de una relación orgánica entre el financiero y la organización fundada por Aznar. Sin embargo, sitúa a Friends of Israel dentro del ecosistema de relaciones personales, políticas y económicas que rodearon durante años a Epstein, un entramado que combinaba élites financieras, dirigentes políticos y espacios de influencia ideológica a ambos lados del Atlántico.


Fundada en 2010, Friends of Israel Initiative nació como una plataforma internacional destinada a defender la legitimidad del Estado de Israel en el debate político occidental, en un contexto marcado por el auge de resoluciones críticas en organismos internacionales y por el endurecimiento del discurso sobre el conflicto en Oriente Próximo. El proyecto fue impulsado por el expresidente del Gobierno español José María Aznar tras abandonar la primera línea institucional, como parte de su estrategia de proyección internacional en el ámbito de los think tanks y el lobby político.

Desde su presentación pública, Friends of Israel se definió como una iniciativa no confesional, abierta a dirigentes y personalidades “no judías”, con el objetivo explícito de combatir lo que consideraba campañas de deslegitimación contra Israel y de reforzar su derecho a la autodefensa. Lejos de plantearse como una ONG clásica, la organización adoptó desde el principio una lógica propia de los lobbies de influencia: elaboración de posicionamientos políticos, interlocución directa con responsables institucionales y generación de espacios de encuentro entre élites políticas, económicas y estratégicas.

La composición de su consejo y de su entorno directivo reflejó desde el inicio esa orientación. La organización se rodeó de figuras procedentes del neoconservadurismo estadounidense, exdirigentes políticos europeos y empresarios con amplia capacidad financiera y acceso a círculos de poder en Washington y Bruselas. Entre ellos figura de manera destacada Robert Agostinelli, empresario estadounidense y uno de los principales apoyos económicos del proyecto, cuya presencia en el consejo es mencionada de forma explícita en el correo remitido a Jeffrey Epstein en 2015.

Junto a Agostinelli, Friends of Israel ha contado históricamente con perfiles vinculados a la seguridad, la defensa y la política exterior dura, muchos de ellos con trayectorias en gobiernos conservadores o en think tanks estratégicos. Esa combinación de exresponsables políticos, analistas de defensa y financiadores privados ha permitido a la organización operar como un espacio de coordinación ideológica más que como una estructura pública con actividad visible continuada.

Aunque su sede y su origen están vinculados a España, Friends of Israel ha mantenido tradicionalmente un perfil discreto en el ámbito político nacional, con escasa presencia en el debate público y una actividad poco transparente para la opinión pública. Su influencia se ha articulado, principalmente, a través de encuentros internacionales a puerta cerrada, declaraciones conjuntas firmadas por sus miembros y una intensa labor de networking con responsables políticos, diplomáticos, militares retirados y analistas estratégicos.

La reunión celebrada en Dallas en 2015, ahora citada en los correos filtrados del caso Epstein, encaja plenamente en ese patrón de funcionamiento. Se trata de un encuentro del consejo fuera de Europa, con alojamiento y logística gestionados por el entorno organizador, y con la participación de miembros clave del lobby. Este tipo de reuniones, habituales en la trayectoria de Friends of Israel, refuerzan su carácter de plataforma de influencia transnacional, alejada de los circuitos institucionales formales pero estrechamente conectada a ellos a través de sus integrantes.

Rafael Bardají, el nexo ideológico


Entre los nombres que orbitan alrededor de Friends of Israel Initiative destaca el de Rafael Bardají, una figura clave para entender la continuidad ideológica entre el aznarismo, el neoconservadurismo internacional y, más recientemente, el proyecto político de Vox. Bardají fue asesor de José María Aznar en materia de defensa y política exterior durante su etapa en el Gobierno, y más tarde ocupó -entre 2004 y 2016- la dirección de política internacional de la Fundación FAES, el principal laboratorio de ideas del Partido Popular bajo el liderazgo del expresidente.

Desde ese espacio, Bardají contribuyó a articular una visión de la política exterior alineada con los postulados de la llamada “guerra contra el terror”, el atlantismo sin matices y la defensa de Israel como eje estratégico en Oriente Próximo. Ese mismo marco ideológico fue el que sirvió de base para la creación de Friends of Israel Initiative en 2010, una organización concebida como plataforma internacional para influir en el debate político europeo y estadounidense desde posiciones conservadoras, no confesionales y abiertamente críticas con cualquier cuestionamiento del Estado israelí.

La trayectoria de Bardají lo sitúa así como un elemento de continuidad entre distintas etapas y espacios de poder: el Partido Popular de los años 2000, los think tanks estratégicos vinculados a la derecha internacional y la nueva derecha radical europea. Tras su salida del entorno orgánico del PP, Bardají se convirtió en uno de los referentes ideológicos de Vox, formación en la que fue candidato al Congreso y responsable de su discurso en materia internacional y de seguridad durante sus primeros años de expansión electoral.

En ese papel, Bardají defendió posiciones alineadas con los sectores más duros de la derecha estadounidense, ha participado en foros internacionales sobre defensa y geopolítica y ha mantenido vínculos con figuras como Steve Bannon, exasesor de Donald Trump y uno de los principales impulsores de redes transnacionales de la derecha radical. Su nombre ha aparecido de forma recurrente como nexo entre el entorno de Aznar, el liderazgo de Vox —con Santiago Abascal al frente— y los circuitos ideológicos que conectan Madrid con Washington.

La presencia de Bardají en el consejo de Friends of Israel y su mención en el contexto de la reunión celebrada en Dallas en 2015 refuerzan ese perfil de intermediario ideológico. No se trata únicamente de una trayectoria personal, sino de una red de relaciones que ha sobrevivido a los cambios de siglas y coyunturas políticas, y que sigue operando en espacios donde confluyen lobby, estrategia internacional y afinidades ideológicas compartidas.

Un ecosistema que sigue activo


En este sentido, la publicación de estos correos no clausura una historia, sino que abre una ventana al presente. Las personas citadas en los archivos siguen activas, influyentes y ocupando espacios de poder político o intelectual. Friends of Israel Initiative continúa operando como plataforma internacional de interlocución política; José María Aznar mantiene un papel relevante en el debate estratégico y en la articulación de redes conservadoras a escala global; y Rafael Bardají sigue siendo un referente ideológico en el ecosistema de la derecha española y transatlántica. Nada de lo que aparece en los correos pertenece a un mundo extinguido ni a una etapa cerrada de la política internacional.

Los archivos de Jeffrey Epstein hablan del pasado, pero las estructuras que describen siguen funcionando en el presente, adaptadas a nuevos contextos y coyunturas. Think tanks, fundaciones privadas y lobbies internacionales continúan reuniéndose, intercambiando contactos y generando discurso fuera del foco público, lejos del escrutinio que acompaña a la política institucional. La reunión del consejo de Friends of Israel celebrada en Dallas en 2015, mencionada en uno de los correos, es solo una instantánea de un modo de operar habitual: encuentros discretos, logística privada y una agenda que rara vez se hace pública.

Este tipo de espacios no actúan al margen de la política, sino en paralelo a ella, influyendo en marcos ideológicos, posicionamientos internacionales y alianzas estratégicas que más tarde se reflejan —o se filtran— en los discursos oficiales. En ese terreno, la frontera entre lobby, asesoramiento político y activismo ideológico se vuelve difusa. Las organizaciones no electas, como Friends of Israel, funcionan como nodos donde confluyen antiguos responsables gubernamentales, estrategas políticos y financiadores privados, configurando consensos que después se trasladan a partidos, gobiernos o instituciones.

Porque el poder, como muestran estos archivos, no siempre se ejerce desde los parlamentos ni se decide únicamente en las urnas. A menudo circula por canales paralelos, en espacios de influencia donde las decisiones no se votan, pero sí se preparan; donde las alianzas no se anuncian, pero se consolidan. Y esas estructuras —con sus protagonistas, sus agendas y sus encuentros— siguen activas, aunque solo asomen a la superficie cuando una filtración permite, por un momento, ver cómo se mueven.

Red de influencias en el prestigioso Hospital Mount Sinai


Para el doctor Ira Bleiweiss, un reconocido patólogo especializado en mama que atiende más de mil casos de cáncer de mama en un año típico, el correo electrónico que recibió en julio de 2014 parecía apenas fuera de lo común: la fundadora del Dubin Breast Center del Hospital Mount Sinai, en Manhattan, quería ponerlo en contacto con la hija de una paciente con cáncer de mama para una consulta urgente sobre el caso de su madre.

“Ella recibirá la muestra mañana y puede llevársela. Los dejaré a ustedes dos encargarse de esto a partir de aquí”, escribió Eva Andersson-Dubin.

Más de una década después, Bleiweiss se sorprendió al enterarse de que su nombre aparecía mencionado varias veces en los archivos de Epstein del Departamento de Justicia. Sin que él lo supiera, la hija de la paciente, Karyna Shuliak, había sido la novia de Jeffrey Epstein en ese momento. Y Andersson-Dubin, médica y ex Miss Suecia casada con el gestor de fondos de cobertura estadounidense Glenn Dubin, era expareja de Epstein.

En una entrevista reciente con CNN, Bleiweiss dijo que recordaba vagamente que Andersson-Dubin le presentó a la hija de una paciente proveniente de Europa del Este. Señaló que no sabía nada de los vínculos de Mount Sinai con Epstein mientras trabajó allí y que quedó impactado al enterarse de ello años después de que terminara su relación con el hospital.

“La gente literalmente estaba haciendo su trabajo y lo mejor que podía para atender a las personas. ¿Cómo iban a saberlo? No tenían idea”, dijo Bleiweiss, quien ahora trabaja en la Universidad de Pensilvania.

El breve e involuntario encuentro de Bleiweiss con un segmento del mundo de Epstein en 2014, años después de que Epstein fuera condenado por solicitar prostitución de una menor, es uno de muchos ejemplos de cómo el delincuente sexual convicto utilizó sus conexiones en Mount Sinai para beneficio personal.

La publicación por parte del Departamento de Justicia de millones de archivos de Epstein en los últimos meses ha dejado al descubierto hasta qué punto un pequeño grupo de personas otorgó trato VIP al financiero en Mount Sinai: médicos disponibles a pedido de Epstein, incluso para consultas a domicilio, y trato preferencial para amigos de Epstein en atención médica y oportunidades laborales.

Las revelaciones representan un momento de ajuste de cuentas para el Hospital Mount Sinai, una prestigiosa institución médica de Nueva York respaldada por las donaciones y la influencia de algunos de los nombres más ricos y poderosos del país. Según informes, el hospital formó un comité para investigar sus vínculos con Epstein, pero públicamente —e incluso dentro de la comunidad de Mount Sinai— ha dicho poco para abordar la controversia. Mientras tanto, el centro de mama de Mount Sinai, fundado con la donación de los Dubin, todavía lleva su nombre, y algunos de los médicos que brindaron atención médica a Epstein aún trabajan en el hospital.

El trato que Mount Sinai dio a Epstein, incluso después de que fuera registrado como delincuente sexual, ofrece una mirada al mundo de la medicina para las élites, donde pacientes ricos y bien conectados pueden pagar para obtener trato preferencial y acceso especial. También ejemplifica cómo las instituciones que dependen en gran medida de las donaciones y las solicitan de forma constante pueden estar plagadas de conflictos de interés, en los que los donantes y las consideraciones financieras influyen en la toma de decisiones de una institución.

Lucia Lee, vicepresidenta de asuntos públicos de Mount Sinai, compartió una declaración de un portavoz que decía: “Las acciones de Epstein son horribles, reprensibles y van directamente en contra de lo que Mount Sinai cree y representa como institución y como profesionales médicos”.

“Nuestros pacientes siempre serán tratados con el más alto nivel de atención y respeto”, dijo el portavoz. “No comentamos sobre la atención clínica brindada a pacientes individuales”.

La declaración no respondió a numerosas preguntas de CNN, incluidas consultas sobre el estado de la investigación interna de Mount Sinai sobre sus vínculos con Epstein, el cálculo del hospital sobre cuánto dinero recibió de Epstein, el trato VIP que Mount Sinai dio a Epstein y la conducta de Ting y Solomon.

Varios profesionales médicos afiliados al hospital dijeron a CNN que no ha habido comunicación por parte de la dirección de la institución hacia la comunidad en general sobre cómo está manejando sus vínculos pasados con Epstein. Muchos empleados temen que hablar públicamente sobre el asunto pueda perjudicar sus carreras, señalaron.

“Estos vínculos deberían cortarse; los médicos implicados deberían ser despedidos; deberíamos cambiar el nombre del Dubin Breast Center. Creo que la mayoría de las personas que trabajan en Mount Sinai piensan igual, y realmente es la alta dirección la que no piensa así”, dijo un médico afiliado al hospital que también estudió en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, hablando bajo condición de anonimato por temor a represalias.

“Creo que simplemente están enfocados en el dinero y en no incomodar a las personas poderosas, porque aunque Epstein ya no está, todavía hay muchas otras personas poderosas que estuvieron asociadas con él y que probablemente pueden perjudicar las fuentes de financiamiento de Mount Sinai”, dijo el médico.


Una mujer con mascarilla camina bajo la entrada techada del Mount Sinai Dubin Breast Center sobre la Quinta Avenida de Nueva York, el 21 de agosto de 2020.

Un médico de Mount Sinai que trabajó en el Dubin Breast Center dijo a CNN que tampoco sabía nada de Epstein, mucho menos de sus conexiones con el hospital, hasta hace poco. “Literalmente no sabía nada. Estoy impactado”, dijo. “Espero que la Junta de Fideicomisarios haga lo que sea correcto, no para la institución, sino para los pacientes y la comunidad atendida por esta institución”.

CNN contactó a varias decenas de miembros actuales y anteriores de la junta directiva de Mount Sinai, pero ninguno estuvo dispuesto a hablar.

Trato especial y consultas a domicilio


La publicación de los archivos de Epstein también ha generado más preguntas sobre los estrechos vínculos de la familia Dubin con Epstein. Celina, hija de Eva y Glenn Dubin, apareció en algún momento como beneficiaria de un fideicomiso de Epstein, y Epstein se refería a ella como su ahijada. Ella realizó su residencia en dermatología en Mount Sinai. (Un portavoz de la familia dijo al New York Post que Celina “desconocía que figuraba en algún fideicomiso de Epstein” y que, al enterarse, firmó un documento de renuncia y exención que fue presentado ante el patrimonio de Epstein). Glenn Dubin también aparece numerosas veces en los archivos de Epstein, intercambiando conversaciones amistosas o hablando de negocios con Epstein.

Eva Andersson-Dubin, quien en 2009 escribió al oficial de libertad condicional de Epstein que se sentía “100% cómoda con Jeffrey Epstein cerca de mis hijos”, después de que él fuera condenado por solicitar prostitución de una menor parece haber desempeñado un papel importante para garantizar que las necesidades de Epstein fueran atendidas con urgencia y deferencia en Mount Sinai, según muestran los archivos.

En 2013, Andersson-Dubin escribió a Robin Solomon, quien entonces dirigía los servicios para fideicomisarios del hospital, para decir que Epstein había acudido a la sala de emergencias de Mount Sinai en plena noche, pero que no había podido contactar a sus médicos. Epstein terminó yendo a Lenox Hill, otro hospital de la ciudad, y “en el futuro le dije que me gustaría que fuera a Sinai”, señaló Andersson-Dubin.

Mi pregunta es: si esto ocurre en medio de la noche, ¿hay alguna forma de hacer que la experiencia en emergencias sea fluida? ¿Hay alguien a quien deba llamar además de sus médicos?”, preguntó Andersson-Dubin a Solomon.

Solomon respondió con un número telefónico que, según dijo, estaba “cubierto las 24 horas, los siete días de la semana, por un miembro de mi equipo”. “Todo lo que tiene que decir es que es amigo tuyo y TODOS son excelentes”, agregó.

Un médico, según muestran los archivos, parecía especialmente atento al estatus “VIP” de Epstein: Jess Ting, cirujano plástico de Mount Sinai. Mientras Ting intercambiaba correos con colegas para coordinar resonancias magnéticas para Epstein en 2013, enfatizó: “El paciente es VIP y necesitamos hacer que esto ocurra. Avísenme si hay algún obstáculo”.

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Las interacciones de Ting con Epstein no se limitaron al hospital; los archivos muestran múltiples referencias a visitas de Ting a la casa de Epstein en Nueva York, así como una visita a su isla privada en el Caribe.

Hola, Dr. Ting. Espero que haya tenido una buena visita a la isla de Jeffrey el viernes pasado. Jeffrey pregunta si podría ir a verlo a su casa el 2, 3 o 4 de abril después de las 5 p.m.”, escribió la asistente de Epstein a Ting en marzo de 2013. Cuando Ting sugirió que podría estar allí alrededor de las 7:30 p.m., la asistente respondió: “Jeffrey pregunta si podría venir a las 10 p.m. en su lugar”.

Sí. Nos vemos entonces”, respondió Ting.

A finales de ese mismo año, Ting aceptó ir a la casa de Epstein para retirarle un “pequeño quiste de grasa” de la parte superior del hombro. Pero el arreglo pareció provocar la molestia del jefe del departamento de Ting, según un correo que Ting envió a la asistente de Epstein.

Además, el presidente del departamento se enteró de que planeaba hacer la extracción hoy en la casa del paciente”, escribió Ting, “y dijo que si lo hacía allí sería sancionado. ¡Ridículo!”.

En 2016, Ting se comunicó con la asistente de Epstein, Lesley Groff, sobre otra visita domiciliaria, pero esta vez quería llevar consigo a otro experto médico. “Me gustaría llevar a mi hermano conmigo: es cirujano vascular en Mount Sinai. La razón es que el tumor está directamente adyacente a los vasos subclavios y sería más seguro contar con un cirujano vascular involucrado, por si acaso”, escribió.

Cuando un reportero de Reuters contactó a Ting en 2015 para hablar sobre el trabajo filantrópico de Epstein, Ting reenvió rápidamente la solicitud a la asistente de Epstein. Groff respondió: “¡Jeffrey en realidad dice que SÍ responda!”.

Ting prometió que reenviaría sus respuestas a las preguntas de los reporteros “para que el Sr. Epstein pueda revisar mis respuestas”. No está claro si finalmente Ting fue entrevistado.

Ting no respondió a la solicitud de entrevista de CNN para este reportaje ni a una lista de preguntas. Andersson-Dubin y Robin Solomon tampoco respondieron a la solicitud de comentarios de CNN.

“Para el Sr. Epstein cualquier cosa es posible”


No está claro si Epstein alguna vez utilizó sus conexiones en Mount Sinai para obtener atención médica para las mujeres de las que abusaba. Pero una sobreviviente de Epstein, Dani Bensky, dijo a CNN que cuando a su madre le diagnosticaron un tumor cerebral, Epstein le dijo “que todo lo que haría falta sería una llamada a Mount Sinai para conseguirle la mejor atención posible”. (Lee, portavoz de Mount Sinai, no respondió a solicitudes anteriores de comentarios de CNN sobre el relato de Bensky; Bensky dijo que no tiene conocimiento de que Epstein finalmente ayudara con la atención médica de su madre).

Los archivos sí muestran que el trato VIP de Mount Sinai se extendía a las personas del círculo de Epstein. En octubre de 2012, Epstein alertó por correo electrónico a Andersson-Dubin que estaba a punto de aterrizar en Nueva York y que una persona cuyo nombre fue censurado se había caído de un vehículo todoterreno y necesitaba puntos en la frente y una radiografía.

OK, Jess Ting está listo. Llámame tan pronto aterrices”, respondió Andersson-Dubin, ofreciéndose a acompañar a Epstein.

Además, una fotografía sin fecha incluida en los archivos de Epstein muestra a Ting dentro de la casa de Epstein, de pie junto a una paciente cuyo rostro no es visible, acostada sobre una mesa. Otras dos personas aparecen al lado; sus rostros también fueron censurados.


Jess Ting, cirujano plástico de Mount Sinai, dentro de la casa de Epstein, de pie junto a una paciente acostada sobre una mesa.

En mayo de 2013, Ting aceptó pasar por la casa de Epstein para revisar la nariz de “una muy buena amiga” de Epstein. Pero cuando un problema de agenda hizo que Ting se diera cuenta de que la cita inicial entraba en conflicto con recoger a sus tres “hijos pequeños”, la asistente de Epstein insistió en que no había problema y escribió a Ting: “¡Jeffrey dice que está perfectamente bien traer a los niños!”.

Cuando una asistente de Epstein escribió a Ting en diciembre de 2014 preguntándole si podía atender a una amiga de Epstein para “arreglar un agujero en su nariz causado por un piercing”, el cirujano respondió que pronto saldría de vacaciones durante dos semanas. “Pero para el Sr. Epstein cualquier cosa es posible”, escribió Ting,.

Ese mismo año, Epstein tenía varias preocupaciones relacionadas con Mount Sinai, aunque ninguna relacionada con su salud. Por un lado, su novia, Shuliak, estaba solicitando una residencia odontológica en el hospital y era su primera opción. Epstein escribió a Solomon: “Cualquier ayuda sería enormemente apreciada”.

Varias semanas después, cuando Shuliak fue informada de que no había sido seleccionada para una entrevista, Epstein reenvió el correo de rechazo a Solomon. Solomon se quejó de no haber recibido antes la información de la solicitud de Shuliak, pero dijo que todavía intentaba ayudar: “Voy a llamar mañana a mi contacto y lograr que la entrevisten”.

No está claro si Shuliak llegó a ser entrevistada.

Ese año, Epstein también estaba preocupado por ayudar a conseguir una visa para la madre de Shuliak. Parece haber sugerido que el hospital debía solicitar una “visa médica” para ella, y los archivos incluyen una carta con membrete de Mount Sinai dirigida a la Embajada de Estados Unidos en Belarús. No está claro si la madre de Shuliak obtuvo finalmente una visa.

Donaciones de seis cifras


Mount Sinai no ha revelado públicamente cuánto dinero recibió de Epstein. En 2019, semanas después de que Epstein muriera en prisión, el hospital dijo en un comunicado que la “conducta reprensible” de Epstein era “completamente contraria a estos valores” y que donaría “una suma equivalente a las donaciones que recibimos del Sr. Epstein y su fundación” a una organización benéfica.

Los archivos de Epstein indican que el financiero de Nueva York parece haber entregado más de US$ 300.000 a organizaciones afiliadas a Mount Sinai, con al menos US$ 125.000 donados directamente al Dubin Breast Center.

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Sarah Kellen, exasistente de Jeffrey Epstein, llega para testificar en una entrevista a puerta cerrada con la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes en el Capitolio el 21 de mayo en Washington.

En 2013, Andersson-Dubin intentó convencer a Epstein de ayudar a financiar salas de recuperación postoperatoria para mujeres, diciéndole que el piso podría llamarse “The Epstein Floor for Women”. Al año siguiente, empleados del hospital discutieron instalar una placa en el Dubin Breast Center que dijera que era en honor a Epstein. No está claro si esa placa llegó a colocarse.

Los documentos muestran que Epstein ayudó a financiar una habitación dentro del exclusivo edificio “11 West” de Mount Sinai, destinado a pacientes adinerados, y Andersson-Dubin le dijo a Epstein en 2015 que su habitación estaba casi terminada.

Epstein también llenó de regalos a personas del hospital. En 2014, ordenó a alguien comprar un abrigo blanco de piel de US$ 8.000 para Solomon, mientras que en 2018 pidió a Shuliak comprar un suéter de cachemira Ralph Lauren para una empleada de Mount Sinai a quien Andersson-Dubin describió como la “jefa VIP del hospital”.

Epstein también donó al hospital un perchero blanco pintado a mano y obras de arte. No está claro si todavía permanecen en Mount Sinai.
El 17 de julio de 2025, sobre las 6 de la tarde, los altos cargos del presidente Donald Trump entraron en la Sala de Situación de la Casa Blanca, el búnker seguro donde se debaten y deciden asuntos de seguridad nacional clasificados y de gran importancia. Ahí fue donde el presidente Barack Obama, junto con el vicepresidente Joe Biden, la secretaria de Estado Hillary Clinton y el equipo de seguridad nacional del presidente, vieron la redada que acabó con la muerte de Osama bin Laden en 2011.

Ahora, sin embargo, los asesores de más alto rango de Trump se habían reunido —sin él— para averiguar cómo obtener cierto control sobre un tipo de crisis muy diferente que amenazaba con sepultar la presidencia: los archivos Epstein.

Diez días antes, el Departamento de Justicia y el FBI habían publicado conjuntamente un memorándum en el que se afirmaba sin rodeos que su investigación no había encontrado ninguna “lista de clientes” de hombres poderosos para quienes el infame pedófilo Jeffrey Epstein supuestamente había conseguido chicas menores de edad y mujeres jóvenes. Con la intención de poner fin a años de especulaciones y acabar con la campaña de presión para que se publicara el voluminoso material en poder del departamento, el memorándum tuvo, en su lugar, el efecto contrario, y desencadenó una reacción que fue especialmente fuerte entre la base del movimiento MAGA.

Y la cosa iba a ponerse peor: The Wall Street Journal estaba preparando un artículo perjudicial sobre la relación de Trump con Epstein. Los intentos desesperados del presidente por acallar la noticia habían fracasado. Ahora su equipo tenía que poner a todo el mundo de acuerdo sobre cómo contrarrestar la creciente avalancha de atención. Necesitaban un gesto de transparencia para apaciguar a una base cada vez más enojada, pero también una forma de transmitir el mensaje de que el presidente comprendía las preocupaciones de sus seguidores. Lo cual, en sí mismo, era un problema, porque estaba claro que no era así.

El vicepresidente JD Vance tomó asiento a la cabecera de la mesa en la sala de conferencias John F. Kennedy del complejo de la Sala de Situación. “Esto es un problema enorme”, les dijo al grupo. A su alrededor se encontraban la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles; el asesor jurídico de la Casa Blanca, David Warrington; la secretaria de prensa, Karoline Leavitt; el jefe adjunto de gabinete Taylor Budowich; el director de comunicaciones, Steven Cheung; el fiscal general adjunto, Todd Blanche; el fiscal general asociado, Stanley Woodward Jr.; y el jefe adjunto de gabinete James Blair. La fiscala general Pam Bondi y el director del FBI, Kash Patel, se unieron por el altavoz.

El vicepresidente parecía estar alarmado ante los demás presentes en la sala por cómo el tema de Epstein ya estaba dividiendo a la coalición MAGA. Algunos altos cargos tenían la impresión de que Vance se había creído las teorías más oscuras sobre Epstein y una conspiración de depredadores ocultos dentro de la clase dirigente del país. Wiles les diría a otros que el vicepresidente había demostrado ser un gran fanático de las teorías de la conspiración. Otro alto funcionario dijo más tarde que Vance había estado insistiendo en el tema de Epstein desde la publicación del memorándum. En privado, presionaba para que el gobierno hiciera públicos todos los archivos Epstein, todo lo que estuviera en poder del Departamento de Justicia, e incluso animaba a que se llevara a cabo una investigación del Congreso.

Vance también había planteado a sus colegas una estrategia de relaciones públicas extraordinaria: que la Casa Blanca contratara a Tucker Carlson para entrevistar en prisión a la novia de mucho tiempo y cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell. Podría ayudar al presidente si Maxwell estuviera dispuesta a declarar que Trump no había participado en ninguna irregularidad con Epstein.

Vance le dijo al grupo que creía que todos los archivos debían hacerse públicos lo antes posible. Sostuvo que el Congreso acabaría por obligar a publicar los archivos. Ya estaba claro que se estaba formando en el Capitolio una coalición bipartidista a favor de esa medida, y que la dinámica iba en una sola dirección. Si el gobierno se adelantaba a esto y lo publicaba todo voluntariamente —incluido cualquier material que existiera sobre el presidente—, al menos se le reconocería su transparencia. La alternativa era dejar que la historia se alargara durante meses a medida que la información salía a la luz, con cada nueva revelación reavivando el ciclo de sospechas y furia. Mejor arrancar la tirita de un tirón y seguir adelante.


El vicepresidente JD Vance parecía alarmado ante los demás asesores principales del presidente Trump por la forma en que el tema de Jeffrey Epstein estaba dividiendo a la coalición MAGA.

Incluso las acusaciones y anécdotas sin fundamento sobre Trump deberían salir a la luz, sostuvo Vance. Iban a salir a relucir de todos modos, y si el gobierno las publicaba primero, demostraría buena fe y le quitaría fuerza a las teorías conspirativas. Sus argumentos cayeron en oídos escépticos, pero algunos asesores pensaron que sería una buena idea que los funcionarios del Departamento de Justicia convocaran una rueda de prensa para explicar su postura sobre el asunto Epstein, yendo más allá del memorándum que desencadenó la crisis.

En ese momento de la reunión, Blair tomó la palabra. “Con el debido respeto”, dijo, “la estrategia de comunicación de este grupo nos ha traído hasta aquí. No sé si nos va a sacar de esto. Y si vas a presentarte ante la prensa, tienes mucho trabajo por delante”. Empezó a hacer preguntas irónicas y directas, demostrando lo difícil que podría resultar una rueda de prensa.

Como exabogado defensor del presidente, Blanche tenía una perspectiva única en el debate. Estaba mejor preparado que nadie en la sala para sopesar las ideas que se discutían frente a los intereses personales y políticos de Trump. Blanche expuso lo que él consideraba sus mejores opciones.

La opción 1 consistía en solicitar a los tribunales federales de distrito de Florida y Nueva York que desclasificaran los testimonios del gran jurado: las transcripciones secretas de las presentaciones de los fiscales sobre testigos y pruebas en sus esfuerzos por obtener autos de acusación en casos anteriores relacionados con Epstein. Como era casi seguro que no contenían información nueva significativa, todos coincidieron en que esta opción era una buena idea, y no solo porque era poco probable que su divulgación perjudicara al presidente.

Según las Reglas Federales de Procedimiento Penal, la mayoría de los jueces federales consideran que el secreto de los materiales del gran jurado es casi siempre inviolable, y la vara para cualquier divulgación es excepcionalmente alta. Si los tribunales se negaban a desclasificarlos —como predijo Blanche—, podrían desviar la culpa de ocultar el material de Epstein del gobierno de Trump hacia los jueces. Y mejor aún si los jueces hubieran sido nombrados por presidentes demócratas. La sugerencia de Blanche daría a entender que la Casa Blanca quería que se publicaran los documentos, cuando era casi seguro que eso no iba a pasar.

La opción 2 era que los abogados del Departamento de Justicia interrogaran a Maxwell y publicaran la transcripción: una variante de la idea propuesta anteriormente por Vance. Blanche se ofreció a entrevistar a Maxwell él mismo.

“¿Y si conseguimos que hable ante el Congreso?”, sugirió Vance.

Blanche planteó la posibilidad de que el abogado de Maxwell esperara algo a cambio de su franqueza.

Warrington, el asesor jurídico de la Casa Blanca, respondió exponiendo las opciones disponibles, sin defender ninguna de ellas. A Maxwell se le podría conceder un indulto, dijo, o se le podría reducir la pena. Ante eso, varios de los presentes en la mesa alzaron la voz para expresar su firme desacuerdo.

“Indultar a Maxwell, una traficante de chicas jóvenes, crearía un enorme problema de relaciones públicas”, dijo Cheung. Anticipó que, tras un indulto, las denunciantes de Epstein aparecerían en televisión, contarían sus historias y harían pedazos al Gobierno.

Blair también se opuso rotundamente al indulto. “No podemos ofrecerle nada a Ghislaine Maxwell”, dijo. “A, no sé por qué lo haríamos. Y B, si le damos a Ghislaine Maxwell cualquier tipo de respiro y luego ella da un giro y dice cosas buenas sobre nosotros, o dice cosas buenas sobre nosotros y le damos un respiro, eso socavará todo el sentido de que ella diga cosas buenas. Eso alimentará la teoría de la conspiración, y punto. Si no hay nada que ella pueda decir que nos perjudique, no deberíamos tener que ofrecerle nada”.

La opinión general fue que solicitar la publicación del material del gran jurado era la mejor opción. Wiles le dijo al grupo que hablaría del tema con Trump y le preguntaría si haría una publicación en Truth Social pidiendo que se hicieran públicos los documentos sellados del gran jurado.


La jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles, y su adjunto, James Blair, eran miembros clave del equipo de Trump que debatía la crisis. “La estrategia de comunicación de este grupo nos ha traído hasta aquí”, dijo Blair a los demás. “No sé si nos va a sacar de esto”.

Justo en ese momento, se publicó en línea el artículo de The Wall Street Journal que habían estado intentando silenciar. Los celulares están prohibidos en la Sala de Situación, así que un miembro del personal trajo copias impresas del explosivo informe, que detallaba cómo Trump, y muchos otros, habían creado tarjetas de cumpleaños y cartas para que Maxwell las recopilara en un libro de cumpleaños especial para Epstein en 2003. La tarjeta de cumpleaños atribuida a Trump mostraba a una mujer desnuda, dibujada a mano y con un diálogo imaginario entre los dos hombres sobre un “maravilloso secreto”. El dibujo estaba firmado con lo que parecía ser la firma característica e irregular de Trump, trazada con un rotulador Sharpie, en lugar del vello púbico de la mujer.

En los días previos a la publicación, Trump, en un intento por acallar la historia, había llamado al director ejecutivo de News Corp., Robert Thomson; al propietario de News Corp., Rupert Murdoch; y a la editora en jefe de The Journal, Emma Tucker. Prácticamente gritando, el presidente le dijo a Tucker, nacida británica, que debía “odiar a Estados Unidos”, y que le pondría una demanda.

Pero ninguna de sus intimidaciones había surtido efecto y, ahora, mientras el grupo se sentaba en silencio a leer la noticia completa en la Sala de Situación, Wiles preparó un desmentido público para el presidente, que este publicó poco después en las redes sociales.

Poco después, el presidente volvió a publicar (seguía el plan que sus asesores habían elaborado en la Sala de Situación), aunque estaba claro que no le gustaba tener que hacerlo: “Dada la ridícula cantidad de publicidad que se le ha dado a Jeffrey Epstein, le he pedido a la fiscal general Pam Bondi que presente todos y cada uno de los testimonios pertinentes ante el gran jurado, sujeto a la aprobación del tribunal. ¡Esta ESTAFA, perpetrada por los demócratas, debe terminar ya mismo!”.

En respuesta a una solicitud de comentarios, una vocera de la Casa Blanca, Abigail Jackson, repitió las afirmaciones de que Trump era inocente en todos los asuntos relacionados con Epstein, y añadió que “al publicar miles de páginas de documentos, cooperar con la solicitud de citación del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, firmar la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein y pedir más investigaciones sobre los amigos demócratas de Epstein, el presidente Trump ha hecho más por las víctimas de Epstein que nadie antes que él”.

A principios del verano pasado, por lo que podían ver los observadores externos, Trump parecía estar en la cima de su poder. Acababa de bombardear instalaciones nucleares en Irán; había completado una avalancha de órdenes ejecutivas para reformar el sistema migratorio; y había impulsado en el Congreso su emblemática ley nacional, el Big Beautiful Bill (Una ley grande y bella, en español). Estaba utilizando las armas del Gobierno para perseguir a sus enemigos; y movidos por el miedo y la desesperación, los titanes empresariales de Estados Unidos se pisoteaban unos a otros para doblegarse ante él.

Pero entre bastidores, la crisis de Epstein estaba paralizando al gobierno de Trump en un grado mucho mayor de lo que el público sabía. En sus declaraciones públicas, los asesores de Trump se mostraban muy bravucones, y le restaban importancia a la crisis. En realidad, esta estaba consumiendo a las más altas esferas del gobierno de Trump como ningún otro asunto lo había hecho para el equipo del presidente desde la investigación sobre Rusia en su primer mandato. Sus asesores estaban decididos a mantener su creciente sensación de pánico fuera del alcance del público.

El Departamento de Justicia había estado teniendo dificultades para decidir cómo resolver el asunto de Epstein desde el comienzo del segundo mandato de Trump. El tema consumía por completo a la base política del presidente, pero también era potencialmente comprometedor para el propio mandatario de forma que los funcionarios del nuevo gobierno no entendían del todo. Cualquier camino a seguir estaría plagado de dificultades.

Parte de esa complejidad fue culpa propia. En la sala de máquinas del movimiento MAGA, los archivos Epstein fueron un combustible potente. Elon Musk había utilizado su red social para cuestionar repetidamente por qué no se había publicado la lista de clientes. Donald Trump Jr. y JD Vance habían invocado los archivos Epstein como parte de un mensaje de campaña más amplio para argumentar que “gente poderosa” estaba ocultando la verdad a los estadounidenses. Tucker Carlson y el joven líder conservador Charlie Kirk habían insistido, cada uno, en que el Gobierno debía publicar los documentos, y ambos habían planteado la idea de que se estaba llevando a cabo un amplio encubrimiento.

El propio Trump se había mostrado evasivo. En el Lex Fridman Podcast de septiembre de 2024, cuando le preguntaron sobre la publicación de la lista de clientes, Trump respondió: “Sin duda le daría un vistazo”, y añadió: “No tendría ningún problema con ello”. La lista “probablemente se hará pública”, dijo, pero no parecía muy entusiasmado. En privado, Trump le dijo más tarde a la representante Marjorie Taylor Greene que la publicación del material sobre Epstein podría perjudicar a algunos de sus amigos. Insistió repetidamente en que no había hecho nada malo y que todo el asunto eran “noticias falsas” diseñadas para perjudicarlo políticamente.

Pero su postura quedó eclipsada por el creciente frenesí entre sus seguidores. A lo largo de 2024, Greene se había propuesto como misión forzar la publicación de los archivos. Y había muchos otros. La influente Laura Loomer de extrema derecha, el activista conservador Scott Presler, Chaya Raichik de Libs of TikTok. Pero a la hora de difundir los archivos de Epstein como prueba de un “Estado profundo” capaz de hacer el mal, dos conductores de pódcasts no se quedaron atrás: Kash Patel y Dan Bongino.

Patel —director de antiterrorismo del Consejo de Seguridad Nacional y jefe de gabinete del Departamento de Defensa en el gobierno de Trump— había afirmado repetidamente en entrevistas de pódcast que el Gobierno ocultaba el “libro negro” o la lista de clientes de Epstein, y solía insistir en que el FBI ocultaba deliberadamente nombres para proteger a los poderosos. Patel prometió que un segundo gobierno de Trump haría público “todo” para restaurar la confianza del público.

En The Dan Bongino Show, el pasado de Bongino como agente del Servicio Secreto había dado credibilidad a sus afirmaciones de que se estaba encubriendo algo. “¿Qué demonios están ocultando con Jeffrey Epstein?”, había preguntado a su numerosa audiencia de seguidores del movimiento MAGA. La publicación de la lista de clientes “sacudiría el mundo político”, predijo. El “pantano de Washington” no estaba “diciéndo la verdad”.

Y así, al tomar posesión en 2025, los asesores de Trump se vieron sometidos a intensas presiones que ellos mismos habían creado. La fiscala general Pam Bondi empeoró rápidamente las cosas.

En primer lugar, en una entrevista en Fox News el 21 de febrero, pareció confirmar la existencia de una lista de clientes de Epstein, algo que la base del MAGA creía que estaba guardada en los archivos, oculta, e insinuó que su publicación era inminente. Cuando le preguntaron si el Departamento de Justicia podría publicar los nombres, respondió: “Ahora mismo la tengo sobre mi escritorio para revisarla”.

Pero muchos consideraron que lo que ocurrió seis días después fue un paso en falso aún más grave.

El 27 de febrero, la Oficina de Comunicaciones de la Casa Blanca organizó una ronda de funcionarios del gabinete para informar a influentes populares de la derecha en la Sala Roosevelt. La sesión comenzó con el vicepresidente Vance, seguido por el secretario de Estado Marco Rubio, quienes explicaron a los influentes la agenda del gobierno. Entre los asistentes se encontraba la crema y nata del MAGA en línea: Mike Cernovich, Liz Wheeler, Collin Rugg, DC Draino. El propio presidente los llevó al Despacho Oval y les entregó monedas conmemorativas diseñadas a medida como muestra de su agradecimiento. Antes de que todo se torciera, uno de ellos comentó: “Ha sido el mejor día de mi vida”.

Entonces, la fiscal general y su equipo entraron en la Sala Roosevelt cargando cajas. Bondi había traído carpetas como material informativo para los influentes; sus ayudantes contarían más tarde a sus colegas que las había preparado el FBI, asegurándoles que contenían detalles reveladores. Alguien de su equipo dijo: “Fíjate en esto. Es genial. Va a ser épico”.

Pero cuando el equipo de Bondi empezó a repartir las carpetas, la presión arterial de los demás funcionarios de la sala se disparó. No tenían ni idea de lo que había en los folletos. La fiscal general estaba repartiendo algo que ella llamaba “los archivos Epstein” y que no había sido revisado por nadie en la Casa Blanca. Un funcionario, al abrir la carpeta, empezó a hojear las páginas para ver si se mencionaba el nombre de Trump en alguna parte. A las pocas páginas, justo en el centro de la página, ahí estaba.

Keir Starmer, el primer ministro británico, estaba en la Casa Blanca ese día. Si se filtraba la noticia de que los archivos Epstein se habían hecho públicos antes de que el presidente se reuniera con la prensa junto al primer ministro, eso sería lo único de lo que hablarían los periodistas. Y Trump se vería tomado por sorpresa.


Se invitó a influentes de derecha a la Casa Blanca, donde el equipo de la fiscal general Pam Bondi les entregó carpetas llenas de material relacionado con Epstein que resultó haber sido publicado anteriormente.

Uno de los asesores de Trump sacó apresuradamente a los influentes de la Casa Blanca, diciéndoles que el contenido de las carpetas estaba bajo embargo hasta después de la rueda de prensa del presidente con Starmer, pero que la oficina de comunicación estaría encantada de hablar sobre los archivos más tarde. Mientras los influentes se marchaban, se hicieron selfies frente a la Casa Blanca con sus carpetas en la mano y publicaron rápidamente las fotos en las redes sociales. Habían creado una nueva ola de expectación sobre lo que podría haber en ellas.

Al igual que otros en la Casa Blanca, Bondi había subestimado enormemente o simplemente había pasado por alto el voraz apetito de la base de MAGA por la información sobre Epstein. Sus carpetas contenían información sobre él y sus actividades —registros de vuelos, listas de contactos, resúmenes de los objetos incautados en sus residencias tras su detención en 2019 y otro material—, pero casi todo se había publicado ya. Bondi había conseguido, de alguna manera, exagerar y trivializar a la vez los archivos de Epstein, y ahora los influentes se sentían engañados.

En la Sala Roosevelt, Bondi les había dicho a los influentes que esta era solo la primera tanda de archivos. Les aseguró que habría más. Pero esa historia también cambiaría.

Los funcionarios del Departamento de Justicia estaban revisando el material de Epstein, pero pasarían meses antes de que el departamento o cualquiera de los asesores más cercanos a Trump supieran cuántos documentos había: más de tres millones de páginas de archivos relacionados con Epstein, y potencialmente hasta seis millones. En los primeros meses, los funcionarios se centraron en revisar gran cantidad de lo que se conoce como formularios 302 (memorandos oficiales que utiliza el FBI) durante los interrogatorios a los testigos, algunos de los cuales eran víctimas de Epstein. Se trataba de registros sin procesar, que a menudo contenían información sin verificar. Se mencionaba a Trump en numerosas ocasiones, al igual que a otros hombres prominentes.

En junio, cuatro meses después del circo en la Sala Roosevelt con los influentes, Bondi y Blanche informaron al presidente sobre el estado de la revisión del caso Epstein. “Hemos revisado los archivos”, le dijo Blanche a Trump. “No hay mucho ahí. Mucha pornografía infantil: obviamente no podemos hacer público nada de eso. Hay algunas menciones a usted, pero nada sustancial”. La mayoría de los asesores de Trump habían rechazado de plano la idea de publicar las notas sin procesar de las entrevistas del FBI. Y lo que es más importante, querían evitar publicar cualquier cosa que pudiera perjudicar al presidente.

Dado que la transparencia total era inviable, un pequeño grupo de funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Justicia decidió redactar un memorándum que explicara por qué el departamento no iba a publicar más información sobre Epstein. Pero incluso el proceso de redacción del memorándum fue complicado, en parte porque nadie quería que apareciera su nombre en él y en parte debido a la profunda preocupación existente entre los mandos del FBI

Durante semanas, Patel y Bongino, el subdirector del FBI, se habían enfurecido cada vez más al darse cuenta de la magnitud del lío del que ahora se les culpaba. En repetidas ocasiones dieron la voz de alarma internamente de que la crisis de Epstein estaba cobrando fuerza entre los seguidores de Trump. Bongino quería transmitir algo definitivo a la base de MAGA, y él y Patel presionaron para que se publicaran de inmediato las imágenes de vigilancia de las instalaciones federales donde se encontró muerto a Epstein en su celda.

A Bongino le repugnaba que el Departamento de Justicia estuviera redactando un memorándum en el que se sugería que no había nada que ver y que se fuera a hacer público. Le dijo a Patel que eso no encajaba en absoluto con sus promesas de transparencia tras asumir el mando del FBI, y se opuso a poner el sello del FBI en el membrete. Pero no le hicieron caso.

Patel compartía en privado muchas de las preocupaciones de Bongino. Pero en un correo electrónico interno del 2 de julio, el director del FBI dio su apoyo al comunicado.


Antes de las elecciones de 2024, Kash Patel, quien se convertiría en el director del FBI de Trump, prometió que un segundo gobierno de Trump haría público “todo” de los archivos Epstein para restaurar la confianza del público.

“Gracias por las correcciones, y sigo creyendo que este es el camino correcto a seguir”, escribió Patel, con alguno que otro error tipográfico, a un pequeño grupo de colegas, entre los que se encontraba Blanche. “No me importa añadir frases adicionales para completar lo que falta. Pero creo que hemos abordado específicamente por qué no se puede publicar más, ya que se refiere a temas concretos, como la orden judicial, el CSAM” (material de abuso sexual infantil, por su sigla en inglés), “la protección de las víctimas, etc.”.

Bondi rara vez usaba su correo electrónico del Departamento de Justicia y no estaba en la cadena de correo en la que el grupo trabajaba en el memorándum. Sabía tanto del memorándum como de la publicación del video de la cárcel, pero no participó en la edición del documento.

Dentro de la Casa Blanca, Trump no tenía ningún interés en publicar nada. Y los altos cargos, incluidos Wiles y Blair, al principio no estaban convencidos del alcance de la crisis de Epstein. Les dijeron a sus colegas que a los votantes republicanos no les importaba, y tenían datos preliminares del jefe de encuestas de Trump, Tony Fabrizio, para demostrarlo. En su opinión, el alboroto por Epstein estaba impulsado por teóricos de la conspiración marginales y amplificado por influencers de internet ruidosos que no representaban a un bloque significativo de votantes. Si la Casa Blanca se involucraba, solo lo avivaría, y daría un sello oficial al asunto.

Wiles, Blair y otros del entorno de Trump lo habían visto soportar todas las tormentas imaginables durante años. Y, en su opinión, esto no era una tormenta, sino, como mucho, unas nubes pasajeras.

Bongino le decía a quien quisiera escucharlo que se trataba de un grave error de cálculo.

“No es una historia de internet”, les dijo a los asesores de la Casa Blanca. “No lo entienden”.

El 7 de julio, el Departamento de Justicia y el FBI publicaron el memorándum. Era breve, una declaración sin firmar de una página y media en la que se explicaba que, tras un registro exhaustivo de “sus bases de datos, discos duros y unidades de red, así como registros físicos de las zonas de las brigadas, muebles cerrados con llave, escritorios, armarios y otras zonas donde pudiera haberse almacenado material relevante”, y una revisión correspondiente de más de 300 gigabytes de pruebas, el departamento concluyó que no había pruebas de que Epstein hubiera mantenido una lista de clientes.

El memorándum también reafirmaba la conclusión oficial de que la muerte de Epstein en 2019 había sido un suicidio. El memorándum iba acompañado de la publicación de imágenes de video de la cárcel federal de Manhattan donde murió Epstein, imágenes que, según las autoridades, respaldaban la conclusión de que se trataba de un suicidio. Y con eso, indicaba el documento, el gobierno de Trump no daría a conocer más información sobre el caso Epstein y no se justificaba ninguna investigación adicional sobre terceros no imputados.

Menos de cinco meses después de que Bondi se refiriera a una lista secreta de clientes depredadores de alto perfil, el caso se cerró. O eso parecía.


En una entrevista en Fox News, Bondi pareció confirmar la existencia de una lista de clientes de Epstein, que la base del movimiento MAGA creía que estaba oculta en los archivos. Pero no se encontró tal lista.

Si el gobierno esperaba que el memorándum fuera la última palabra sobre el caso Epstein, y que los seguidores más acérrimos del presidente aceptaran las supuestas conclusiones del Departamento de Justicia simplemente porque el departamento y sus agencias de investigación ahora estaban controlados por Donald Trump, estaban muy equivocados. El memorándum fue un terremoto, y parte de la base del movimiento MAGA lo recibió como una auténtica traición. Supuso un rechazo tajante a las siniestras teorías de la conspiración que algunos de los colaboradores más cercanos a Trump habían promovido durante la presidencia de Biden y que habían prometido sacar a la luz una vez que Trump volviera al poder.

La publicación del video de vigilancia, que Bongino y Patel habían concebido como un gesto de transparencia, echó más leña al fuego. El Departamento de Justicia acabó publicando unas 11 horas de video de la prisión, con la intención de demostrar que no había ocurrido nada turbio. Pero faltaba un minuto en las imágenes: un salto visible en la marca de tiempo de las 11:58:58 p. m. a la medianoche. Bondi lo atribuyó inicialmente a un reinicio nocturno del sistema. (Las imágenes se restauraron y publicaron más tarde). Para muchos seguidores de Trump, sin embargo, esto era una prueba más de un encubrimiento. Funcionarios de la Casa Blanca se quejaron en privado de que no se les había informado de ese salto antes de la publicación. Las redes sociales se llenaron de críticas, no solo hacia Bondi, sino también hacia Patel y Bongino.

Ninguno de los tres había experimentado nunca una reacción tan airada por parte de la base conservadora de Trump. Fue desconcertante, especialmente para Patel y Bongino, cuyo poder e influencia se habían forjado en internet. El movimiento que los había tratado como héroes de repente se volvía en su contra. Los dos hombres estaban ahora estrechamente vinculados a un memorándum que afirmaba, sin lugar a dudas, que, aunque la información en poder del Gobierno mostraba pruebas más que suficientes de las propias fechorías de Epstein, no había indicios de una conspiración más amplia.

El día que se publicó el memorándum, Bongino se presentó a una reunión diaria del Departamento de Justicia con el personal del FBI y la fiscal general. Estaba de un humor explosivo. Nada más entrar en la sala, estalló contra Bondi y empezó a gritarle.

“Lo arruinaste desde el principio”, gritó Bongino. “La forma en que has estado hablando de esto, esa maldita y estúpida farsa con los archivos de Epstein, la tontería de ‘están en mi escritorio’, todas las promesas a la gente de afuera”.

Patel y Bongino le dijeron posteriormente a un funcionario de la Casa Blanca que Bondi tenía que dimitir.

Dos días después, el 9 de julio, ambos fueron convocados a una reunión con Wiles y Bondi en el complejo de la Sala de Situación. Fueron los últimos en entrar a la pequeña sala con paneles de madera. Sentados alrededor de la mesa estaban Bondi, Wiles, Blanche y Taylor Budowich, uno de los adjuntos de Wiles. En cuanto Bongino se sentó, Wiles le dijo que le habían informado de que él había filtrado una noticia delicada sobre Epstein y Trump a ABC News.

“Te diré una cosa”, respondió Bongino. “Te daré 100.000 dólares en efectivo ahora mismo. No bromeo. Anda a West Exec, pon al reportero en altavoz y haz que admita que yo lo filtré. Cien mil dólares”.

Wiles replicó: “Bueno, todos nos hemos metido en este lío.”

Bongino le interrumpió.

“No, no, no, no, no. Nosotros no nos hemos metido en nada. Les advertí todo el tiempo y me ignoraron. Y pasó exactamente lo que dije que iba a pasar. Y ahora están dando a entender que yo estaba metido en esto. Nunca estuve metido en esto”.

La agresiva respuesta de Bongino a Wiles sorprendió a los demás; ella era la jefa de gabinete de la Casa Blanca, básicamente la sustituta del presidente. Wiles puso a Bongino entre la espada y la pared. “De ahora en adelante”, dijo, “todos estamos metidos en esto. Todos vamos a aceptar seguir adelante. ¿Te apuntas o no?”.

“No, no lo estoy”, dijo Bongino. “Este no es mi plan. No voy a formar parte de esto de ahora en adelante. Olvídenlo. Me largo de aquí”. Salió furioso de la Sala de Situación y se dirigió a West Executive Avenue, donde se subió a la parte trasera del todoterreno blindado de Patel y le indicó al conductor que lo llevara a la sede del FBI.

Algunos de los amigos íntimos de Bongino esperaban que dimitiera en ese mismo momento —un acto de protesta que lo habría convertido en un mártir del MAGA y solo habría aumentado su número de seguidores—. Pero los asesores de la Casa Blanca intervinieron, y lo instaron a quedarse. Si renunciaba por el asunto de Epstein y lo hacía público, podría perjudicar gravemente al presidente. Bongino dijo a sus colaboradores que se quedaría por el bien de Trump y seguiría presionando para que se hiciera pública más información sobre Epstein.


Primer plano de Dan Bongino vestido con traje.

En privado, hervía de rabia. En conversaciones con sus personas de confianza, se lamentaba del costo que le había supuesto el trabajo: millones de dólares en ingresos por pódcasts, tiempo con la familia, su audiencia. Lo estaban destrozando por una estrategia a la que se había opuesto desde el principio.

Las relaciones en la cúpula del Departamento de Justicia ya eran más que disfuncionales. En otra reunión celebrada en julio, en la oficina de Wiles, Bongino y Patel le dijeron a la jefa de gabinete que sospechaban que Bondi había filtrado historias negativas sobre ellos.

“La rubiecita la ha cagado toda”, le dijo Bongino más tarde a una persona de confianza, repitiendo el apodo burlón que Loomer le había puesto a la fiscal general. “Era ella la que salía en la televisión diciendo una y otra vez que tenían todo ese material. Nunca hubo nada. Siempre lo tuvimos claro. Pero ahora todo el mundo cree que hicimos algo mal. Y yo lo dejé todo”. Bongino se quejó de que había dejado su programa de gran audiencia y millones de dólares en ingresos, “y ahora todo se ha esfumado, porque la gente cree que la cagamos con lo de Epstein”.

Bongino hizo una pausa.

“Esto va a ser como Irán-Contra el presidente Trump”.

El 12 de julio, el presidente recurrió a Truth Social para defender a Bondi frente a las críticas e instar a sus “chicos” y “chicas” a que dejaran de perder “tiempo y energía en Jeffrey Epstein, alguien quien a nadie le importa”. Trump les dijo a sus asesores que estaba muy descontento con algunos de sus seguidores más influyentes, entre ellos Charlie Kirk, Tucker Carlson y Megyn Kelly, quienes instaban públicamente al gobierno de Trump a decir la verdad. Kirk había organizado un evento de Turning Point USA el día anterior, que se convirtió en un festival de quejas sobre Epstein, con un orador tras otro criticando a Bondi por su manejo de la situación. Trump había llamado a Kirk y lo había regañado.

Nadie en el círculo de Trump tenía un mejor pulso con la parte más joven de la base del MAGA que Kirk, quien vio que el encubrimiento de Epstein, tal y como se veía ahora, estaba acaparando la atención de forma alarmante. Donald Trump Jr. y JD Vance —ambos pasaban mucho tiempo en X y estaban en contacto con ese mismo sector más joven y hiperconectado de la base— también estaban preocupados. Instaron a la Casa Blanca a cambiar de rumbo y obligar al Departamento de Justicia a hacer públicos más documentos.

Vance dejó claro a sus colegas que temía perder a algunos de los llamados votantes de baja propensión, esos jóvenes que no eran republicanos tradicionales pero que habían votado por la candidatura Trump-Vance en 2024. Se trataba de un público que seguía a los conductores de pódcast de la “manosfera”, como Joe Rogan, y era preocupante que los propios conductores de pódcast se estuvieran rebelando ahora.

Pero había un gran obstáculo en el camino hacia una solución: el propio presidente seguía sin tener ningún interés en la transparencia. Quería que todo el asunto de Epstein quedara enterrado y se enojaba con quien lo mencionara. Su equipo evitaba en gran medida el tema en sus conversaciones con él, lo que les obligaba a preocuparse entre sí.

Finalmente, el 16 de julio, en una exasperada publicación en Truth Social, aparentemente desesperado por defender su postura con un lenguaje que pudiera resonar en su base, Trump calificó de forma un tanto absurda el caso Epstein de “bulo” de los demócratas y luego procedió a lanzar insultos contra miembros de su partido y su base, renegando de su apoyo y llamándolos “ANTIGUOS seguidores” y “débiles” quienes se habían “tragado esta ‘tontería’ con anzuelo, sedal y plomo”.

Mientras el presidente intentaba desviar la atención de todo el mundo de Epstein en las redes sociales, miembros de ambos partidos empezaron a presionar en sentido contrario. Muchos demócratas aprovecharon el creciente escándalo de Epstein como tema principal de sus mensajes y como arma contra Trump. A ellos se unieron unos cuantos republicanos renegados, lo que aumentó la presión política sobre el equipo del presidente. Los representantes Thomas Massie, republicano, y Ro Khanna, demócrata, presentaron en la Cámara de Representantes el proyecto de ley H. R. 4405, la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein, y, aunque aún no contaban con los votos necesarios para aprobarlo, este se convertiría en el próximo campo de batalla mientras el presidente se atrincheraba en contra de la divulgación de información.

Mientras tanto, a finales de julio llegó a la Casa Blanca la noticia de que pronto llegaría una citación del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, liderado por James Comer, un republicano por Kentucky. La habían impulsado los demócratas del comité, con la ayuda de algunos republicanos, y obligaba a hacer públicos los archivos que el Departamento de Justicia tenía sobre Epstein.

El día que el equipo de Trump se enteró de la inminente citación, se convocó otra reunión de crisis sobre Epstein en la Sala de Situación para discutir la presión que venía del Congreso. Asistió casi el mismo grupo: Wiles y Vance, Blanche, Warrington, Patel, Bondi, Blair, Cheung, Budowich y Leavitt.

Blair le dijo al grupo que intentarían asegurarse de cooperar plenamente con la citación de la Cámara de Representantes, pero que la prioridad era publicar información que demostrara que Trump no estaba involucrado en los delitos de Epstein.

Blanche hizo un balance del material sobre Epstein que había revisado personalmente o sobre el que le habían informado, incluyendo un volumen de pornografía infantil. La conversación giró en torno a cómo deberían hacerse públicos esos archivos. La idea que ya se estaba gestando era poner todo el material relacionado con Epstein en una página web. De esa forma, podrían abrumar a la “esfera MAGA” con volúmenes mucho mayores de información real, en forma de una enorme base de datos.


Después de que Todd Blanche, entonces fiscal general adjunto, entrevistara a la cómplice de Epstein, Ghislaine Maxwell, esta fue trasladada discretamente a un centro penitenciario federal de mínima seguridad, lo que solo avivó la indignación pública.

La página web había sido fácil de crear, y pensaban que podría estar en línea en una semana. Ya habían acumulado una montaña de material que Blanche había estado revisando, y que incluía montones de documentos de casos tanto civiles como penales. Tenían pensado publicarlo todo. Blanche podría entonces aparecer en el pódcast de Rogan para promover la transparencia desde la Casa Blanca.

Pero resultó que este sitio web con función de búsqueda no se pondría en marcha según el calendario inicial. Y la versión del sitio que habían concebido originalmente nunca se haría pública.

A finales del verano, los principales asesores del presidente tenían claro que la saga de Epstein no era como las otras innumerables crisis que habían superado durante su servicio a Trump. Para su gran sorpresa —y creciente inquietud—, los viejos trucos de Trump de desviar la atención y negar los hechos no estaban funcionando.

A finales de julio, tal y como había acordado el equipo de Trump en sus reuniones de crisis, fue Blanche quien entrevistó a Maxwell. Durante dos días, ella le dijo que no había presenciado ningún comportamiento preocupante por parte de Trump y que no recordaba que él hubiera enviado la tarjeta de cumpleaños con la forma de una mujer desnuda. Poco después, la trasladaron discretamente a un centro penitenciario federal de mínima seguridad en Texas, un traslado que al principio no se explicó, y que agravó la indignación pública. Blanche dijo casi cinco meses después que Maxwell había recibido “numerosas amenazas contra su vida”.

A medida que las llamadas a la transparencia se hacían más fuertes, los altos mandos del gobierno de Trump pasaban aún más tiempo en el búnker. Para entonces, la propia Sala de Situación se había vuelto inseparable de la crisis: un espacio protegido donde el círculo íntimo de Trump trabajaba para guiar al presidente a través de un escándalo que pronto mancharía o acabaría con carreras en las más altas esferas de los negocios, la ciencia y la política.

El 13 de agosto, el equipo de Trump se reunió de nuevo en el complejo de seguridad a las 6 p. m. durante dos horas para perfeccionar la estrategia de defensa sobre Epstein. Una vez más, el grupo incluía a Wiles, Bondi, Blanche, Patel, Blair, Budowich, Cheung y Leavitt. Vance se unió por teléfono desde el Reino Unido.

El vicepresidente volvió a insistir en que se hicieran públicos tantos archivos Epstein como fuera posible. Y, con la vista puesta en el mensaje público, propuso que fuera él quien apareciera en el influyente pódcast de Rogan. Vance acababa de colgar el teléfono tras hablar con Rogan, y más tarde les contó a los demás que Rogan dijo que no recibiría a Blanche en su programa, pero que sí aceptaría a Vance.

Vance sostuvo que, si era él quien aparecía en el programa de Rogan, solo una parte de la conversación trataría sobre Epstein. El resto de la entrevista, le dijo al grupo, podría tratar de la legislación que el presidente acababa de aprobar y de lo que supondría para las familias trabajadoras.

Pero la conversación más importante que tenían ante sí era cómo gestionar la crisis y los riesgos de relaciones públicas para el gobierno. El reto sería cualquier acusación vergonzosa o perjudicial contra el presidente, aunque no estuviera fundamentada. Si todo estuviera disponible públicamente en la web que habían planeado, podría incluir todo tipo de material potencialmente humillante.

De repente, uno de los funcionarios de la Sala de Situación sacó a colación una acusación inquietante, aunque sin corroborar, contra Trump que había salido a la luz en documentos desclasificados de un caso de difamación de 2015 presentado por Virginia Giuffre contra Maxwell, que se había resuelto dos años después. La acusación de segunda mano, que alegaba un tipo específico de abuso sexual, era el ejemplo perfecto de algo que aparecería en la web pública y pondría a Trump en el punto de mira, fuera cierto o no.

Giuffre, quien había conocido a Epstein cuando era una adolescente que trabajaba en el spa del club de Trump, Mar-a-Lago, en Palm Beach, Florida, se convirtió en una de las víctimas más elocuentes del depredador sexual. Giuffre declaró a finales de 2016 que, según su conocimiento, Trump no había hecho nada inapropiado. Se suicidó en abril de 2025, tres meses después de que Trump volviera al poder. El antiguo expediente del caso Giuffre incluía correos electrónicos enviados a un periodista por otra víctima de Epstein, Sarah Ransome, quien más tarde demandó a Epstein y a Maxwell. Epstein también había llegado a un acuerdo en ese caso.

En los correos electrónicos, Ransome afirmaba que conocía a una chica de la red de tráfico sexual de Epstein llamada Jen, quien dijo que había tenido relaciones sexuales con Trump. Ransome también afirmó que Jen le había contado que Trump tenía predilección por los pezones y que le había pellizcado y chupado los suyos de forma agresiva. Ransome escribió que había visto pruebas de ello cuando compartió baño con Jen. “Parecían increíblemente doloridos, ya que estaban rojos e hinchados, y recuerdo que hice un gesto de dolor al mirarlos”, escribió.

La credibilidad de Ransome no era sencilla; había hecho otra afirmación según la cual poseía grabaciones de video de hombres prominentes manteniendo relaciones sexuales con chicas jóvenes del entorno de Epstein. Más tarde se retractó de esas afirmaciones, alegando que temía por su seguridad y la de su familia si seguía adelante. Pero después de que un juez federal ordenara el desclasificado de algunos de los expedientes del caso Giuffre en 2023, el documento que vinculaba a Trump con la acusación sobre los pezones maltratados se encontraba entre el material que salió a la luz. Se trataba de una acusación sin confirmar y que no se había hecho pública, pero la revelación dio lugar a algunos artículos que se perdieron rápidamente en el torbellino de noticias del año electoral.

Algunos de los asesores de Trump en la Sala de Situación nunca habían oído hablar de la acusación de los pezones; quienes sí, parecían tener solo un conocimiento superficial del tema. Muchos en la sala pensaban que todo esto no era más que tonterías desacreditadas. Pero quizá eso no importara. Los correos de Ransome podrían recibir nueva atención si se incluyeran en una biblioteca de Epstein “accesible al público y con función de búsqueda” que llevara el sello del Departamento de Justicia. Un funcionario del gobierno ya había buscado material relacionado con Trump en la versión de prueba del sitio web, aún privada, y el material sobre los pezones fue uno de los primeros resultados que se mostraron. Ninguno de los problemas de credibilidad se tendría en cuenta si una base de datos respaldada por el Gobierno diera un sello de validez a la afirmación de Ransome sobre Trump.

“Esto está ahí afuera”, dijo uno de los funcionarios al grupo en la Sala de Situación. “Van a montar un gran escándalo con esto, aunque no sea cierto y todo el mundo lo sepa”.


Mientras el presidente Trump intentaba desviar la atención de Epstein en las redes sociales, miembros de ambos partidos empezaron a presionar en sentido contrario, lo que aumentó la presión política sobre el equipo del presidente.

Blanche sostuvo que, en contexto, el documento de Ransome —y el desmentido de Ransome de algunas de sus otras afirmaciones— dejaría claro por qué nunca se habían perseguido judicialmente las acusaciones relacionadas con Trump. Además, estas acusaciones ya estaban disponibles on-líne debido a lo que se había desclasificado, por lo que no había razón para dejarlas fuera de la página web del Departamento de Justicia.

El vicepresidente dijo que creía que al presidente no le importaría que se publicaran los documentos relacionados con los pezones, y sostuvo que a Trump se le había acusado de cosas peores. “Creo que deberíamos publicarlo”, dijo. “La gente diría que estamos yendo más allá de lo necesario”. Wiles respondió rápidamente que, de hecho, al presidente no le parecería bien. Era un tema que nadie quería seguir debatiendo.

Un funcionario describiría más tarde el hecho de estar hablando de pezones en la Sala de Situación de la Casa Blanca como una experiencia “surrealista”.

Esto era, en miniatura, todo el problema que tenía la Casa Blanca con los archivos Epstein: montones de acusaciones imposibles de refutar e igualmente imposibles de hacer desaparecer. Cada puerta que abrían conducía a otra habitación, y en cada habitación había más denuncias de más mujeres.

Durante unas semanas, pensaron que habían encontrado una salida. La citación del comité de Comer había solicitado específicamente documentos del Departamento de Justicia, comunicaciones con la Casa Blanca y material de los expedientes penales de Epstein y Maxwell —no material de litigios civiles, como los correos electrónicos de Ransome—. Podían cumplir con la letra de la citación, publicar el material del Departamento de Justicia en una versión simplificada de la web prevista y dejar el resto de lado. Los casos civiles eran asuntos aparte, fuera del ámbito de competencia del Departamento de Justicia. Y la citación permitía otra vía de escape: el Departamento de Justicia podía retener ciertos documentos, siempre y cuando explicara a los legisladores de la Cámara de Representantes cuáles eran y por qué se retenían.

Pero esa estrategia se vino abajo rápidamente. Más legisladores republicanos presionarían para que se revelara más información, incluidos antiguos aliados de Trump como Greene y Lauren Boebert. Y el gobierno de Trump tardó en cumplir incluso con el conjunto inicial y limitado de documentos exigidos por la citación de la Cámara.

A mediados de noviembre, la coalición bipartidista que había preocupado al equipo de Trump desde el verano por fin consiguió los votos necesarios para obligar al gobierno de Trump a actuar. La Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein fue aprobada por la Cámara de Representantes y el Senado en rápida sucesión, y el 19 de noviembre, Trump, cediendo ante lo inevitable, la promulgó como ley.

La nueva ley iba más allá de la citación de la Cámara. Exigía un conjunto más amplio de archivos y contenía una advertencia al gobierno de que “no se ocultará, retrasará ni censurará ningún documento por motivos de vergüenza, daño a la reputación o sensibilidad política, ni siquiera si afecta a algún funcionario del Gobierno, figura pública o dignatario extranjero”. Exigía todo aquello que Trump había pasado la mayor parte del año intentando ocultar.

Los legisladores que aprobaron el proyecto de ley no tenían ni idea de cuántos archivos habían ordenado que se hicieran públicos en el plazo de un mes. Las páginas acabarían sumando millones, y se haría referencia al presidente, a su familia y a lugares como su finca de Mar-a-Lago más de 38.000 veces, según un análisis del New York Times.

El Departamento de Justicia de Trump dijo que no había ninguna lista de clientes. Pero todo el episodio fue otra señal de alerta en una época en la que la fe en el sistema judicial estadounidense se había deteriorado hasta el punto de colapsar. Los testimonios sin editar y las pruebas de investigaciones penales incompletas nunca debieron haber sido vistos por el público. Existían sistemas consolidados para proteger tanto al acusado como al acusador. Los archivos equivalían a un vertido público de cualquier documento del Departamento de Justicia que mencionara el nombre de Epstein, sin importar si la información se había confirmado como veraz o no. Las páginas publicadas sí que mencionaban a muchos hombres poderosos. Entre ellos estaba el antiguo amigo íntimo de Epstein, ahora presidente de Estados Unidos.

En un correo electrónico de enero de 2020, un fiscal federal le dijo a un colega que Trump había volado en el jet privado de Epstein mucho más de lo que nadie sabía. Los registros de vuelo de los archivos mostraban al menos ocho viajes entre 1993 y 1996, a veces con su segunda esposa, Marla Maples, a veces con sus hijos. En enero de 2024, Trump declaró que nunca había estado en ese avión.

¿Qué más se había ocultado? La pregunta solo haría más que agudizarse a medida que la gente revisara lo que se había censurado o faltaba. El Departamento de Justicia, tras hacerse públicos más de 3,5 millones de documentos, dijo que no era necesario publicar nada más. Trump, como era habitual en él, estaba creando su propia realidad. Llevaba mucho tiempo afirmando que todos los demás eran corruptos, especialmente sus críticos. Estos archivos, diría él —a pesar de la avalancha de referencias a sí mismo— eran la prueba. “Hay muchas preguntas al respecto”, dijo a los periodistas en la Casa Blanca en febrero de 2026. “Pero nada sobre mí”.

Trump había declarado que el asunto de Epstein estaba zanjado durante el verano, pero al comenzar el segundo año de su presidencia, su propio equipo pudo ver que las preocupaciones de los votantes sobre Epstein seguían aflorando de forma alarmante.

En un memorándum interno que se distribuyó a una decena de asesores de Trump a finales de marzo de 2026, el jefe de encuestas del presidente, Fabrizio, resumió las conclusiones de dos noches de grupos de discusión celebrados ese mes. El memorándum de Fabrizio situaba los “archivos Epstein” como el sexto tema más importante planteado en los grupos de discusión, por detrás de la inflación, la economía, la política exterior, la migración y la salud, pero por delante de los centros de datos, los asuntos militares, la delincuencia y la seguridad, y el ser “proclase trabajadora”. En la sección sobre las “conclusiones clave” de los grupos de discusión, el memorándum de Fabrizio afirmaba: “También se mencionan constantemente los archivos Epstein, que surgieron en todos los grupos y son un verdadero lastre para algunos de estos votantes”.

La crisis de Epstein había puesto al descubierto algo que algunos de los asesores más cercanos a Trump se habían negado a ver durante meses. El presidente podía desmantelar instituciones, redirigir al Gobierno federal contra sus enemigos y llevar a los hombres más ricos del mundo al Despacho Oval para que le rindieran tributo. Pero resultó que no podía hacer desaparecer a Jeffrey Epstein.

“Es absurdo pensar que Epstein este muerto”, declaró el padre de Elon Musk en Rusia


Errol Musk aportó su teoría conspirativa sobre el caso Epstein. Además, habló en apoyo de Putin y dijo que su hijo podría ser responsable de su distanciamiento con Trump.


Errol Graham Musk.

Epstein fue hallado muerto en su celda el 10 de agosto de 2019, mientras esperaba juicio por cargos de tráfico sexual, en un caso que alimentó una gran especulación. Su muerte fue declarada oficialmente un suicidio por el médico forense jefe de la ciudad de Nueva York, aunque las teorías conspirativas aún persisten.

El padre del multimillonario Elon Musk participó en un programa que sale en el prime time de la televisión estatal rusa, supervisado por Putin, y dijo: “en mi opinión, es absurdo pensar que mi hijo está muerto. Es ridículo”.


La opinión de Errol, de 79 años, provocó murmullos de desaprobación entre el público presente en el estudio, pero él continuó: "Los guardias de la prisión han salido a decir que fueron sustituidos la noche anterior a que se supusiera que iba a suicidarse".

Elon Musk resucitó el ‘Caso Epstein’ en su feroz disputa con Trump


“Las cámaras se apagaron en el momento equivocado y los guardias se durmieron”. “Es absolutamente absurdo pensar que este hombre esté muerto. Está vivo y en perfecto estado de salud”, remató.


En algunas ocasiones, se intentó involucrar a Elon Musk dentro de las personas implicadas en el caso Epstein. El empresario dijo en distintas ocasiones que se reunió con Epstein solo una vez, y que fue una reunión breve a pedido de terceros, sin vínculo posterior.

Además, afirmó que rechazó cualquier intento de Epstein de involucrarse con sus empresas o proyectos.


Sin embargo, desde el entorno de Epstein, en su momento se intentó asociar su nombre con figuras influyentes, y Musk apareció mencionado en algunos intercambios, aunque sin pruebas de una relación directa o frecuente.

La relación de los Musk con Rusia


A diferencia de su hijo, el año pasado Errol Musk había contado que "como familia... sentimos cierta admiración por el señor Putin". Elon Musk fue señalado algunas veces de ser funcional a los intereses rusos, sobre todo respecto de sus declaraciones sobre la guerra.

En un principio, el magnate se posicionó a favor de Ucrania, e incluso envió terminales de Starlink para que pudieran sostener la conectividad a pesar de los bombardeos. Tiempo después, en un post en su red social X, propuso un plan de “paz” que incluía concesiones territoriales de Ucrania, como reconocer Crimea como rusa, lo que fue muy criticado por el gobierno ucraniano. También expresó preocupación por una escalada nuclear, lo que explica en parte su postura más negociadora.


Algunos medios señalaron que Musk habría tenido comunicaciones indirectas con el presidente ruso, pero él siempre lo negó y dijo explícitamente que no apoya a Rusia ni a Putin.

Putin declaró un alto el fuego de 24 horas con Ucrania por la Pascua Ortodoxa


Durante el fin de semana, Errol Musk fue visto en Moscú participando del servicio nocturno por la Pascua ortodoxa en la Catedral de Cristo Salvador, una ceremonia a la que también asistió el presidente ruso, Vladimir Putin.

El mandatario ingresó de manera distendida al templo, en una aparición que llamó la atención porque lucía visiblemente cansado y con signos de agotamiento. Su presencia en la tradicional celebración religiosa se produjo poco después de haber anunciado un alto el fuego de 32 horas en la guerra contra Ucrania.


Sin embargo, la tregua no se sostuvo en el terreno. Durante el sábado, Rusia atacó posiciones ucranianas con drones, lo que implicó una violación directa del cese al fuego. Según el comando militar de Ucrania, se registraron cerca de 470 incumplimientos del acuerdo.

En paralelo, durante la ceremonia, Putin difundió un mensaje en el que afirmó que la Pascua “llena los corazones de millones de personas con alegría, fe y valores espirituales”, y elogió a los soldados rusos, a quienes definió como “héroes” en el marco de la ofensiva militar.

La presencia de Errol Musk en Rusia no resulta aislada. El empresario es un visitante habitual del país, donde en otras oportunidades elogió públicamente a Vladimir Putin e incluso llegó a responsabilizar a su hijo por su distanciamiento con Donald Trump.

Según reportó The Moscow Times, se encuentra en Moscú en el marco de un viaje de dos semanas, enfocado en supuestos proyectos de investigación junto a científicos rusos.

El multimillonario y los reclutadores


La primera mujer que identificamos como Irina Chernova. Ella está en los archivos del Departamento de Justicia, y Wyden ha declarado que Black le hizo pagos directamente entre 2009-12. Eso nos permitió confirmar que los correos electrónicos a Epstein durante este período que hacían referencia a “León” de “Irina” fueron enviados por Chernova.

Chernova nació en 1984 en Krasnoyarsk, Siberia, y trabajó en periodismo televisivo. Según los archivos, parece haber reclutado a docenas de mujeres para Epstein, y en 2011, le presentó a Karyna Shuliak, la modelo rusa y eventual estudiante de odontología a quien Epstein legó su patrimonio.

En un intercambio de correo electrónico de enero de 2011, presiona a Chernova para que le traiga nuevas chicas.

Chernova fue también uno de los mayores receptores del dinero de Leon Black. Según el Senador Wyden, recibió “cientos de miles de dólares” directamente de las cuentas de Black’s Bank of America entre 2009 y 2012.

Parece que Chernova ya estaba lo suficientemente cerca con Black en 2009 para acompañarlo a visitar a Epstein mientras éste todavía estaba bajo arresto domiciliario por su condena en Palm Beach. En el correo electrónico que organiza el viaje, Irina dice que planea traer al menos a una niña; Epstein responde que hablará con Leon sobre la visita y dice que “puede traer a su hermana o amiga” (al parecer, algunas chicas nuevas que Epstein aún no había conocido).

En enero de 2010, Chernova envió un correo electrónico a Epstein sobre un viaje que planeó a París y Londres, escribiendo: “Leon se dirigirá a China el 1 de febrero durante una semana”.

Dos meses después, le informó a Epstein que iba a París, Londres y luego a Rusia para Pascua, y agregó: “Es entre nosotros, no le dije a León sobre París, solo sobre Rusia”.

En agosto, después de perder su teléfono, le pidió a Epstein el número de Leon. Epstein a cambio pidió el número de una mujer. Dos días después, ella siguió para decir que le había dado el número de Leon en los Hamptons, pero ella también quería su número de teléfono celular. En ese mismo correo electrónico, también confirmó dos citas para Epstein con personas cuyos nombres son redactados.

Al mes siguiente, Epstein envió saludos de cumpleaños a Chernova, a lo que ella respondió: “León acaba de irse, ¿puedes llamar cuando tengas un minuto?”

En febrero de 2012, Chernova le pidió a Epstein que interviniera y asegurara su “regalo de despedida” de Black. Epstein le aseguró que sería “generoso”. Aparentemente, sin embargo, no fue un gran adiós.

Cinco años más tarde, Chernova escribió a Epstein que “gracias al regalo de despedida de L, he disfrutado de ser una madre a tiempo completo durante la mayor parte de este tiempo. [Hemos estado intercambiando mensajes de texto y planeando reunirnos para almorzar con L desde que me fui, pero no nos hemos conocido. Sin embargo, Espero que lo esté haciendo bien.]”

Un mes después de ese correo electrónico, el calendario de Epstein mostró reuniones consecutivas con Black y Chernova. Poco después, Chernova envió un correo electrónico a Epstein y Black estaban “de vuelta juntos” y más tarde le preguntó sobre un pago de $100,000 que Black le había prometido. Epstein indicó que él mismo ya le había enviado $ 28,000.

Otro reclutador ruso parece haberse beneficiado también de la generosidad de las negras a lo largo de los años que “exploró” e introdujo a Epstein a las mujeres.

La segunda mujer, Victoria Housez (ahora Victoria Ginzburg), provenía del interior de Rusia y asistió a la Universidad Estatal de los Urales del Sur antes de aparecer en París en los márgenes del mundo de la moda. Los registros en los archivos del Departamento de Justicia sugieren que Black pudo haber regalado a Housez más de $50,000 en 2011 y 2012, mientras que parece haber reclutado activamente a niñas para Epstein y buscando establecer potencialmente algún tipo de operación de tráfico a mayor escala. Después de leer personalmente 1200 correos electrónicos en los archivos de ese período de tiempo y estudiar las firmas de correo electrónico, así como las instancias en las que el nombre de Housez no se redacta, nuestro análisis sugiere que los siguientes intercambios se pueden conectar a ella.

Housez habló con frecuencia de Black en correos electrónicos con Epstein. En un momento dado, preguntó si la secretaria de Leon podría transferir dinero a su cuenta porque “se transfiere todo el tiempo”. En el mismo correo electrónico, le pidió a Epstein que compartiera su información de cuenta bancaria rusa con Black porque “los franceses hacen demasiadas preguntas”. Epstein respondió: “no puedo”.

También escribió que Black quería darle dinero para iniciar una empresa, una que parecía significar una agencia de modelaje u otra similar que podría operar como un frente de tráfico. Epstein pasó una cantidad considerable de tiempo entrenándola sobre cómo lidiar con Black y presentar su caso.

“No se moleste con los planes de negocios para la agencia, concéntrese en demostrar que tiene buen ojo y que pueda hacer el trabajo. nos divertiremos”, escribió Epstein en un correo electrónico. Housez respondió: “Como acordamos, el negocio de modelos no trae dinero. Puedo hacer exploración de otra cosa ... Vamos a divertirnos como dices”.

Mientras ella trataba de hablar de dinero, Epstein se centró en calificar a las mujeres en fotos que ella le envió, reprendiéndola por proporcionarle chicas que calificó alrededor de cinco de cada diez, y repreniéndola por no proporcionar suficientes chicas nuevas.

Una interacción típica entre ellos implicaba preguntas de dinero y carne femenina como esta de 2011:

VH : todas las chicas que acabo de enviar hasta 21YO y mucho más ))
JEJE: tratar de obtener números reales 2.5 millones no es realista
VH: do you mean the number of users in 1,5 year?
JEJE: no se buscan dólares para la puesta en marcha
VH: para explorar grandes redes no necesitamos casi nada, ya funciona, podríamos controlar toda la red de modelos rusa y colocar modelos necesitan números. Pero si no te gusta toda la idea pensaré en otra ;))) ¿cómo estás hoy?
JE : enviar fotos de ti

Estos intercambios ocurrieron mientras Black expandía públicamente su participación con Rusia durante un período de relativa distensión económica, ya que Vladimir Putin buscó una mayor inversión de Occidente.

Epstein prestó mucha atención.


En julio de 2011, envió un correo electrónico a su programadora, Lesley Groff, con las fechas de la reunión de la junta del Fondo de Inversión Directa de Rusia con Putin en Sochi a la que Leon Black planeaba asistir. Epstein aparentemente tenía la intención de ir él mismo.

En septiembre de 2011, Black fue anunciado como miembro fundador del Consejo Asesor del Fondo de Inversión Directa de Rusia, un fondo estatal de $10 mil millones establecido para atraer inversión extranjera en Rusia. Ese mes, Reuters informó que asistió a su evento de lanzamiento en el Foro Internacional de Inversiones en Sochi y tuvo una reunión privada, uno a uno con Putin.

En julio de 2011, Epstein le dijo a Ghislaine Maxwell que estaba pensando en hacer de Housez su “culo de Europa”. En agosto, Housez envió un correo electrónico a Epstein sobre reafirmar sus planes de septiembre: “Dijiste mejor si lo contacto [a Black] directamente al respecto. ¿le darás mi número y a mí el suyo?” Mientras Black era nombrado asesor de RDIF, Housez le escribió a Epstein: ““Quería preguntarte, ¿es normal que L. me preguntara una cuenta bancaria y nada?”

A lo largo del otoño de 2011, Housez y Epstein con frecuencia discutieron sobre Black, su paradero, su necesidad de dinero y sus esperanzas de que él la instalara en un apartamento de París. Ella planeaba preguntarle a Black “dónde cree que tengo que trabajar”.

Algunos correos electrónicos sugieren una relación más íntima entre Housez y Black. Por ejemplo: “Estoy en casa todo el tiempo, León está muy feliz de no haber salido (como dijiste)”. Y luego, unos meses más tarde: “listo para ir a mi próximo fin de semana, no está respondiendo, espero que todavía le guste yo :)” Ella también informó que había estado yendo al gimnasio para estar “en perfecta forma para comenzar [sic] de noviembre”, cuando Black debía estar en París. Ella se preguntó en un momento por qué no la había contactado: “todavía extraño... que no quiere verme, estaba bien”.

No está claro exactamente qué tipo de trabajo Housez pensó que estaba haciendo por Black.

Un intercambio de marzo de 2013 es especialmente revelador. Housez agradeció a Epstein por Black (“por león gracias, pero también trabajé por ello”) y defendió su historial de trabajo, mientras que Epstein la excorió, “después de dos años y miles de euros, puedes hacerlo mejor que este (sic)”.

Los archivos también contienen múltiples entrevistas crudas del FBI con víctimas redactadas, llamadas 302s, en las que las mujeres (no menores de edad) dijeron que Epstein las presentó a Black después de decirles que les pediría que dieran masajes. Según esas entrevistas, las negras se volvieron sexuales.

Una mujer que conoció a Black fue presentada más tarde al ex CEO de Barclays, Jes Staley, otro amigo de Epstein. Ella dijo a los investigadores que Staley “puso las manos en su parte de la entrepierna”, y el encuentro terminó en “sexo duro” que le dijo a Staley que no quería. (Staley ha negado previamente, según lo informado por The Guardian, cualquier irregularidad en relación con Epstein.) También hay un relato de segunda mano de una mujer que le da a Black una mamada que no quería y quedar “agotada” por ella.

Lo que sí parece claro, sin embargo, es que Housez entendió el trabajo que estaba haciendo para Epstein.

El 4 de abril de 2012, Epstein la reprendió en otro intercambio familiar: “has producido fotos después de fotos. , nada más” a lo que ella respondió, “no solo fotos:)) pero su verdadero no tenía condiciones para esto .. me ayuda en real a tener condiciones y presupuesto y puedo producir más no peor que [redactado];)”.

En septiembre de ese año, las cosas estaban mejorando. “Encontré súper explorador para ti ) .. el tipo serbio 25yo, haciendo precisamente esto, colocado en ny, london, paris)”, escribió Housez a Epstein, “te encantará lo que tiene, hablé con él para una posible colaboración”. Epstein respondió: “dame tus datos bancarios”.

Housez respondió: “¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ GRACIAS !!! “

«Aún no se han hecho públicos unos tres millones de estos documentos»: Khanna sobre el nuevo plazo para el caso Epstein


Hay más versiones no publicadas de los archivos de Epstein en su poder después de que una demanda acusara al Fiscal General interino Todd Blanche de violar la Ley de Transparencia de Epstein, ley que ordena la divulgación de los documentos.

En un comunicado, el Departamento de Justicia dijo que ha publicado todos los documentos de respuesta y que son a ellos a quienes se les pide que violen la ley al no publicar los nombres de las víctimas.
Ahora se une a nosotros el congresista Demócrata de California Ro Khanna, uno de los patrocinadores de la Ley de Transparencia de Epstein.

Congresista, usted, sus colegas han dicho durante meses que el Departamento de Justicia tardó en cumplir con su ley, no estaba cumpliendo en absoluto. ¿Qué anticipa con esta nueva fecha límite?
Katie Fang y Public Integrity hicieron un trabajo brillante. Presentaron un caso ante el tribunal federal de distrito y dijeron que el Departamento de Justicia y Thomas Massey violaban mi Ley de Transparencia de Epstein. Y el tribunal reconoció que tenían legitimación activa.

Resulta que hay algo llamado Ley de Procedimientos Administrativos que dice que cualquier ciudadano puede demandar si una agencia no cumple con la ley. Y en este caso, el tribunal determinó que el Departamento de Justicia no ha publicado muchos de los formularios F-302.

Esos son los formularios donde los sobrevivientes le dijeron a agentes del F.B.I. que las violaron, abusaron de ellas o traficaron con ellas. Hay alrededor de 3 millones de estos documentos que aún no se han publicado.

Veremos si el Departamento de Justicia cumple con este juez o si desafía deliberadamente una orden judicial federal.

Y si no lo hacen, ¿qué se puede hacer entonces?

Bueno, en primer lugar, este debería ser el tema central antes de la audiencia de confirmación de Todd Blanche. Todo senador debería preguntar, ¿Va a cumplir con la orden judicial federal? ¿Va a liberar los archivos restantes y va a iniciar investigaciones?

Quiero decir, otros países están investigando a antiguos príncipes, ex embajadores o embajadores. No hemos investigado a una sola persona aquí, y los sobrevivientes están furiosos. Ese debe ser el foco central de la audiencia de confirmación de Blanche. Pero el juez puede ordenar sanciones y condenar a las personas por desacato si no cumplen.

No se si está viendo lo mejor del programa, congresista. Entiendo que esté ocupado. Pero tenemos nuevos informes de que el Departamento de Justicia está gastando muchos recursos investigando lo que está sucediendo, lo que afirman que sucedió en Georgia con respecto a sus elecciones. Han logrado gastar una tonelada en atacar las leyes de armas en los estados azules presentando cargos contra supuestos enemigos de Trump como James Comey y Letitia James, pero también han argumentado que parte del desafío con los archivos de Epstein es que simplemente son demasiado laboriosos. requieren tantos recursos ¿hace que todo esto, pero particularmente los nuevos informes de hoy sobre los recursos que están poniendo en las elecciones de Georgia, le sugieren cuál es la prioridad real de este Departamento de Justicia?

Bueno, por eso acuñé la frase clase Epstein con la que mucha gente ha estado corriendo en los estados indecisos. Es esta idea de dos niveles de justicia que cuando tienes personas ricas y poderosas que cometieron algunos de los actos más atroces, como el abuso sexual, llegando a ser abusadas o traficadas solo porque son ricas y poderosas, no tienen que sufrir las consecuencias.Sin embargo, el Departamento de Justicia se enfoca en cosas que pueden suprimir votos. Están enfocados en otros temas en los que están procesando a personas que no son ricas y poderosas. Y este encubrimiento realmente los está lastimando. Quiero decir, ellos lo saben. Por eso J .D. Vance estaba en la sala de situaciones encubriéndolo. suya es la forma en que Viktor Orban perdió en parte su elección. Encubrió un escándalo de abuso sexual. Y creo que esta es una situación similar para esta administración.

Congresista, en su opinión sobre Epstein, sobre sistemas escalonados, nuevos detalles que supimos sobre las finanzas del presidente Trump esta semana. Ganó 2 mil millones el año pasado que incluyen más de mil millones de criptomonedas. ¿Qué papel cree que juega la supervisión, particularmente si los demócratas pueden recuperar la Cámara de Representantes, tal vez el Senado venga este otoño?

Sabe, vi las declaraciones de Trump. Él dice, bueno, yo era una gran persona de negocios. En realidad, nadie está criticando su pasado. Quiero decir, que fue litigado en la campaña electoral. Lo que hemos dicho es muy simple, que si eres un funcionario electo,no deberías tener una moneda meme. Los informes sugieren que ganó $600 millones con esa moneda meme. Básicamente, publicó una imagen de Trump. Subió. Él obtuvo el beneficio. Y luego, cuando se estrelló, todas las demás personas perdieron. Y no deberías poder, como político estadounidense, comerciar con tu fama porque puede aparecer en MSNBC. O ciertamente, si eres presidente, sacas una moneda meme y básicamente usas el cargo político para beneficio personal. Y esa debería ser realmente la opinión común. No es anti-Trump. Es de sentido común que los funcionarios electos no deberían comerciar ni participar en criptomonedas.

Congresista, usted hizo referencia a las próximas audiencias de confirmación de Todd Blanche. Comienzan el 15 de julio. Estamos como a dos semanas de distancia. Entiendo que quiere que hagan preguntas, que los senadores del Senado hagan preguntas sobre Epstein. ¿Qué más cree que debería ser el foco de esas audiencias?

Bueno, lo primero tiene que ser Epstein, que publique todos los archivos y que comencemos las investigaciones. Pero lo segundo tiene que ser ESTE ASALTO AL DERECHO AL VOTO QUE ESTÁ TENIENDO LUGAR EN ESTE PAÍS. Quiero decir, ESTÁN PERSIGUIENDO DISTRITOS NEGROS EN TODO EL SUR, socavando los derechos DE VOTO. No están imponiendo una equidad básica de tener lugares de votación abiertos en los distritos más pobres y negros. Realmente necesita que le pregunten sobre los derechos de voto. Y luego hay que preguntarle sobre LA INTEGRIDAD ELECTORAL. Donde quiera que vaya, la gente está preocupada, ¿VAMOS A TENER UNAS ELECCIONES JUSTAS? ¿QUÉ VAMOS A HACER PARA ASEGURARNOS DE QUE LAS URNAS NO SEAN MANIPULADAS, QUE LOS AGENTES DE ICE NO ESTÉN ALLÍ, INTIMIDANDO A LA GENTE, QUE, EH, LA GENTE NO SEA ACOSADA CUANDO VAYA A VOTAR? Y NECESITAMOS ELECCIONES JUSTAS EN NOVIEMBRE.

La policía del Reino Unido identifica a 90 mujeres en el caso de agresión sexual de Al Fayed


La Policía Metropolitana de Londres confirmó el miércoles que había abierto una nueva investigación sobre reclamos de agresión sexual contra el fallecido propietario de Harrods, Mohamed Al-Fayed, que hasta ahora ha identificado a 90 víctimas.

Se produce a raíz de un documental de la BBC, emitido en septiembre, que detalló varias denuncias de violación y agresión sexual contra el multimillonario empresario egipcio, que murió en agosto del año pasado a los 94 años.

Desde entonces, más de 400 mujeres y testigos se han presentado alegando conducta sexual inapropiada en su contra, lo que provocó un escrutinio de cómo la fuerza policial de Londres manejó las denuncias que se remontan a décadas.

El Met dijo que "numerosas víctimas, algunas denunciando múltiples delitos" se habían presentado después de una renovada apelación pública. Una unidad dedicada "revisaría todos los informes y seguiría todas las líneas razonables de investigación", agregó.

La policía ha dicho anteriormente que había identificado a 60 víctimas potenciales.

Los detectives ahora están investigando "a una serie de individuos asociados con" Al-Fayed y "trabajando para establecer qué roles pueden haber desempeñado esas personas para ayudar y facilitar" cualquier delito, agregó.

Los detectives también están revisando todas las investigaciones anteriores para identificar cualquier "oportunidad perdida", dijo el Met, y señaló que las técnicas y prácticas de investigación habían "progresado significativamente en los últimos 20 años".

Ya han revisado más de 50.000 páginas de pruebas, incluidas declaraciones de víctimas e impacto, según la fuerza.

"Esta investigación se trata de dar voz a los sobrevivientes, a pesar de que Mohamed Al-Fayed ya no está vivo para enfrentar un enjuiciamiento", dijo el comandante Stephen Clayman del Comando Especializado en Crimen del Met.

"Sin embargo, ahora estamos persiguiendo a cualquier individuo sospechoso de haber sido cómplice de su ofensa, y estamos comprometidos a buscar justicia".

Clayman reconoció que "los acontecimientos pasados pueden haber impactado la confianza del público en nuestro enfoque".

Pero dijo que la fuerza estaba "determinada a reconstruir esa confianza abordando estas acusaciones con integridad y minuciosidad".

A principios de este mes, el Met se refirió al organismo de control de la policía del Reino Unido después de las denuncias de dos mujeres sobre su manejo de las investigaciones sobre el presunto abuso sexual de Al-Fayed.

También han surgido acusaciones en las últimas semanas contra su difunto hermano Salah Fayed, quien murió en 2010, durante el período en que fue propietario de Harrods.

Mientras tanto, The New York Times publicó este mes las afirmaciones de una víctima acusando a otro hermano, Ali, de 80 años, de saber sobre el "tráfico" de mujeres.

Harrods admite conversaciones con más de 250 mujeres sobre acusaciones de conducta sexual inapropiada de Al-Fayed


Los nuevos propietarios de Harrods en Londres están involucrados en conversaciones con más de 250 mujeres para resolver sus reclamos de conducta sexual inapropiada contra el ex jefe de los grandes almacenes de lujo Mohamed Al-Fayed. La atención que ha atraído el caso ha llevado a la policía a reexaminar las denuncias anteriores contra el magnate.

La tienda departamental de lujo de Londres Harrods dijo el martes que estaba en conversaciones con más de 250 mujeres para resolver las reclamaciones de conducta sexual inapropiada por parte del ex propietario Mohamed Al-Fayed.

La revelación se produjo cuando la hija del ex futbolista inglés Paul Gascoigne dijo que fue agredida por el fallecido multimillonario egipcio cuando trabajaba en la tienda cuando era adolescente, pero fue amenazada por hablar.

Fayed ha sido acusado de violar y acosar sexualmente a decenas de mujeres, ganando comparaciones con delincuentes sexuales de alto perfil como el productor de Hollywood Harvey Weinstein y el financiero estadounidense Jeffrey Epstein.

La gran cantidad de acusaciones salió a la luz en un documental de la BBC emitido el mes pasado.

Harrods, que está bajo nueva propiedad, dijo en un comunicado: "Desde 2023, Harrods resolvió una serie de reclamos con mujeres que alegaron conducta sexual sexual histórica por parte de Fayed.

"Desde la emisión del documental, hasta ahora hay más de 250 personas que ahora están en el proceso de Harrods para resolver las reclamaciones directamente con el negocio".

Fayed, quien murió el año pasado a los 94 años, fue uno de los empresarios más conocidos de Gran Bretaña. Su hijo Dodi murió en un accidente automovilístico en París en 1997 junto a la princesa Diana, la ex esposa del rey Carlos III.

Las afirmaciones desde que también era un depredador sexual en serie han llevado a la policía a reexaminar sus expedientes de denuncias formales contra el magnate, y han llevado a un número creciente de mujeres a iniciar acciones legales formales.

El fin de semana pasado, el ex capitán del equipo de fútbol Fulham Ladies, donde Fayed fue presidente entre 1997 y 2013, dijo que la agredió en su oficina de Harrods.

El martes, Bianca Gascoigne le dijo a Sky News que se unió a Harrods cuando era adolescente y Fayed inicialmente se retrató a sí mismo como una figura amable, mientras su padre luchaba contra la adicción en el ojo público.

"Literalmente me sentí bastante segura en su presencia de las primeras puertas", dijo a la emisora.

Pero dijo que se quedó "engorrada" y "conmocionada" cuando Fayed apareció sin previo aviso en un apartamento de Harrods donde se alojaba, y la agredió sexualmente.

Gascoigne, de 37 años, dijo que no habló en ese momento porque Fayed le dijo que perdería su trabajo si lo hacía. "Simplemente me asusté mucho", agregó.

La investigación de Londres "continúa"


En el Ritz, recuerda que el personal le advirtió que había "micrófonos y cámaras en cada esquina". Y en una villa en Saint Tropez, dijo que una ama de llaves le sugirió que bloqueara la puerta de su habitación por la noche.

El Ritz Paris dijo a la AFP en un comunicado que estaba "profundamente entristecido por los testimonios y las acusaciones de abuso" y que está "listo para cooperar plenamente con las autoridades judiciales. Nuestros equipos no toleran ninguna forma de comportamiento inapropiado, lo que sería una violación grave de nuestro código de conducta.

"Queremos expresar nuestro más profundo respeto a las mujeres que hablaron", agregó.

Harrods dijo que "continúa apoyando la valentía de todas las mujeres en la presentación. Sus afirmaciones apuntan a la amplitud del abuso por parte de Mohamed Fayed y nuevamente plantean graves acusaciones contra su hermano, Salah Fayed. La imagen que ha surgido sugiere que este patrón de comportamiento abusivo tuvo lugar dondequiera que operaran".

Dijeron que más de 180 sobrevivientes ya habían recibido apoyo de asesoramiento a través de su defensor independiente. La tienda también instó a los sobrevivientes a reclamar una indemnización a través del Esquema de reparación de Harrods.

La policía metropolitana de Londres dijo que su "investigación sobre aquellos que podrían haber facilitado o permitido el delito de Mohamed Al-Fayed continúa" e instó a las víctimas a presentarse.

"La forma en que funciona el Met se ha movido de manera inconmensurable, y nuestros equipos han transformado la forma en que investigamos la violación y los delitos sexuales".

Los abogados de las dos mujeres dicen que su testimonio ayuda a esbozar los esquemas de un "poderoso sistema" de tráfico que se asemeja al establecido durante el mismo período por Epstein.

"Al igual que con Epstein, con los Al-Fayeds hay un consumo frenético de mujeres jóvenes y un sistema organizado para adquirirlas", dijo la abogada Eva Joly, ex jueza y miembro del Parlamento Europeo.

"El patrón es el mismo: seleccionar mujeres jóvenes vulnerables, transporte, alojamiento, aislamiento y dinero, que se utiliza para intimidar o corromper", dijo.

Y al igual que con el caso de Epstein, si bien el estatuto de limitaciones puede haber expirado, una investigación sobre Al-Fayeds aún puede establecer los hechos e identificar a cualquier víctima cuyos casos aún podrían ser procesados.

"Solo estamos al principio de reconstruir el rompecabezas en Francia", insistió Joly.

Fiscales franceses investigan al fallecido propietario de Harrods, Al-Fayed, hermano por presunto tráfico sexual


La investigación, abierta por magistrados franceses a principios de este año, apunta a las prácticas descritas por los investigadores como que tienen similitudes con los métodos vistos en el caso del difunto delincuente sexual convicto de Estados Unidos Jeffrey Epstein, según fuentes judiciales.

Las autoridades francesas comenzaron a investigar al fallecido empresario egipcio y a su hermano Salah el año pasado en medio de acusaciones de un vasto sistema de tráfico sexual y abuso en suelo francés.

"Cada vez que conocí a Mohamed Al-Fayed, trató de agredirme", dijo su ex asistente personal Kristina Svensson a la policía francesa de sus dos años trabajando en el Ritz.

Su testimonio es muy familiar.

Los presuntos crímenes de Mohamed Al-Fayed, que murió en 2023 a los 94 años, salieron a la luz por primera vez en una investigación de la BBC en septiembre de 2024. En él, varias mujeres jóvenes que trabajaban en su tienda departamental de lujo de Londres Harrods lo acusaron de violación y agresión sexual.

La policía británica dijo que 154 víctimas se han presentado hasta ahora para decir que el ex propietario del club de la Premier League Fulham abusó de ellas.

Su hermano Salah, quien murió en 2010, también está acusado.

Pero frustradas por la investigación de la Policía Metropolitana de Londres sobre los presuntos crímenes, que abarcan más de 35 años, algunas víctimas han recurrido a Francia con la esperanza de encontrar justicia.

"En Inglaterra ignoran el tráfico... Solo quieren que sea sobre Al-Fayed y Harrods", dijo Rachael Louw, una ex empleada de Al-Fayed, hablando por primera vez sobre su terrible experiencia.

La investigación francesa, sin embargo, es manejada por "una unidad especializada en la trata de personas", dijo.

Es "un alivio que nuestros casos estén siendo realmente reconocidos como trata".

Consumido "como la carne"


Louw tenía 23 años cuando sus jefes la enviaron al yate de Salah Fayed en la Riviera francesa. Ahora, después de 31 años, pudo testificar sobre lo que sucedió allí a los investigadores franceses el 10 de febrero.

Louw dijo que fue "vista" por primera vez por Mohamed Al-Fayed en 1993 mientras trabajaba como asistente de ventas en Harrods. Poco después, fue colocada en un plan de capacitación de gestión, que le exigía someterse a un examen médico por un médico de Harley Street antes de ser empleada por la oficina del presidente en el verano de 1994.

La cita médica fue mucho más allá de un chequeo estándar, con un examen pélvico y un "examen de mama completo", pruebas de frotis y VIH.

Y los resultados no se mantuvieron confidenciales.

El informe, visto por la AFP, fue entregado a Harrods y describió la vida personal de Louw: la separación de sus padres cuando era joven, su padre que vive en los Estados Unidos y la muerte de su madre y su abuela.

El médico también señaló que tomó una píldora anticonceptiva, tenía un novio y estaba en "excelente" salud.

El médico "envió información confidencial para armar al violador", dijo la abogada francesa Eva Joly, quien representa a Louw y otro ex asistente de Al-Fayed.

"Estas jóvenes eran como la carne, y querían saber si estaban en condiciones de consumir", dijo Caroline Joly, otra miembro del equipo legal.

Se organizaron varios encuentros entre Louw y Salah Fayed en su casa en el deslumbrante Park Lane de Londres, donde Louw dijo que estaba drogada con "una mezcla de crack-cocaína".

A Louw se le ofreció un trabajo como asistente de Salah en Francia y fue enviada allí por un jet privado.

Ella dijo que se negó a otras drogas, "y porque él ya no empujó, pensé que estaba bien".

"No tenía ninguna razón para no confiar en este hombre... este fue mi primer trabajo de la universidad".

"No me sentía seguro"


El personal confiscó su pasaporte mientras volaba desde el aeropuerto Luton de Londres a su yate. Y una vez que llegó, "nada" se parecía al trabajo para el que se inscribió.

"Pensé que se suponía que debía estar presentando papeleo, haciendo arreglos, organizando el trabajo de oficina", dijo.

En cambio, "no había oficina, no había horas de trabajo normales, no había tiempo libre. Se esperaba que estuviera con él", dijo.

Louw recordó haber aparecido junto a Salah Fayed en las cenas a las que asistieron ancianos, hombres ricos con "niñas jóvenes y mucho contacto".

Cuando se las arregló para llamar a su novio, que trabajaba en Harrods, fue despedido.

Una noche, Louw se despertó y encontró a Salah en su cama, alegando que estaba solo, dijo.

"Me quedé con la ramrod y el resto de la noche estaba despierto allí perfilado", dijo, temiendo que cualquier movimiento fuera una invitación para que la tocara.

"No sabía lo que me haría... No me sentía segura".

Vio a otras mujeres jóvenes en la órbita de los Fayed.

En un viaje a Saint Tropez se encontró con una "niña joven" pelirroja, posiblemente más joven que ella, tomando el sol en el yate de Mohamed Al-Fayed que estaba amarrado justo al lado de su villa.

"Mohamed comienza a frotar loción en toda esta chica, ella lleva un traje de baño y luego comenzó a besarla", dijo Louw

"No recuerdo nada más" de ese día, dijo, "así que no sé si había drogas, no puedo decir con seguridad si me drogaron esa tarde", agregó.

Lo que la sacudió para escapar fue la perspectiva de estar atrapada sola con Salah después de que compró una lancha rápida con solo un dormitorio, diciéndole "que me llevaría a navegar por la costa italiana".

"Sabía que si iba a ese barco no pasaría nada bueno", dijo.

En pánico, reservó el primer vuelo de Air France y trabajó el coraje para pedir su pasaporte de vuelta, que recibió, aunque estaba claro que Salah "estaba muy enojado".

De nuevo en casa, "había bloqueado" los detalles de lo que sucedió, dijo. "No quería recordar".

Durante décadas temió estar obligada por un acuerdo de confidencialidad que había firmado en su entrevista, pero al ver a otras víctimas hablar en contra de Al-Fayed en 2024, reconsideró.

"¿Cómo puedo estar en silencio? Tiene que haber un costo para lo que hicieron los perpetradores. Porque si quedan impunes, envalentona al siguiente hombre.

"Si nosotras las mujeres no hablamos, nos volvemos cómplices de nuestra propia opresión... los hombres poderosos nunca cambiarán un sistema que los beneficie".

«Sistema organizado»


A pesar de la muerte de los hermanos, las mujeres esperan que los investigadores puedan seguir a la red de trata de personas que permitieron la trata.

"No hay tal cosa como una pequeña pieza de información. Cada elemento es útil para la investigación", dijo el asistente de Al-Fayed, Svensson, pidiendo a las víctimas y testigos que hablen con la policía.

La mujer sueca llegó a Francia en 1993 y fue colocada por una agencia temporal en el Ritz en 1998, entonces propiedad de Mohamed Al-Fayed, como su asistente.

Svensson, de 30 años en ese momento, iba a ayudarlo a manejar sus asuntos después de la muerte de su hijo Dodi con la princesa Diana en un accidente automovilístico en París, percibido como una tarea prestigiosa.

Durante su entrevista con la gerencia de Ritz, las preguntas planteadas estaban "enfocadas" en su apariencia y sus antecedentes personales, dijo, incluso señalando que ella era la "imagen escupida" de la esposa de Al-Fayed.

El Ritz luego la envió a Harrods en Londres para una entrevista con el propio Al-Fayed, y organizó alojamiento para ella en una residencia de lujo que poseía.

"Yo había traído mi CV. No estaba interesado en eso. Él solo me hizo preguntas personales".

Lo que siguió fue un patrón regular de reuniones con Al-Fayed. Svensson dijo que la dejaron en una habitación sola durante horas sin instrucción, hasta que finalmente llegó y ella soportaría una agresión sexual e intento de violación durante la cual "se reiría".

"Esperaba que con el tiempo viera que no estaba interesado en él y que me tomara en serio", dijo Svensson a la policía.

"Yo era un extranjero, sin familia o red en el país, sin conocimiento de la ley laboral francesa, y nadie en quien apoyarse financieramente si renuncié".

En retrospectiva, Svensson se compara con un "producto de lujo" muy vigilado que Al-Fayed quería poseer: "una muñeca en un estante".

Al-Fayed nació como Mohamed Fayed en Alejandría, pero más tarde cambió su apellido por el grande Al-Fayed, mientras que su hermano mantuvo el apellido original.

Ex modelo acusa a un captador francés de prepararla para Epstein


La ex modelo francesa Juliette G. dice que le tomó años dar sentido a cómo terminó en un dormitorio de Nueva York con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein.

El hombre de 43 años es uno de los dos ex-modelos que han acusado a Daniel Siad, un explorador de modelos francés con estrechos vínculos con el fallecido financiero estadounidense, de haberlos preparado con el objetivo de presentarlos a posibles abusadores.

Sus historias se producen como parte de un ajuste más amplio de la violación y la agresión sexual a raíz del movimiento global MeToo en los últimos años que ha visto una serie de acusaciones en Francia y más allá.

"Identifiqué bastantes etapas que me llevaron allí", dijo Juliette a la AFP.

"Estos hombres, a través de la manipulación, realizan pruebas para ver hasta dónde cederá una mujer joven".


Para Juliette, que ha pedido ocultar su apellido para proteger su privacidad, todo comenzó en 2004, cuando tenía 21 años.

Siad, que niega las acusaciones contra él, se acercó a ella en una avenida de París. Ella llama a esto la etapa de "targeting".

Le preguntó si era modelo y si estaría interesada en "oportunidades profesionales" en Estados Unidos.

"Creo que estaba tratando de evaluar si aceptaría sin hacer demasiadas preguntas. Lo que hice, dejé que las cosas se mantuvieran vagas para no parecerme tan difícil", dijo.

Pronto se le envió un billete de avión a Nueva York y una dirección en la ciudad. No tenía otra información, pero se sintió tranquilizada cuando su agencia de modelos dijo que conocían a Siad.

En Nueva York, se dirigió a una dirección en Madison Avenue, donde conoció brevemente a Epstein, cuyo nombre Siad no había mencionado hasta entonces.

Captador francés de modelos vinculado al delincuente sexual estadounidense Epstein encontrado muerto fuera de París


Daniel Siad, un explorador francés de modelos con vínculos con el delincuente sexual Jeffrey Epstein, fue encontrado muerto en su casa en las afueras de París, dijeron los fiscales el miércoles por la mañana.


El explorador modelo Daniel Siad, mencionado en los documentos desclasificados relacionados con el caso de Epstein.


Un explorador francés con estrechos vínculos con el fallecido financiero estadounidense Jeffrey Epstein fue encontrado muerto en su casa en las afueras de París, dijeron fiscales el miércoles.

Bajo investigación en Francia, Daniel Siad, de 69 años, fue uno de varios hombres franceses acusados de ayudar a Epstein a traficar y abusar de mujeres.

Siad aún no había sido interrogado por los investigadores, pero había negado las acusaciones, diciendo que quería ser escuchado y dar su versión de los hechos.

"Se abrió una investigación para determinar la causa de la muerte el lunes por la noche después del descubrimiento", dijo la fiscalía de Nanterre.

Se realizará una autopsia como parte de la sonda.

A la luz de varias denuncias, incluidas denuncias de violación, Siad fue objeto de una investigación realizada por la oficina especializada en la lucha contra la trata de personas.


El nombre de Siad apareció en más de 1.000 documentos publicados como parte de los archivos desclasificados de Epstein.

Comparó sus esfuerzos para reclutar mujeres con la pesca.

"En este ajetreo me siento como un pescador en algún momento en el que ahogo rápido, algo de tiempo sin peces", escribió Siad a Epstein en 2014.

Siad había insistido en que el delincuente sexual convicto estadounidense había "aprovechado su confianza".

Las autoridades francesas arrestaron en 2020 al agente de modelos Jean-Luc Brunel después de las acusaciones de que obtuvo mujeres para el multimillonario estadounidense. Fue encontrado muerto en prisión en 2022.

Epstein murió en prisión en 2019 mientras esperaba juicio por tráfico sexual.

'En su deuda'


Epstein le pidió su pasaporte.

Esta, explicó, fue la segunda etapa de su aseo: "toma de rehenes". Sin su pasaporte, no podía salir.

Epstein luego anunció que no tenía tiempo para verla ese día, pero le dio $120 y dijo que podía usar su limusina para ir de compras.

Este, dijo, era el tercer paso. Ahora, a pesar de nunca haber pedido dinero, ella estaba "en su deuda".

"Me avergoncé durante mucho tiempo. Años más tarde, incluso pensé en pagarle", agregó.

Al día siguiente, regresó al edificio de Madison Avenue, con la esperanza de una entrevista profesional.

En cambio, la mostró por las instalaciones, caminando por un gimnasio decorado con "fotos que se acercan a las partes íntimas del cuerpo de las mujeres".

"¿Fue una prueba sutil de tolerancia?" dijo ella. "¿Para ver si me iría o aceptaría estar en un ambiente tan sorprendente?"

Luego la llevó a un dormitorio.

"Mi alarma interna sonó", dijo.

"Sentí la necesidad de decir: 'Te lo advierto, no voy a hacer nada'".

Ella confesó que le dijo que no se preocupara, pero que necesitaba ver su cuerpo, incluidos sus senos, para poder recomendarla a las agencias de modelaje.

"Dudé, pero acababa de pasar siete horas en un avión y habían pagado mi boleto ... Lo hice", dijo.

'Volver a ponerse en forma'


Epstein la manoseó, dijo, y luego declaró que su cuerpo no estaba a la altura y que necesitaría tres meses para "volver a ponerse en forma".

Dijo que si necesitaba dinero, podría prepararla para trabajar como una "escolta" de fiesta.

Juliette fingió reflexionar sobre la oferta, pero le exigió que le devolviera su pasaporte. Ella dijo que rebuscó en una pila de "unos veinte pasaportes" y se lo devolvió.

Juliette se escapó.

Epstein murió bajo custodia en 2019 mientras esperaba el juicio por cargos de tráfico sexual que involucraban a menores.

Pero Juliette dijo que estaba hablando para ayudar a los investigadores que buscan a los cómplices del delincuente condenado.

Siad, que está bajo investigación en Francia, es solo uno de varios hombres franceses que han sido acusados de ayudar a Epstein a traficar y abusar de mujeres.

Las autoridades francesas arrestaron a finales de 2020 al agente de modelos Jean-Luc Brunel después de las acusaciones de que obtuvo mujeres para el multimillonario estadounidense. Fue encontrado muerto en prisión en 2022.

Y 15 mujeres en marzo instaron a Francia a investigar a Gerald Marie, el ex jefe europeo de Elite, una agencia de modelos conocida por administrar a las supermodelos Naomi Campbell, Claudia Schiffer y Cindy Crawford.

Entre ellos, la ex modelo sueca Ebba Karlsson ha acusado a Siad de prepararla para Marie.

'Podrías ir tan lejos'


Karlsson, ahora de 56 años, dijo que Siad se le acercó en Suecia en 1990. Tenía 20 años.

"Él era muy talentoso", dijo, describiendo cómo empujaría a una persona a ver cuán vulnerables eran.

"Él se unía a sus deseos, sus anhelos, y se retrataba a sí mismo como una especie de salvador", dijo, prometiendo que podría convertirlos en "un modelo muy famoso".

"Y estaban enganchados", dijo.

Karlsson dijo que siguió a Siad a Mónaco y luego a Francia, pero los trabajos de modelaje que había prometido nunca se materializaron. Sin dinero, ella "se volvió cada vez más dependiente de él".

Karlsson dijo que una noche, en una casa de la piscina cerca de Cannes, Siad la violó.

En los días siguientes, dijo, anunció que le había encontrado un trabajo con Elite.

Siad, a través de su abogado Menya Arab-Tigrine, rechazó las acusaciones. Ella dijo que esperaba que su cliente no estuviera siendo obligado a "soportar la responsabilidad, porque él todavía está vivo, por las acciones de otros hombres que han muerto".

Karlsson se reunió con Marie en su oficina para discutir trabajar para Elite.

"¿Por qué está cerrando las persianas?" Dijo que pensaba.

Él la halagó.

"Eres tan hermosa", dijo, le dijo. "Podrías llegar tan lejos", dijo, y agregó, presentando la idea de su protagonización en una película.

Entonces de repente "me puso los dedos en mí", dijo.

"Era para quitar mi poder", agregó.

Karlsson dijo que más tarde asistió a una audición en su casa, donde fue una de las "unas diez chicas", la mayoría que parecía más joven y hablaba poco inglés o francés, para que le dijeran que desfilara sin bragas.

Ella fingió aceptar el trabajo, pero voló de regreso a Suecia y nunca regresó.

La abogada de Marie, Celine Bekerman, denunció lo que llamó "ataques infundados" contra su cliente.

Dijo que una investigación de violación contra Marie se había retirado en 2023. Ella acusó a Karlsson y otros demandantes de elegir ignorar esto y establecer "vínculos de gran alcance entre Gerald Marie y los casos con los que no tiene nada que ver".

Karlsson dijo que estaba hablando sobre el aseo y el abuso para "podemos detener ese comportamiento y enseñar a los jóvenes" cómo evitarlo.
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